Las Palabras

Las palabras
a veces
muchas veces
me acorralan
y camino entre ellas
como en un campo minado

Trato de salvarme.

Pero a veces
muchas veces
es inútil
estallo con ellas,
la pirotecnia es maldita
me convierte en su vacío
de luces y colores
sin espejo

sirenas astutas cantan con mi voz
un canto
hueco.

Pero otras veces
pocas, muy pocas
ellas se van, parten

y encuentro el silencio
justo, medido
la pausa del sinfín
en la rueca de los días.

Y entonces, sólo entonces
las palabras caen a tierra
se desploman
dejan de estallar
no dan forma
no deforman

sólo entonces se dejan
y me dejan

ser

Zuripanto

El Verdadero Divorcio de Edward

Cuando le conocí me percaté, casi de inmediato, que las letras eran parte de su expresión personal innata. Me tocó, en aquellos tiempos, ver como se envolvía en ellas y se dejaba caer en el abismo infinito de la expresión, acentuando ese extraño enigma de la única e irrepetible individualidad del ser.

Formaba parte de un grupo literario y se daba el gusto de ser él mismo y dejarse seducir por las musas, que siempre le han cortejado.

Ya, en alguna ocasión, le hice saber mi personal percepción sobre su talento de escritor, en una etapa en la que, a mi parecer, estaba dejando de lado ese don, por darse la oportunidad de regodearse y experimentar otras facetas de las artes.

De él no me podría extrañar nada. Nada. Ni aún imaginando que pudiera intentar sorprendernos algún dia con la idea más descabellada sobre su vida sexual, o idea política, o alguna extraña expedición chamánica personal. Su esencia es así: espiritual, sutíl, inquieta, guerrera, tolerante, abierta, sincera. Suelo decir que es un alma muy grande, disfrazada con el cuerpo de un vikingo moderno. El término tan en boga de metrosexual se resquebraja absolutamente frente a él —quedando como un insulso adjetivo de orden cosmético—, al lado de la sensibilidad que le caracteriza y detrás de esa apariencia exótica de macho libanés importado.

Con él no se pueden sacar conclusiones; se aprende que hablar y tratar de definir a una persona de esas características en su ausencia es un ejercicio banal e inútil. El cambio y la evolución son características que no le abandonan. Es el mismo siempre, y no lo es. Aquello de la espiral ascendente podría ser una buena gráfica para tratar de dilucidar lo que sucede: verlo desde abajo es ver la espiral en una sola dimensión; verlo a la distancia es ver que es tridimensional y ascendente.

Pedirle hablar de algo implica traer tanque y visor; el snorckel no es suficiente. Invariablemente, se irá a las profundidades, porque solo allí encuentra algo que pueda explicar la superficie y le deje conforme.

Lo último que supe de él —por boca de otra persona—, fué muy chistoso. "Ayer pasé por un bar y lo ví besándose con dos viejas al mismo tiempo... es un descarado el cabrón". Es cierto, es descarado: se ha quitado las máscaras del actor, desde hace tiempo, para ser él mismo (como Alberto describe en "El Actor", aquí abajo). Podrá sentirse frío al andar con esa desnudez por la vida, pero definitivamente es mas cómodo para él.

Lo único que no logro comprender, a estas alturas, es por qué le sigue siendo infiel a Erato. Son muchos años de despreciarla. Siempre he creido que hay algo entre los dos, pero quizá he estado equivocado todos estos años. Su indiferencia hacia la musa me hace reconsiderar mis cavilaciones inútiles: si hubiera algo, no podría continuar un dia más con esta infidelidad, nada podría contenerlo de darse una escapadita para verse con ella a escondidas todos los días, en algún lugar secreto, donde ambos se diesen el placer de intercambiar, desenfrenadamente, sus afectos.

Tio Joe

Ancla Han Hai

En algún lugar, sobre la costa del Mar de Cortés, hay alguien que ve con especial escrutinio su entorno. No importa si es una idea o una imagen. Su lente, igual que su pensamiento, ven más allá de lo evidente.

Ancla Han Hai © 2002 Alberto Tirado

Muelle 66

Un golpe de viento fresco
frente al mar.

Sin sentirlos,
y aún así saber que están.

Sin pensarlos,
para poder pensar.


JC Pelayo

(Gracias Negro, por saltar al agua primero)



Un segundo embarque...

¿Por qué laceras
mi vientre para salir?
¿Por qué no brotas de mí
como júbilo o lamento?
Amárrate a mis costillas,
imposta mi imagen
con un mínimo de respeto.
Deja de penetrar
con ánimo de partirme en dos,
y aprópiate de mí
para hacer uno
tu silueta y mi silencio.
Soy tierra
para hacerte más completo,
para que te veneres en mi espejo
mudando de piel
cuando llegue el momento.
Para que disfrutes tranquilo
el instante de tu muerte,
y empieces a beber conmigo
el vino de los tiempos.


JC Pelayo



Nos vemos en el calderón

En la música siempre es grato descubrir algo que para uno resulta una novedad, aunque luego de la euforia te des cuenta que al Titanic ya lo encontraron hace años. Meshell Ndegeocello tiene rato circulando, pero me importa poco ser el último en enterarme. Para mí es como si hubiera salido ayer. Su album "Comfort Woman" son de esas sorpresas que siempre vienen bien. La desfachatosa "Come Smoke my Herb", es una rola definitivamente recomendable para estimular los sentidos sin la necesidad de ser un fumador. La melodía, la voz y el sutil bajo, que da la cadencia a la pieza, se encargarán de generar el efecto necesario, sin recurrir a ayudas externas. Definitivamente se pasa el antidoping después de haberla escuchado.

De su disco "Bitter" está el track "Beautiful". Nostalgia, melancolía, para soltar el cuerpo y dejarse arropar por el sentimiento musical de esta mujer (para sentarse en el muelle, leer un poco y ver el atardecer).

Meshell Ndegeocello

Tio Joe