Levando anclas

Estaremos pronto "posteando" de nuevo. Quizá sea hasta la semana entrante. Pero nos veremos de nuevo. Pronto nos veremos amarrados al muelle.
Lo que hace a una ciudad memorable, más que sus monumentos o su historia, es la gente que en ella habita. Nos relacionamos de distinta manera a cada ciudad, pues, en ella habitan distintos personajes de nuestra historia. Es imposible nombrarlos a todos, por lo que quedan circunscritos al recuerdo de la ciudad. Y por eso digo: Gracias Guadalajara.

TIO JOE

Brújula

Este mes ha traído consigo muchas cosas. Lo más increíble es que con él llega incluido el postergado cambio. Comienza la mudanza. Termina un ciclo y comienza otro.

Aún así, con el trabajo, el desgaste de estos días, en agosto, todos los días un post. Esto tan sólo para demostrar que para salir de la rutina y el tedio sólo se requiere darse el tiempo.

Se acaba el ciclo tapatío. Me guío por la brújula... y esta apunta al norte.

TIO JOE

Empatía dominical

Ayer trataba de explicar inútilmente esa sensación que me embarga los domingos por la tarde. Aunque se que todo es parte de mi inhabilidad para sortear el día, me resultó chistoso encontrar en el editorial de German Dehesa del día de hoy estas lineas, donde sólo encuentro empatía:

"Es domingo de verano. No sé si ustedes han experimentado el síndrome dominical. Suele atacar al ser humano a partir de las cinco de la tarde todos los domingos de su vida. El fin de semana va terminando y los compromisos del lunes se presentan como espectros terribles, la sangre se asienta a la altura del ombligo y se niega a visitar la difícil cumbre del cerebro, por unas horas estaremos en posibilidad de responder aquella pregunta que tanto angustiaba a Margaret Yourcenar: ¿en qué piensan los que no piensan?; el cuerpo pierde todo su temple y ni siquiera la fotografía de Elba Esther Gordillo caracterizada como guacamaya brasileña lo mueve al gozo".

Dehesa, con su reflexión de un domingo, me ayuda a sentirme menos raro. Felíz San Lunes.

TIO JOE

Tomado de La Gaceta del Charro, Confetti, por Germán Dehesa . Lunes 22 de Agosto, 2005. Editoriales del periódico Mural de Grupo Reforma. http://www.mural.com

El Faro

Rubio pastor de barcas pescadoras.

JOSÉ GOROSTIZA
Muerte sin fin y otros poemas. Seix Barral.


Mini tratado anti-romántico

A la manera en que las mujeres lo conciben, el romanticismo es un exceso de planificación: mata la emoción del momento. Lo que debiera ser una rareza lo quieren repetir indefinidamente y con resultados garantizados. Están empecinadas en planificar la espontaneidad, y no me extraña que en la confidencialidad de sus charlas compartan experiencias enumeradas en un breve menú de comida al paso que saben de memoria. Lo que no entiendo es, ¿por qué insisten? Quizás deban ser ustedes las primeras en renegar del romanticismo; tengan esa valentía.

MARCELO RÍOS

Tomado de la bitácora de Dan, La Trastienda del Cielo (Marcelo es amigo de Dan).

Ese extraño peinado raro

Y mi peinado no es lo único original - le dije. Ella sonrió, pícara, malentendiendo mi intención. –No.- me apresuré a decir. -No me refiero a eso.- Arrugó su entrecejo, haciendo como que trataba de entenderme. Sabía yo que le importaba tres carajos mi historia. Solo quería que le pagara un trago y llevarse su porcentaje. Decidí dejar que se lo ganara. Necesitaba hablar.
-Mi vida. Mi vida es original. O al menos eso es lo que me han dicho.-
-¿Quién te lo ha dicho? – preguntó, sin demasiado convencimiento.
-La gente, los que me rodean. Se sorprenden… - se inclinó en la mesa, mostrándome sus senos contenidos apenas por un corpiño blanco de mala calidad. Levantó una ceja en señal de interrogación. -Soy noctámbulo.- expliqué- Trabajo desde mi casa. Escritor independiente, le dicen. Gano buena guita y nunca me han faltado mujeres. Lo que sorprende es cómo he logrado tener la vida que muchos quieren vistiéndome con remeras raras que se dejaron de fabricar en los ochentas. Con mi malhumor diario y mi desdén hacia los desodorantes. Y mi peinado, claro… nadie entiende porque lo llevo así…
-Bueno- dijo sonriendo – a mi me parece original.
-Eso ya lo dijiste, linda. ¿Me traés otro cortado, por favor?
Se alejó dándome la espalda, moviendo su gordo y celulítico trasero que, grosero, se asomaba desde una desgastada tanga roja.
¿Qué demonios hacía yo allí?, pensé. No era mi clase de lugar, sin dudas. Recordé, entonces, que ningún lugar es mi clase de lugar y me contenté con el pensamiento. Afuera estaba lloviendo.
Esperando el cortado y a mi interlocutora, miré alrededor. Allí estaba el clásico viejo, acurrucado en una mesa del rincón, con el mismo café de hacía unas dos horas, mirando todas esas tetas, culos y piernas que pasaban a su alrededor. No pude encontrar ninguna de sus dos manos apoyadas sobre la mesa.
Más allá estaba el empresario, recién salido de su oficina, con el traje desacomodado, la corbata floja y el celular apagado. Su alianza de casamiento no era excusa para deshacerse de la prostituta que sobaba toda su inmunda carne contra su entrepierna.
Una banda de amigos, todos juntos, en manada, tratando de debutar sosteniéndose en la moral de grupo, gritaban soeces desde el otro lado del puterío. El más pelotudo, seguramente su líder, disfrutaba de la admiración de todos al bailar borracho en medio del semicírculo armado por sus compadres. Tenía su miembro erecto asomando por la cremallera y lo sostenía entre sus manos como si fuera gran cosa. Movía sus pies y su cadera al ritmo de una música que apenas podía ser considerada tal. –Por qué no se masturban en grupo y se ahorran el precio de la entrada- pensé. -Ah, por supuesto, eso sería demasiado gay.- concluí.
La penumbra y el humo de aquel lugar apenas si me dejaba ver alguna otra cosa. Figuras recortadas deambulando sin rumbo, trago en mano, de un lado a otro. Sonrientes clientes llenos de autoestima frente a una mujer que les cobraba por amarlos. Decandentes carnes sextagenarias colgando por doquier, endulzando oídos fáciles de endulzar.
Un perfecto mundo de sacarina. Dulce, pero artificial. De mentiritas.
Estaba prendiendo un cigarrillo cuando Cindy regresó con mi cortado y un whisky para ella. Esta chica de Cindy tenía muy poco, pensé. Y ese whisky saldría de mi bolsillo.
Se sentó frente mío, esperando alguna queja sobre el whisky. No la hubo y tuvo que decir.
-Si no me pagabas algo, me tendría que haber ido a atender algún otro cliente. Aca me exigen…
-Está bien.- la detuve. –No hay problema.-
Sonrió. Cansada y tratando de no parecerlo.
-Me decías que la gente te creía original.-
-Nah, ya no tengo ganas de hablar de eso. ¿Cuál es tu historia?
-¿Mi historia? No tengo ninguna, supongo.
-Todos tienen una historia, Cindy. ¿Cuál es la tuya?
-Chupo pijas por 15 pesos. Esa es mi historia.
-¿Es algo que disfrutás haciendo? - dije sin que se me moviera un pelo.
¿Qué?
-Chupar pijas, digo.
¿Quién podría disfrutar de eso? No hay nada demasiado glamoroso en este trabajo.
Debo decirlo. Que haya elegido esa selección de palabras me sorprendió gratamente, aléntandome a seguir la conversación.
-¿Y por qué lo hacés, Cindy?
-Tengo 45 años, bebé. Tres hijos de un marido borracho. Y ningún estudio. ¿Qué otra cosa podría hacer?
-No te estoy cuestionando, solo trato de entender…
-Te dije, no hay mucho que entender. –dijo un poco enojada. Aliviada, tal vez, por poder decirlo en voz alta y que alguien le pagara por ello.- Necesito plata para vivir. Mis clientes necesitan alguien que se las chupe. Así de simple. Esto abre a las cuatro de la tarde y cierra a las seis de la mañana. Yo vengo a las 15:55, me pongo algún conjunto sexy y dejo que los demás hagan lo que quieran de mi. Siempre y cuando paguen… –se detuvo ante mi fingida cara de espanto.
-Todos tienen un precio, lindo. El mio es 15 pesos por bucal, 25 el completo y 35 el anal.
-Es un poco barato.
-Soy una puta, amor.
-Claro. ¿Y sos feliz?
-No me puedo quejar. Mis hijos pueden estudiar, todos los días tienen un plato de comida sobre la mesa y acabo de terminar mi casita. – pensó durante unos cuantos segundos y agregó decidida. -Sí, soy feliz.

Le pagué mis tres cortados, su whisky, y me aleje de allí. Estaba huyendo, lo sabía. Afuera todavía llovía, pero no me importó. Apenas si sentía el frío, estaba helado por dentro.

MAX FERZZOLA

De Aniversarios y Viajantes

Por fin, este etéreo corsario hace un alto en su agitado trajinar para compartir una pequeña reflexión ahora que nuestro muelle cumple un ciclo elíptico terrestre.

Partiré de hacer preguntas básicas: ¿Qué me ha significado el muelle?, ¿Qué me ha enseñado?, ¿Hacia dónde me dirijo ahora?

Yendo en orden primero debo decir que me ha significado una posibilidad de mantener mis vínculos más profundos en el terreno afectivo y personal. Así es: este disperso corsario ha encontrado en el Muelle 66 una de sus pocas constantes que le significan referencia de sus orígenes, ubicación en el inmenso cosmos donde busca su identidad, coordenada precisa para no perder la ubicación de su origen (y muy probable destino). Al fin: encuentro con las voces en las que suena la propia, como un eco que responde con otra voz y forma, pero con un mismo código, que hace que la voz original ya no lo sea por que nunca lo fue hasta que encontró su resonancia.

Por otra parte el Muelle 66 me ha enseñado cómo se puede tejer la unidad en la diversidad —Que es en si uno de los grandes retos del mundo en búsqueda de diálogo, además de entendimiento—. Los que en el participamos, somos navegantes con embarcaciones, orientaciones y búsquedas muy diversas, incluso con preocupaciones y ocupaciones a veces distantes, sin embargo, hemos demostrado que eso no nos impide tener un intercambio generoso de ideas, y que estas son diversas pero el espíritu que las reúne es similar, coincidente. La imagen recuerda a los corsarios del caribe que Alejo Carpentier describió con una belleza inigualable en su exuberante y exquisita joya: “El siglo de las luces”, cada uno en su lucha particular pero siempre que el tiempo lo permitía, capaces de encontrarse en una isla o playa olvidada a compartir sus aventuras, conquistas, capturas, en pos del ideal de conocer más el mundo e inspirarse a través de los relatos de los otros.

Para finalizar respondo con mucha sinceridad a la última pregunta, de el hacia dónde me dirijo, con un categórico: No lo sé, no es fácil saberlo, contesto sin dudar que para un navegante loco e inestable como yo, que se deja llevar por las aguas del mundo con muy pocas certezas, sólo con algunas escalas definidas para no caer en el abismo de la desesperanza total, tener un rumbo es casi imposible, por ello el tener al menos un muelle al cual dirigirse, representa un sosiego en su agitado navegar, una forma de hacer altos en un camino incierto, de escucharse y escuchar, de mirar hacia las propias profundidades e intentar sondearlas con el pensamiento y la emoción…con la esperanza de que finalmente surjan algunos jirones de voluntad que se transformen en nuevo brío para continuar el eterno viaje que nunca tuvo principio, ni tendrá —quizá como el universo que propone Hawking— final.

ZURIPANTO

El Zuripanto escribe por ahora desde la bella Xalapa, Veracruz.

¿Y los tres ceros?

Mariarosa está leyendo un libro clásico de ficción, y como separador esta utilizando un boleto de un concierto de Rod Stewart al que asistí en 1989 junto con Don Paleto. Muy tranquila me comentó: "¿Recuerdas cuanto pagaste por ver a Rod Stewart?".

La respuesta me hizo recordar lo mucho que ha sucedido en México en los últimos dieciseis años y que me parece prudente no olvidar. No hay que perderlo de vista. Sobre todo ahora que se habla como si esto fuera comparable a la década de los ochenta.

TIO JOE
Boleto Rod

Fantasmas

Y si hoy me piden escribir algo, tengo que admitir que me resulta
difícil, porque sigo pegado a lo que me duele tanto. Estoy mucho
mejor, claro. ¡No temas, Tío! Todavía mi ciudad está llena de
fantasmas; de recuerdos, diría alguien a quien quiero mucho. Escribir
La Trastienda del Cielo fue, como habrán podido notar, una terapia.
Quizás una manera de no tener que pagar un psicólogo.

También, por fortuna, La Trastienda sirvió. Muchos me han escrito para avisar. Al principio me sorprendí, ahora me conmueve. Todo eso, que son fragmentos de mí, recuerdos, los fantasmas, ¡sirve!

Entonces detuve el proceso de borrado. Poco a poco, iba eliminando muchos de esos recuerdos. Ya no. Creo que hasta lamento haber quitado algunas entradas.

Hace poco, un viejo amigo, a quien no veía desde hace mucho, encontró mi blog por casualidad. A su esposa la están operando de un tumor de mamas en este momento, hoy, jueves 11 de agosto. El segundo tumor. Ella también había leído La Trastienda, me confesó en una cena organizada para "despedirla". Porque los reunidos no temían pensar en la muerte, y se jugaban bromas alrededor.

Me asusté. Al escribir esa bitácora, no pensé en cómo podría sentirse al leerlo alguien que padeciera la enfermedad. Sin embargo, todo parece indicar que ella supo ver lo positivo, la declaración de fe, y no los momentos amargos, que yo por quitármelos de encima dejé en el
blog.

Así que, envalentonado, tomé la palabra y le conté de la esperanza, de la fuerza, y del futuro. Porque siempre hay un futuro, a pesar de que todos estamos condenados a morir.

DAN

Dan es el autor de la bitácora argentina La Trastienda del Cielo.

Ecos desde Barcelona

Tío Joe me invitó a colaborar con el Muelle 66 en su primer aniversario y no sabía por donde empezar. Esto de escribir se me da muy poco, así que él me sugirió algunos temas. Ha sido cuestión de ponerme y la cosa fluye sola. Al final no tomé esos temas, pero lo haré... Por lo pronto ahí les va:

Mi relación con Tío Joe es literalmente de toda la vida. Por lo menos, de toda mi vida. Pero cuando realmente nace nuestro vínculo es cuando aquel novato universitario se mudó a vivir a casa de mis padres como recién llegado estudiante. Recuerdo pasar horas (a mi me lo parecían, tal vez hayan sido solo algunos minutos) apoyada en su restirador viéndolo trabajar. Entonces yo tenía la mitad de la edad del Joe...

Años después, me inscribí en la facultad de diseño. Una de mis mayores influencias, aunque tal vez el no lo supo entonces, fue el Tío Joe dibujando en el restirador de la tercera planta de mi casa.

Aún no se muy bien por qué, El Negro, su compadre, me invitó a trabajar con él ese verano. Fue una invitación caída del cielo. Tuve que dejar los estudios por descubrir que era pobre para la Universidad privada y la compañía de aquel trío de socios en QM fue un bálsamo y un aprendizaje maravilloso. Mi primer trabajo y de ahí pa’l real.

Desde entonces no he dejado de ejercer como diseñadora. No puedo quejarme, he tenido buenos maestros a lo largo de la vida y entre ellos se encuentran este trío maravilloso. Los compadres de QM. Recuerdo esa etapa como una de las mejores. Me divertí como una enana en su compañía, me convertí durante un tiempo en la mascota y conocí a mucha gente interesante solo por estar en el centro de reunión, en Nelson Place.

Se que muchos de aquellos a los que conocí entonces son ahora navegantes del Muelle. Desde aquí les mando un abrazo muy fuerte desde la cosmopolita y llena de guiris Barcelona... como aquellos que suele dar El Gallo (lo siento, entonces ese era tu nombre oficial, ¡ja!).

Los recuerdo a todos con un cariño muy especial y espero que ustedes no se hayan olvidado de mi.

DARDANÉ

Dardané es diseñadora gráfica y se la está rifando en Barcelona.

Círculos

Este verano trajo muchas visitas. Hemos llegado a estar 11 habitando el departamento al mismo tiempo. De todas partes ha llegado gente. Más, sin embargo, hoy, tristemente, se fue la última de ellas: Fina.

Su visita marcó una especie de simbolismo. Ella es la mejor amiga de Mariarosa. La última vez que la habíamos visto fue hace 18 años, cuando empezamos el periplo tapatío.

Las charlas nocturnas trajeron los recuerdos que sirven para tener perspectiva. Los viejos ex-universitarios hacen balances y comienzan a modificar su escala de valores. Ahora porque dejaron de lado sus verdaderos estímulos, ahora porque tardaron mucho tiempo en reconocerse a sí mismos, en decidir qué es lo que les gusta verdaderamente.

Ver a las dos amigas de la infancia recorrer el álbum de fotos y rememorar nombres, fiestas, lugares, aventuras, hizo de aquello un momento grato. Pero esta mañana, mientras Fina regresaba en su camioneta a Acapulco, no pude dejar de pensar en como la madurez trae sus cosas buenas. Allí iba, acelerando, dejándonos atrás y regresando a su historia, y nosotros reordenando la nuestra. Vino a vernos, sólo a eso, a vernos. Y eso hicimos, vernos, tal cual como somos, con metidas de pata, con lágrimas y con experiencias compartidas, con una buena copa de vino de por medio, una vela, una vieja canción de Nacha Pop y un lazo renovado.

Nunca había tenido un interés real en conocer Acapulco, aunque Mariarosa es de allá. Ahora hay una razón para hacerlo: ir a ver a Fina, simplemente por verla. La mejor amiga de mi mujer. Charlar, reír, saborear su temperamento fuerte de mujer del siglo XXI y ver a mi mujer sonreír junto a alguien que le resulta tan, pero tan afin.

TIO JOE

Mar...

Mamá!
Se escucha en la distancia,razgando el aire; cual
cuchillo la carne del ciervo.
Mamá!
y se ven sobre la arena, pasitos silenciosos,
marcados tan hondo,que parece que quedarán
a perpetuidad.
Mamá!
una carcajada fresca, se derrama, cual cascada
cantarina, alegre y viva.
Mamá!
una vocecita Dulce, 5 años vieja, dice:
Tengo una amiga nueva...
¡Ven, Llévame!
¡Llévame, a jugar con ella! -insiste- la quiero ver...
¿Quién es ella? pregunto yo
Es joven, pero tiene siglos...
Es sabia, pero callada...
Y sobre todo, incansablemente insistente!
Se llama: ¡Mar...ía!

ABRIL V.

Gracias, Abril, por compartir tus letras en el muelle.


De la cabeza a los pies...

Hoy por fin lo he comprendido: es imposible deshacerme de ti, esa eterna sensación de tenerte a mi lado me agobia. Quizá erróneamente pensaste que estando conmigo pudiera generarse algo, pero ya lo ves, solo pesadez se siente a nuestro alrededor, me sofocas y creeme que inútilmente he tratado de comprenderte, pero es imposible, no soporto mas esos cambios de humor que provocas en mi, me alteras de tal manera que ni con las constantes lágrimas que derramas sin más sobre mi cuerpo logras borrar esa sensación que nos embarga en cualquier lugar donde estemos. A veces veo a otras personas tan felices junto a ti y pienso que quizá tu y yo jamás deberíamos haber estado unidos, aunque, debo reconocer que la decisión de estar juntos la tome sólo yo.

En un principio me atraías, todo era nuevo y divertido, como los recuerdos vagos de nuestra niñez, donde corríamos juntos y éramos simplemente felices... hoy me pongo a pensar cómo sería nuestra vida sin haber retornado a esas vivencias y ser sólo conocidos que coincidieron en el tiempo y nunca más se volvieron a encontrar. Pero sucumbimos a ese simple principio de atracción y heme aquí reclamando tu obsesión por estar junto a mi... Siempre llegas de pronto, me llenas y me colmas en todos mis espacios, me sigues y me celas, me persigues, me acorralas, me siento fugitivo queriendo huir siempre de ti y sé que es inútil, eres cual fiel carcelero que a cada paso que doy vas dos por delante de mi, presientes mis movimientos de una forma que me aterra y que de alguna manera detesto.

No creo todavía haber llegado a odiarte pero si he llegado a considerar que no podemos seguir juntos. Es entonces cuando con esa sutil caricia, tan propia de ti, recorres fríamente mi espalda, siento tu presencia cual afilada uña en mi piel y un escalofrío recorre mi cuerpo, ¡ahí estas otra vez!... y mientras tanto la tímida y salada gota sigue su lento descenso de la cabeza a los pies...

GHALIUS

Paciencia

El 17 de Julio fue mi cumpleaños. Aunque mucha gente me dice lo contrario, a veces me parece que el tiempo se me esta yendo sin lograr nada importante. Tengo un objetivo en la vida, y se que para lograrlo tengo que ir paso a paso, y como en la mayoría de las veces tengo que ser paciente, ya que no siempre depende de mi subir el siguiente escalón. Me imagino que más de uno se ha sentido así.

Por otro lado, me motiva el hecho de tener un sueño. Miro a mi alrededor y veo que hay mucha gente que ni siquiera tiene uno; renunciaron a él hace mucho. Sólo se que nunca hay que darse por vencido, tener fe y luchar mucho, no cansarnos.

Conozco a uno de los mejores médicos rurales de EE.UU. Ella decidió estudiar medicina a los 30 años. Hace poco vi en la tele a una mujer de 80 recibiendo su diploma de la Universidad. Cuesta mucho, pero vale la pena ¿no?

Nunca es tarde para empezar. Que tengan un lindo día.

CECY D.

Cecy es una "tipaza" y es cantante. Actualmente radica en Texas y es mezzosoprano, miembro del Houston Grand Opera.

El Candidato del Pueblo

Todavía no se les puede ver de bien a bien, pero ya se ve la polvareda mijo, —le decía don Lencho a su sobrino Ramiro—, y no serán cuatro los cabrones, pero tienen tiempo viniendo a chingar, pior que los del apocalisis, no se si estos, o otros igual que ellos… mahh, pa´l caso es lo mismo.

— Mira Ramirito lo que chinga no es que vengan a decir mentiras, sino que son las mismitas del otro sesenio, de perdida las habrían de cambiar, de atrás pa´delante, de adelante pa´tras. No, ya ni esa molestia se toman, y nosotros los tildamos de pendejos, pero son muy vivos, nos tienen muertos de hambre todo el año, que si bajo el precio de referencia del azúcar (sabe que referencias tendrá la azúcar), que si estamos englobalizados, que si se atoraron los créditos del pro campo, ¿cómo no se les atora una mazorca en el fundillo? Muertos de hambre Ramiro, y nomás pensando en qué van a tragar los niños. Ni siquiera orgullo, porque ese ya nos lo tragamos todito nosotros, de modo que cuando te preguntan por quién piensas votar, pus ya de por si pensamos poco, y gastar los pensamientos en esas chingaderas, como que no. Así que cuando me dicen: aquí están sus quinientos Lencho y vote por el candidato del pueblo, yo los agarro, pero siempre me quedo pensado si estará muy lejos el pinche pueblo ese del candidato.
— Bueno tío, pero entonces que hacemos pintando bardas con propaganda de estos cabrones.
— ¿Qué? ¿estaba cagando cuando yo hablaba?, o ¿cómo, pues, no oyó? Yo estoy empanzado de tanto orgullo que me he tragado, ya estoy jodido, pero uste Ramirito todavía no. Váyase a buscar el pueblo ese de donde es el candidato, quien quita y hasta acaba trabajando en su meritita casa de él. Entonces, busca la forma de hacerse candidato, chinga a los de aquel pueblo hasta que le duelan los huevos de tanto rebotárselos en las nalgas, nomás pa´que aprendan la desesperación de quererse tragar la tierra a puños.
— Oiga tío, pero nosotros ¿qué ganamos con eso?
— No, pos sólo Dios, con su infinitísima sabiduría y Gracia tiene todas las respuestas…. no seas pendejo Ramiro, estoy hablando nomás pa terminar de pintar esta pinche barda… ora, mueva el andamio y deje de pensar.... Cabrón este tan inteletual.

EL NEGRO



ME NIEGO (Welcome to the 40’s)

Me niego a volver a experimentar aquella vivencia de hace algún tiempo, donde de pronto, apareció una imagen en mi mente: Yo sentada en el filo de una banqueta. De la nada, apareció una ráfaga de viento y pasó justamente frente a mí. Esta ráfaga tenía forma, era como las que los dibujantes muestran en sus caricaturas para hacer del viento algo visible. Este viento iba cargado de grandes carcajadas y lo seguía una voz masculina muy profunda que decía:

—Es la vida. Se ríe de ti. ¿No lo entiendes? Te ha dado de todo para que lo disfrutes y lo único que haces es verla pasar. A veces te animas y la tocas, otras sólo la observas. Es la vida. Se ríe de ti.

Hoy que la sensación vuelve a estar presente y de una plática con un gran amigo, insisto ¡VIVA LA VIDA!

DESLAVADA

Deslavada nos hace llegar sus letras desde la bella Veracruz. ¡Gracias por asomarte a tu buzón de correos!


Good Ol’ George

No podría decir desde cuando conozco al buen Jorge, no lo sé, no estoy seguro. Eso sí, creo que fuimos presentados por ahí de Enero de éste año. Él venía de un largo viaje, desde el norte, ya rumbo a Guadalajara, haciendo una pequeña escala en Mazatlán con objeto de reconocer viejos amigos, y al parecer también nuevos.

Antes de eso, de él yo sólo tenía una vaga referencia, su blog, el muelle a donde alguna vez fui a varar navegando con el viento por la red. Además estaba Andrés, amigo mutuo y enclave de la amistad entre ambos, que ya me había platicado una o dos veces sobre él.

Decir lo que voy a decir, entonces, cuando recién conocí a Jorge, hubiera sonado a ridículo y a pretensión. Supongo que ahora, cuando ha pasado algún tiempo, me puedo dar el lujo de hacerlo.

Los minutos antes de conocer al buen Jorge me encontraba algo nervioso, sin saber por qué, pues esto sólo me sucede cuando a punto estoy de abordar, o ser abordado, por una hermosa mujer. ¿Por qué sentirse así?, en verdad, no había respuesta. Menos aún la hubo cuando Jorge apareció, vestido cómodamente, acomodándose las gafas, sonriendo. No había nada en él que me fuera conocido y mucho menos que causara miedo.

Algunas palabras fueron proferidas entre los presentes, para luego, como todo en la vida, como la vida misma, resolverse en un instante. Su mano estrechó la mía, con la fuerza y el vigor que un compadre aplica, sentí un relámpago revolverse en la cuna de mi mano y saltar a la frente. Casi nada me faltó para dar un grito de dolor, creyendo que se trataba de un calambre.

Permanecí atónito, desconcertado por no saber qué había ocurrido, ¿dónde había aprendido éste cabrón ese truquito para impresionar de tal modo a los demás? Seguro había presionado algún nervio, masajeado algún ganglio... si es que hay ganglios en esa parte del cuerpo, ¡qué sé yo! Ahora me doy cuenta que de ridículo no ha perdido nada mi argumento, pero al menos es totalmente sincero.

Después de esa ocasión, sólo he visto a Jorge en otro de sus viajes a éste puerto, que sirvió para confirmar lo que el primer encuentro ya insinuaba: una comodidad y una afección fraternal que no se despierta así nada más con cualquiera.

No fueron pocas las veces, que, yendo de aquí para allá con Jorge y otros amigos, me cuestionaba a mí mismo –casi como un reproche– cómo era posible sentirse tan holgado junto a alguien que apenas he visto en mi vida (con lo mamón que a veces llego a ser en esas situaciones); sentir esa alegría interior, esa jovialidad, ese orgullo de reconocerle con un saludo; de poder permanecer callado cuanto quisiera, sin que el silencio se vuelva incómodo, siendo el silencio armónico que nace mágicamente, cuando dos viejos amigos lo intuyen todo el uno del otro y saben desprenderse unos segundos de los atavíos del habla.

Es como esta inexplicable maña que tengo de referirme a él como “el buen Jorge”, o “el buen George”, lo cual me remite en forma no menos misteriosa, a ese lugar común que significa la expresión: “Here comes good ol’ Charlie Brown”, para los fieles lectores de la tira cómica.

Secretos que tiene la vida...

KINEMA

Creador de la desaparecida bitácora Dimensión 24, Kinema está dedicado actualmente a desarrollar su talento en proyectos audiovisuales dentro de la escena mazatleca.

Recuerdos

Un viaje a la memoria del que poco recuerdo

Recuerdo calurosas caminatas, un sol amarillo y agobiante... y mandarinas. Recuerdo cordones más altos, y veredas más largas. Recuerdo el ciruelo en el patio de la casa de mi abuela, y el árbol de mora blanca custodiado por el cerdo padrillo del viejo Cholo. Recuerdo la plaga de gatos y como me divertía tirándoles piedras. Recuerdo el anuncio de la funeraria, en una ventana sucia, que todos los días decretaba el nombre de los que partían. Recuerdos. Aquí y allá. Fragmentados, tenues y endebles. Trato de sostenerlos, pero se van. Tengo que pensar un rato largo y frustrante para alcanzar alguno. Cualquiera.

Me dicen que de chico, y en Mar del Plata, Sara —una amiga de la familia— me subió a un elefantito, en una calesita. También me dicen que el problema fue sacarme. Al ser yo tan gordito, no podía salir. Estaba atascado. Siempre me cuentan eso, y me rio y se ríen. —¿Te acordás?— me dicen. Y yo digo que sí, que me acuerdo. Pero la verdad es que casi no. Recuerdo, sí, que era una noche fría y vergonzosa. Y que una luz suave brotaba de la calesita. Todo lo demás estaba oscuro. ¿El elefante era rosa? Podría ser, no sé.

Recuerdo que mi abuelo Pepe era un santo, tenía un bigotito y usaba gorros jockey. Todos los domingos hacía asado y reía con humor sano y barato. Recuerdo que el viejo me hacía dormir la siesta enseñándome palabrotas y que me había prometido hacerme un jeep de ladrillos. La muerte lo sorprendió antes, no pudo cumplir su promesa. Y es poco más lo que yo recuerdo. Jugaba al truco, Pepe, ahora que lo pienso. Los domingos o los sábados. Recuerdo que comer un caramelo era todo un acontecimiento. No eran tan baratos, ni accesibles. Cada juguete me traía un nuevo mundo. Y los juguetes eran grandes y lindos. Una foca, una jirafa, un burrito recuerdo que tenía. Autitos y ladrillitos, de esos para armar.

Trato de asirme a esas imágenes. Que no se vayan. —No te podés aferrar al pasado—, dice mi vieja. Pero sabe que nada puede hacer. Para eso había vuelto a mi pueblo, al que tan abandonado había tenido. Un pueblo chico y de veredas cortas. Con tardes que olían a mandarina y al sabor de ciruelas. Gatos por doquier y asado los domingos. Pero ya no es el mismo. No reconozco las caras. La casa en la que me críe está en venta. Y no hay más moras. —¿Vos sos Ferzzola, el hijo de Horacio?— me preguntan asombrados. Contesto afablemente que sí. Pero me duele, no me reconocen. Y crecí a su lado. Mi memoria se desmorona tanto como la de los demás, parece. Y ya no tengo raíces.

Y trato de reconstruir mi pasado, en ese galpón donde mi familia siempre tira todo. —Te vas a ensuciar—, dice mi vieja. No me importa, es lo de menos. Todo por un recuerdo más. Comencé a limpiar, a seleccionar y a recordar. Un libro de cuentos detonó cientos de memorias. Otro, de un lobo que comía cabritos traía un disco. El disco no lo pude encontrar, pero lo recordé. Encontré mi mazo de Titanes en el Ring, y rememoré una tarde de verano, en la playa, con mi familia, cuando éramos familia. Encontré un autito de plástico y jugué de vuelta con él, con un perrito ya muerto hace 20 años. Encontré un muñeco y deambulé nuevamente por el parque ambulante donde lo había ganado.

Tesoros, todos tesoros. Cuidadosamente los embalé, y los volví a guardar. Allí, en un garaje húmedo en un pueblo rural, guardo mis memorias. Guardo mi identidad y mis raíces. Todo entró en una caja.

Y eso es todo lo que recuerdo.

FERZZOLA

Max Ferzzola es el autor de la irreverente bitácora No Pretendo Agradarles.

De aquél cetáceo al muelle de mi memoria...

Dedicado a MariaRosa, El tío Joe y Ghalius a quienes he tenido el placer de reencontrar en mi camino gracias a las pocas o muchas líneas que resguardan mis pecados.

Debo de haber tenido unos tres o cuatro años la primera vez que me subí y aún recuerdo nítidamente la emoción de sentirme diminuta al lado de ella. Entonces no sabía quien era Jonás ni de que privilegios habría gozado él para ser engullido por una de ellas, yo sólo recuerdo la certeza de mi ambición; Convertirme en el desayuno de aquél cetáceo metálico que además prometía llevarme a la isla donde mis abuelos alguna vez criaron delfines.

La ballena de acero, nos engulló uno a uno en el orden en que aparecimos en el embarcadero y cuando terminó con su desayuno liberó las amarras del muelle para navegar a la deriva. El viaje, más que corto fue suficientemente largo para que mis ojos perdieran de vista la tierra firme y se extraviaran entre los azules que dibujan el horizonte.

Recuerdo que a la mitad del camino una manada de delfines acaparó la atención de mis acompañantes y recuerdo también pedirle a mi padre que fuera conmigo al lado contrario del barco a donde nadie dedicaba sus miradas; Papá, que no es fan de las multitudes, me hizo caso y me levantó en brazos para llevarme al otro lado.

Durante un rato solo descansamos la mirada entre los azules agitados y los blancos luminosos del oleaje, de pronto, los azules se mezclaron con rojos y naranjas transparentes que terminaron por salir del agua en destellos amarillos y violetas; Miles de peces brincaban unos encima de otros y nadando en espirales, frente a nuestra mirada perpleja, atraían el vuelo de las gaviotas hacia nosotros.

Hoy intento reconstruir los colores de las escamas fragmentándose en mis pupilas, aunque debo decir que en aquel momento la memoria de mis ojos tenía una gama de colores más extensa y sorprendente de la que tiene ahora. Mi padre me reveló el secreto del agua salada, me dijo que si aprendía a nadar bajo la superficie sería capaz de teñir mi piel con aquellas tonalidades así como las sirenas alteran la tintura de sus escamas cuando se bañan coqueteando con los azules de la superficie. Con aquella confidencia no pude más que pedirle a mi madre que ella también aprendiera a nadar para que cambiáramos juntas de color bajo las olas; ella sonrió y me dijo que aprenderíamos juntas.

Más tarde una de las puntas de la isla descubrió la silueta del muelle de Santa Catalina, aquel embarcadero es el primer lugar al que recuerdo haber llegado por mar. Hay una leyenda Celta que dice que cuando nacemos llegamos al mundo montados en una ballena, aquel viaje sería entonces como mi llegada al mundo de los recuerdos familiares de los que tengo memoria.

Nuestra cetáceo metálico al fin llegó a puerto, las amarras se sujetaron, los pasajeros bajamos a tierra sin titubeos y ella prometió regresar a buscarnos al atardecer; a mi corta edad no me detuve a dudar de la promesa del mamífero de acero y pisé gustosa el puerto, sin considerar siquiera la posibilidad de que ella no regresara...

Ahora, a mis veintiséis años, sigo confiando en las promesas de las ballenas y aún tengo como vicio fantasear con la idea de transformar la tonalidad de mi piel cuando me sumerjo bajo el agua salada...Hoy, he decidido cambiar la fantasía para imaginar que en mi cuerpo también hay un muelle, pero esta vez quiero que tú me cuentes el secreto; no me atrevo a definir a solas el lugar de mi anatomía en el que estaría mi embarcadero y cuando te lo pregunto tú me dices sin dudar que en mi cuerpo el puerto serían mis ojos o mi cuello... yo, curiosa como soy, te pido detalles...

Dices que mis ojos son como un fin, una llegada, Ítaca, un descanso y en cambio mi cuello es un lugar ideal para tenerme abrazada, así, de cerquita, y depositar de cuando en cuando ofrendas en forma de besos...

Siguiendo entonces la misma línea, me atreveré a prolongar la construcción hasta mi pecho; ahí podrás dormir escuchando mis latidos como se escucha el golpeteo de las olas bajo las maderas húmedas de lo embarcaderos... Y es que debo confesarte que la cadencia de las caricias del agua salada sobre los cascos metálicos invariablemente me recuerda los matices de mis fantasías de infancia y las texturas de los sueños de cama en los que consigo que sujetes tus amarras a mi cuerpo...

DIVINA

La Divina es autora de la muy recomendable bitácora Divinos Pecaditos.