Sarail

Su voz tenía un timbre ligeramente ronco, muy agradable de escuchar, mismo que le confería autoridad a sus ideas, las cuales eran expresadas con inteligencia y en un lenguaje preciso e impecable, que revelaba su nivel de conocimiento. Su mirada, limpia, traslúcida, penetrante, dejaba ver la inteligencia detrás de las palabras, a través de unos ojos azules que armonizaban perfectamente con su cabello blanco. Una mujer muy inteligente y hermosa, aún después de los 70 años.

Hablar con ella era una experiencia reconfortante. Mujer de gran sabiduría y entereza, sabía decir con tino lo que pensaba, sin intimidar. Uno se sentía bien por la lógica de sus razonamientos y la perspectiva siempre tolerante de su pensamiento. Pedirle opinión sobre algún tema personal implicaba concientizarse de los propios actos, a la vez que, al escucharla, se aligeraba la carga de cualquier posible sentimiento de culpa, pues, había el entendimiento claro de que la conciencia del día de hoy poco podría hacer por cambiar lo que ayer habíamos hecho en ignorancia; sin embargo, resultaba muy útil para encarar el presente.

No se podía hablar con ella sin aprender algo nuevo o llevarse una reflexión profunda sobre las cosas más sutiles de la vida. De una forma imperceptible, llevaba la conversación a los rincones de lo inesperado y colocaba las cosas ante una perspectiva nunca antes vista. Siempre que llegué a charlar con ella, desconcertado por algún evento, terminaba con una paz poco frecuente. Su conversación podía centrarse en temas complejos o en la sencillez de lo cotidiano, sin dejar de lado su calidez; como la ocasión en la que hablábamos del baile, el cual consideraba que nuestras generaciones habían llevado a un terreno más egoísta, pues, ahora bailamos uno frente a otro y no juntos. En su lugar, ella veía que el baile que se acostumbraba en su juventud era cadencioso, elegante y complementario; como los átomos que danzan en armonía, entrelazándose, equilibrados por sus polaridades. Era alguien que celebraba la diferencia de género, dignificando con su ser a la mujer (Lamento, sinceramente, no haber grabado nuestras conversaciones para expresar con justicia y precisión sus ideas. La idea nunca le convenció del todo).

Durante un tiempo hubo un halo de misterio rodeando mi percepción de ella, pues, los que le conocían de muchos años atrás afirmaban discretamente que ella era una persona privilegiada con el don de la contactación. Recibía "mensajes", al parecer en sueños, caracterizados éstos siempre por su brevedad, concisión y un carácter impersonal, que parecían estar dirigidos a cualquiera, independientemente de su cultura o credo. Este aspecto de su persona, que me parecía intrigante, era algo que ella manejaba con elegancia; fiel a su filosofía, rehuía al fenomenalismo y la especulación morbosa que deriva, por lo general, de este tipo de información. "¿Me podrías platicar algo de esto?" llegué a sugerirle con el mayor tacto posible, a lo que ella contestó discretamente que habría de recopilar sus escritos. Con el tiempo logré dominar mi curiosidad y aceptar que habría de saber lo que ella quisiese compartir, sin responder a la necesidad de saciar la curiosidad de nadie. En su vida y sus acciones estaba el mensaje.

La travesía por la ciudad, para ir a verla, después de que su esposo falleció en el año 2000, era de 45 minutos en automóvil, aproximadamente. Si el tráfico era pesado, el trayecto podía tomar más tiempo. Se mudó a una zona en las orillas de la ciudad, donde uno de sus tres hijos la acogió bajo su techo. Nos manteníamos en contacto frecuente vía telefónica, aunque nuestro nivel de comunicación se vería afectado por un malentendido con terceras partes. En algún lugar, después de esto, me perdí; perdí la relación del tiempo. La gran ciudad tiene esta característica: nos aliena.

Creo que fue en Noviembre del 2004 cuando traté de zanjar los asuntos del ego y hablé a un celular con la intención de contactarla a ella, pues, al teléfono en casa no respondía nadie. El dueño del aparato contestó y le pregunté si estaba ocupado; respondió afirmativamente y de forma cortante. Bien, te hablo después, respondí... cosa que nunca hice.

El pasado Lunes hice una llamada para saludar a un amigo mutuo, a quien ella valoraba de forma especial. Nos pusimos al tanto de nuestras historias y, en un momento dado de la conversación, le pregunté por ella... "Jorge, Sarail murió el año pasado, en Octubre, o ¿fue Julio o Agosto?, No recuerdo la fecha exacta. Déjame verificar en mi agenda".

Si no le hablaba yo, ella lo hacía periódicamente. Debí haber supuesto que este silencio prolongado llevaba un mensaje implícito, pero no fue así. Por extraño que pudiera parecer, la noticia no me sorprendió tanto como me hubiera imaginado. No sentí ausencia. Siendo un gato de azotea como el que soy, mi primer impulso fue subir, buscar el cielo, el espacio libre donde poder dialogar con ella. Decirle que me acababa de enterar de su partida; comentarle que debía de estar feliz de haber alcanzado a su alma gemela; darle las gracias por su amistad y sus palabras siempre sabias; preguntarle si estar allá, donde ella suponía, era lo que esperaba; saber si al volver con su "media naranja" pensaban seguir trabajando juntos, como lo hicieron acá, en casa, de forma tan ejemplar.

•••

Pasa la semana... y no he ido a la contestadora. Lo haré en unos momentos más. En ella tengo grabada su voz. Es el primer mensaje de la colección de voces de mis amigos, que tengo almacenada. Fue de forma un tanto inconsciente que las fui guardando, pues, no tenía el corazón para borrar esas voces que generan una sonrisa, invariablemente.

Viene, ahora, la parte difícil, la parte donde me toca a mí ser congruente y tratar de poner en práctica las propias creencias. "No alimentes el conflicto"... puedo escucharla. Y tienes razón. No hay por qué dar marcha atrás a la idea de limpiar los mensajes. Siempre tendré la posibilidad de hablar con los que siguen en esta aventura; que tu y yo, Sarail, ya tendremos oportunidad, cuando el momento llegue, de saber qué tan precisas son las hipótesis que lanzamos los que creemos en un mundo más sutil, donde habitan las almas.

Hasta luego amiga. Hay marcas que quedan para toda la vida. Extrañaré las charlas. Me dejas, como siempre, con una ligera sonrisa de complicidad... y alegría.

TIO JOE


Casandra

Guadalajara, Jalisco. Domingo 18 de Julio, 2004.

Guardar periódicos era un hábito que se estaba volviendo costumbre, hasta que mi esposa marcó un límite a mi naciente obsesión. Me gustaba, de vez en cuando, repasar las páginas de esos periódicos viejos que estaban apilados de forma un tanto desordenada en un rincón del departamento. No dejaba de maravillarme que las noticias de primera plana que tenían cierto valor histórico político (porque no todo lo que sale en primera plana es de valor), siempre se iban armando de pequeñas notas publicadas con antelación en las páginas interiores de los mismos diarios, como pequeñas piezas dispersas de un rompecabezas que, al unirse, forman un gran encabezado.

Mi colección de notas relacionadas con Colosio las presté a un gran amigo y jamás volvieron a mis manos. Se las facilité porque él me decía que iba a escribir algo al respecto, y yo accedí confiado. En nuestra charla yo hacía mención de cómo en esas pequeñas notas, aparecidas meses antes, se comenzaba a colorear lo que habría de ser una historia de primera plana en Marzo de aquel año. Los rumores de diferencias y una posible renuncia del candidato aparecían en notas sin relevancia, arrinconadas en páginas interiores.

Conociendo a mi amigo de la forma que lo conozco, puedo afirmar sin miedo a equivocarme, que para estas fechas, esos periódicos deben de estar ya reciclados. El ya no vive aquí ahora; lo hace en una región que él mismo describe como inagotablemente bella: la tierra de la verdadera cruz.

De mi pila de periódicos queda poco y es material más reciente. Aceptando que aquel montón de papel era un poco impráctico como material de referencia, terminé por volverme más selectivo. Fue un momento donde los desapegos se pusieron a prueba. Me quedó la sensación, sin embargo, de que quien puede accesar a publicaciones de años pasados, tiene la oportunidad de entrar en una especie de máquina del tiempo de dos dimensiones.

En un artículo publicado en Enero del 2001 en una revista de nuestro país (son más fáciles de guardar), el periodista Pete Hamill comenzó su reflexión así: "La presidencia de George W. Bush debería provocarle a las personas inteligentes miedo y estremecimiento. Una cosa es tener presidentes manchados de ilegitimidad en el siglo XIX, otra es tener a un presidente ilegítimo en total posesión de la maquinaria militar más poderosa en la historia del mundo" (Letras Libres, Enero 2001, pag. 105). El artículo vale la pena releerlo completo en estos días. En aquel mismo mes, mientras Bush visitaba a Fox, se dio la primera escaramuza entre EU e Iraq.

Viendo hacia atrás, reflexionando sobre estas publicaciones (estas máquinas del tiempo de papel), me pregunto cómo es que dejamos frecuentemente el sentido común de lado y prestamos nuestra atención tan fácilmente a lo banal y a lo morboso. ¿Es el señor Hamill un vidente? No. Simplemente, su sentido común estaba despierto.

En la mitología griega, la hija de Príamo, la “vidente de tristes augurios” fue castigada por Apolo con la indiferencia de todos hacia sus vaticinios. Nada de lo que advertía servía de algo. El castigo se dice que era para ella, pero creo que era para todos: para ella y para los que desatendían sus presagios.

Como la princesa troyana, muchos mexicanos piden reflexión sobre los temas de importancia, pero nadie parece prestar atención a lo que es de verdadero valor común. Todo mundo sabe que Fox usa botas y que el protocolo no le preocupa; opinar sobre las actividades de su esposa es un deporte nacional, pero pocos hablan de lo que realmente es importante para la nación.

No debo de sucumbir a la tentación de juntar periódicos de nuevo, aunque me invade la curiosidad por ver cómo se tejen los hilos de esta parte de la historia mexicana. En algún lugar de las páginas interiores de los diarios de hoy están las claves para saber si es que nuestro futuro asemejará a lo sucedido en Argentina recientemente. Los políticos sin sentido común no entienden los presagios del desencanto.

TIO JOE

La nueva televisión

Como amenazamos, aquí está un muelleo más sobre la tele y lo que parece venir, a riesgo de una vez más soñar barato…

Interactividad, Información, Digitalización, parecen ser los tres conceptos claves para comprender los nuevos horizontes de la televisión. Ese es el futuro, que, aunque parezca contradictorio, ya está aquí.

Tal parece que más que a una revolución, estamos asistiendo a la culminación de una evolución, o más bien de un proceso evolutivo que comenzó a gestarse desde hace cincuenta años, con la aparición de la televisión por cable; esta abrió, aún sin proponérselo, una frontera nueva que hizo posible para el futuro que la televisión se perfilara como un medio interactuante con otros medios, y sobre todo con nuevas tecnologías, que van desde el Internet hasta la telefonía celular y sus variantes de telefonía por cable.

Por otra parte, la evolución paralela del Internet y la computación abren grandes posibilidades, además de despertar interrogantes respecto al futuro de esta nueva televisión. Esta realidad perfila una televisión generadora de procesos complejos de información, susceptible de almacenar una gran cantidad de datos y momentos históricos. Estamos hablando de una “televisión computarizada” que ya existe en prototipo, capaz de contar con un disco duro y su propio hardware, que permita almacenar programas e información específica.

Esta transformación deriva en dos posibilidades que la televisión actual no ofrece: La que el espectador con mayor libertad pueda diseñar su propia programación, es decir: decidir qué ver, a qué hora verlo, y en qué orden verlo. De esta manera las audiencias podrán estructurar mejor su consumo cultural televisivo y aprender a ver estratégicamente la televisión, en una mejor correlación con sus necesidades extra consumo, ya sean laborales o personales.

Si reflexionamos un poco comprenderemos que esta libertad si da un poder real al televidente, a diferencia del control remoto que sólo ofrece un poder aparente, ya que sólo da la posibilidad de cambiar de canal pero no de configurar integralmente la programación, o de posponer el consumo para cuando sea el momento ideal para el mismo (Cuántas veces deseamos ver un programa “para más tarde”, y no podemos, es como si para comprar leche, libros o zapatos sólo tuviéramos dos horas al día para hacerlo).

La otra posibilidad es la de autoconfigurar una memoria de nuestra propia evolución televisiva y la de la sociedad: Registrar qué veíamos, qué vemos, y poder anticipar qué veremos; esta variante constituye en si una forma de gestar una televisión cultural, en el sentido más puro de la cultura, que la define como todo aquello que es susceptible de conservarse en la memoria endógena o exógena para la posteridad, sea un archivo, una biblioteca o una computadora.

En esta línea, los trabajos de Carmen Gómez Mont, más allá de mostrarnos esta enorme frontera que se gesta como una primera gran integración mediática del siglo XXI, nos ofrece un panorama aún mayor: La digitalización de la televisión. Este fenómeno integrado a la realidad de contar con una banda (HI FI) más ancha y accesible, y a la ya mencionada computarización del medio, proyecta la posibilidad de que los espectadores se conviertan en los propios creadores de sus programas e imágenes, o al menos tenga la capacidad de editarlos y modificarlos.

De alcanzarse este panorama, (que de entrada parece viable para un solo grupo social: el que cuente con menor rezago económico, educativo y tecnológico), estaremos asistiendo a un grado casi absoluto de libertad de la audiencia, que será capaz no sólo de configurar qué y cuándo quiere ver en la televisión, sino cómo lo quiere ver.

En este estadio de libertad e interactividad complejo, la Internet y el vídeo jugarán un papel determinante: Más allá de que tanto se acceda a la televisión por la red, estaremos asistiendo a la posibilidad de crear una red mundial de productores y co-productores de televisión, que podrán intercambiar imágenes, información y hasta programas, libres del mercado de los anunciantes y las emisoras de cualquier índole. Si en unos 20 años a lo mucho, bastará tener una cámara de vídeo, un buen equipo de cómputo con software de edición, y acceso a Internet, para producir nuestros propias programas, noticiarios, promocionales, y hasta canales completos con barras de programación, para subirlos a la red, y ser alternativa para que otros nos vean, compitiendo como opción de consumo televisivo frente a cualquier corporativo.

Y en esa realidad las reglas del juego, legal, político y comercial tendrán que cambiar. Quizá suene utópico, pero esta situación podría transmutar el escenario global, y así el medio que parecía más alienante se puede convertir en aras del la tecnología y la acción individual, el que finalmente restablezca el poder del individuo frente a los grandes corporativos dominantes, y frente al control del Estado de los medios de comunicación comerciales y públicos. Entonces podremos hablar de una democracia integrada a la microrealidad, y no sólo como un asunto de las mayorías.

Quizá entonces, se hará realidad lo que alguna vez me comentó un escritor Xalapeño —y gran amigo— Roberto Peredo, (premio nacional de novela histórica, por cierto). “La televisión no le hace mal a nadie. Es más, quizá, lo que hoy creemos que nos destruye, en realidad, puede estar construyendo —sin que nos demos cuenta— nuestra propia evolución”.

ZURIPANTO

Rutas de reflexión

Guadalajara, Jalisco. Agosto 10, 2004.

De esos cotidianos y largos momentos que pasé sobre el transporte urbano, recuerdo los instantes de reflexión que venían siempre en la soledad de los trayectos. Aunque estuviese rodeado de personas, no recuerdo una sola vez en la que alguien iniciara una conversación conmigo. Ese tipo de confianza parece no existir y, por el contrario, despierta suspicacias.

A una de las personas que más ha influido en mi pensamiento la conocí por medio de un gran amigo actor y mercadólogo (vaya combinación). Cosa curiosa: este último, me relataba que fue en un transporte urbano donde conoció a tan enigmático personaje. Se vio movido a entablar conversación con él, pues, lo escuchaba, desde el asiento posterior, hablar con su hija sobre la obra de Theilard de Chardin. En ese instante dos historias se empalmaron sobre una misma ruta.

Mi abuela materna solía venir a Guadalajara y pasar gran parte del año aquí. En una ocasión, contra toda probabilidad en una metrópoli de estas dimensiones, me enteré que estaba en la ciudad porque la encontré en el mismo camión al que me subí, cerca de la Minerva.

Por otra parte, recuerdo cómo llamaba mi atención el fenómeno de la belleza femenina en el transporte urbano (tuve oportunidad de corroborar mi percepción sobre esto con estudiantes y amigos profesionistas que utilizaban el mismo medio de transporte). Uno nunca sabe cómo ni cuando, pero siempre habrá una belleza utilizando el camión y el traslado se vuelve más ligero.

Durante los casi 14 años de ser usuario frecuente del transporte urbano, aquí en Guadalajara, me tocó ver gente atropellada (en una ocasión); chocar contra otro camión en una absurda carrera de velocidad; al chofer peleando con usuarios; una señora cayendo de la puerta trasera, al doblar la esquina de la calle Juan Manuel; obreros totalmente borrachos, los viernes por la tarde; músicos de meritoria calidad haciendo un dinero extra, mientras deleitaban y sumían en sus propios pensamientos a la clase trabajadora que la ruta 258 iba recogiendo por todo Av. López Mateos. También, me tocó ver personas improvisándose como músicos, desafinando sin pena alguna, para después colectar, con toda desfachates, un poco de dinero; poetas leyendo sus creaciones; ex-adictos haciendo promoción de casas de rehabilitación; un impetuoso creyente advirtiendo a garganta abierta sobre el regreso del Jesús a estos días.

Recuerdo la ocasión en que mi esposa se bajó y el camión arrancó con mi hijo de 7 años aún abordo; los silenciosos trayectos al filo de las siete de la mañana, camino a la escuela de mis hijos, con los cristales rotos, en pleno invierno.

No todos en Guadalajara tienen la necesidad de recurrir al transporte público. Sin embargo, quien lo utiliza —aparte de experimentar el feliz fenómeno de la belleza tapatía— tiene, en la soledad de los traslados, la oportunidad de reflexionar, cuando nadie se da tiempo ya para eso. La ciudad pasa frente a los ojos, en las distintas rutas para llegar a nuestro destino.

TIO JOE


Predecible

Hace unos días sonó el teléfono, temprano por la mañana. Era Lexybrotherman, desde Houston; las exclamaciones de gusto al escuchar su voz no se hicieron esperar. De inmediato inició la conversación:

Lexybrotherman: Estas sentado frente a la compu.
Tio Joe: Así es.
LBM: Hay una taza de café frente a ti.
TJ: y... si.
LBM: El día esta soleado.
TJ: (risa) creo que si. (Pausa breve) ¿Tan predecible me he vuelto?
LBM: ¡No! (risas) Son las ganas de estar ahí.


TIO JOE

Subalteridad

Hay varias mujeres a las que visito a diario en sus bitácoras de internet. El día de hoy me tocó leer artículos coincidentes de ellas sobre el Día Mundial de la Mujer. Debo de reconocer que entiendo la sensación que esto les produjo, sin embargo, creo que la intención no era la de rendir tributo.

La igualdad de género es un objetivo que está muy lejos de alcanzarse, aún. De aquí el institucionalizar un día de la mujer como declaración abierta al mundo de que esa igualdad no se ha alcanzado, como se propuso hace diez años en la Conferencia de Pekín.

Aunque existen iconos femeninos que logran colocarse dentro de esa igualdad, la realidad es que millones de mujeres siguen viviendo en condiciones de desventaja.

De aquí que no se trata de felicitar a las mujeres hoy, o darles un premio de "consolación" (como en el día mundial de no fumar no se trata de felicitar a los que no fuman, sino de reflexionar sobre la falta de conciencia sobre un hábito dañino para la salud). Este dia mundial debe servir para cuestionarnos todos, tanto hombres como mujeres, qué es lo que estamos haciendo en nuestro pequeño círculo de influencia para cambiar esta subalteridad por una posición de igualdad.

Tan sencillo como preguntar en una relación de pareja: si los dos trabajamos ¿cómo compartimos las responsabilidades?

(En el área de la cocina... soy pésimo cocinando, asi que sugiero que me dejen lavar la loza).

Tio Joe


Visiones urbanas (1)

La imagen que las librerías Gandhi maneja me parece afortunada. Así como hay quienes en su pretensión de ser muy creativos caen en lo absurdo, el caso de lo que hacen quienes manejan la imagen de estas librerías me parece digno de mención.

Las frases utilizadas son siempre memorables. Difícil olvidar la bolsa que imprimieron hace unos años, en la cual entregaban las compras (aún la conservo); resultaba muy ad hoc para los que, con frecuencia, gustamos de caminar las calles de la ciudad. Con el institucional color amarillo de fondo y letras en negro, se leía: "No me robes. Sólo traigo libros".

Hace unas semanas apareció en la Glorieta Minerva (aquí en Guadalajara), un nuevo espectacular. Estaba en uno de los altos, frente al famoso "Bol Guadalajara", antes de adentrarme en la glorieta, cuando llamó mi atención la presencia de este anuncio. Primero, a simple vista, no me pude percatar de lo que decía. Pensé que había un error en el cálculo tipográfico. La legibilidad era muy mala, pero con un poco de esfuerzo, alcanzé a leer el mensaje (Ver foto).




Bien por Gandhi y quienes manejan su publicidad. Un ejemplo de que se puede hacer publicidad inteligente y memorable, sin caer en los lugares comunes.

Tio Joe



Una pregunta...

¿Cuál es el cambio que puede admitir una persona que integra una pareja, sin perder su identidad?