Melville

Melville SuitesSe describe en el pendón de la entrada como “suites y apartamentos”; yo, en realidad, pensé que era un hostal. La atmósfera que envuelve al lugar es relajada, de buen gusto, y muy cercana a los placeres que puede ofrecer la zona del centro. La cita grabada sobre piedra, en la entrada del lugar, es otro de los encuentros de Mariarosa con los detalles de la ciudad (justo debajo del pendón, al lado derecho de la entrada, esta colocada sobre el muro).

Las suites y apartamentos Melville están a dos cuadras del departamento. Es cosa de hacer un zig-zag en la ruta al trabajo para encontrarse con el edifico. Aunque lo descrito en la placa pertenece a un tiempo remoto, a mi me parece que tiene, aún, vigencia.

Melville

¿Qué esperanza?

Mariarosa me invitó a caminar más cuadras de las imaginadas. Me decía que por ahí cerca había visto un letrero que quería compartir con su compadre Alfredo. "Tómale una foto y mándasela a mi compadre. Estoy segura que le va a encantar. Estas cosas le encantan a él".

Caminamos... y caminamos. En el trayecto fui tomando instantáneas del Centro Histórico, nuestra zona de influencia; por aquí caminamos diario (el automóvil ha durado hasta dos días sin moverse). Todo lo hacemos a pie: la escuela, el trabajo y los bancos están muy cerca; la plazuela Machado y el Angela Peralta están a tres cuadras, el malecón a media cuadra, el mercado municipal a una distancia tolerable.

En estos primeros días, Mariarosa se divierte tomando una nueva calle todos los días. Así dio con el enigmático letrero que le evocó a su compadre; así dio, también, con Melville... pero Melville es para mañana. Este puerto es contrastante, estimulante, caluroso y enigmático.

¿Qué esperanza?

TIO JOE

Desde el 2

Para muchos no sería lo más cómodo dormir como lo estamos haciendo, pero para quienes han experimentado los calores como el de este puerto, lo nuestro no les parecerá fuera de lo común.

Tito nos facilitó un aire acondicionado, mismo que instalamos en uno de los cuartos, en este caso, “el de los niños”. Aún no nos hacemos de un segundo aparato, por lo que, por las noches, nos encerramos los cinco a dormir allí mismo. Neo trajo su cama, Dany y Andrés en su litera, y Mariarosa y yo nos hacemos cómodamente “bolas” en un colchón extra que viene con la litera. Todos en el mismo cuarto. Todos en el aire fresco.

Por la mañana, el ritual es parejo: Todos nos levantamos -o, por lo menos, despertamos- a la misma hora. La disposición de todos es algo que me produce una inmensa alegría. La capacidad de adaptación de los niños es notoria. Desde que llegamos no se han escuchado quejas. Ni el clima, ni la comuna, han suscitado protestas por parte de nadie. El cambio en la calidad de vida fue notorio desde los primeros días.

Vista desde la escuela.
Vista desde la entrada al Colegio Pacífico, donde estudian los enanos.

Por las mañanas el clima es muy agradable, sentarse en el balcón resulta relajante; si hay café y algo que leer, pues, la experiencia puede resultar aún más gratificante. El ruido de las olas de fondo aporta lo suyo.

La mayoría de nuestros vecinos son gente agradable. José y su esposa, del depto. 1, están vinculados a la música y la cultura. Ella trabajando en el célebre Ángela Peralta y él, arreglista, haciendo lo propio. Su paciencia se ha puesto ya a prueba y han mostrado ser excelentes vecinos. El departamento, justo frente a la recámara de los niños, alberga a un par de australianos. Uno de ellos está estudiando en el ITESM Campus MZT, y el otro, que es muy carismático, esta aquí… pasándola bien. “It feels much like home”, me dijo el sábado pasado. Es normal encontrárselos a las 7 de la mañana surfeando en la playa de Olas Altas, mientras venimos de regreso del Colegio Pacífico.

Volviendo al edificio: abajo, en la planta baja, hay un ciber, una tienda de libros usados y una de abarrotes. Esta última la atiende Don Nacho, personaje interesante, quien ha escrito dos libros que relatan costumbres e historias de la región. Es un ritual diario el que gente se siente fuera de la tienda a charlar, esto por las tardes, todos en torno a Don Nacho. Joaquín, el del negocio de lavado de autos y la pensión, es parte del grupo. Si se pone mucha atención se podrá uno dar cuenta que la conversación gira entorno a temas variados. Mientras, en el ciber, a esas horas en que el sol ya va cayendo, muchos extranjeros acuden a "checar" y enviar sus correos electrónicos. Norteamericanos, holandeses, australianos, me sorprende la diversidad del puerto. Hay, incluso, africanos viviendo aquí.

Vista desde el Depto.
Desde el balcón se ve el mar. Al fondo, el famoso "Hotel Freeman". La de la esquina, en primer plano, es una casa recién remodelada como hostal.

En fin, no quise dejar pasar mucho tiempo para mostrar estas imágenes. Dan me ha sugerido que las pusiese y, pues, aqui están. He tomado un cerro más, pero ya irán saliendo. Por lo pronto, comparto éstas, en torno al 2 (Y si, me prestaron la cámara, así que no hubo tiempo de pensar demasiado).

TIO JOE

Cercanía

Aqui todo está más cerca. La calle que nos separa de la acera de enfrente es más angosta, de un solo sentido, sólo cabe un auto. La cercanía con el mar es íntima; si tantito te descuidas, las olas te pueden bañar mientras caminas sobre el malecón.

La gente está más cerca, también. Todos saben quienes somos y de dónde venimos. No importa que yo no sepa sus nombres, todos en la cuadra lo saben… "Son los de Guadalajara". No se quién se los dijo.

La música está más cerca. Todos la escuchan. El del bar de la esquina, el taxista, el chofer del camión urbano, el que hace guardia en la recepción de un viejo hotel, el que lava autos en la pensión, todos, todos escuchan algo, aunque no todo sea de mi agrado.

También, la pobreza está más cerca. Todo es más visible. El mendigo que deambula por las Olas Altas, la mujer de mirada perversa y apariencia demoníaca que clava su vista en el horizonte, mientras permanece sentada sobre el malecón; el extranjero que se ejercita, el amigo que recoge la basura, el de Guadalajara que quiere familiarizarse con el entorno. Temprano, en un restaurante aquí cerca, una pareja desayuna relajada y bien despierta, al lado de ellos un tipo va por su segunda cerveza a las ocho de la mañana.

Por la puerta de una oficina entra una secretaria con un CD que acaba de entregar un productor de Hollywood. “Me dijo la señora que se lo entregara a usted”. En la puerta de al lado está un minusválido que trabaja y hace que su discapacidad pase desapercibida. Todos cerca, uno de otro.

Todo se entremezcla; la riqueza y la pobreza; el frío artificial de un cuarto con el sofocante calor natural; en la radio la voz aguardentosa del padre Piras con la desenfadada voz de Max y Tito. En la calle, una rubia alta, bellísima, con unas tetas naturales que pierden proporción con sus largas piernas —no puedo evitar voltear a verla una vez que nos hemos cruzado por la misma banqueta, mide más que yo. Debe rondar el 1.85m—, del otro lado, en la cuadra que sigue, está la morena de fuego; trae su negro y grueso cabello recogido en una cola, un pantalón de mezclilla ajustado que delata las formas de una genética generosa y atlética. En la tienda de ropa de playa un surfista alto, de buena presencia, le arranca a mi mujer la extraña expresión "es una versión apagada de Alessandro".

Todo está más cerca aquí. La realidad cruda y la marinada. Todo se mezcla con la cercanía, los olores, los aromas y la brisa que produce el incesante ir y venir de las fuertes olas.

Breve reporte de una semana frenética

Hay que romper este silencio. La mudanza ha sido una aventura inesperada en todos los sentidos. Los muebles llegaron en menos de 24 horas, y en ese mismo lapso de tiempo logré conseguir un lugar para habitar.

El departamento es de dimensiones que no aplican en este siglo. Tiene 3 recámaras más un cuarto de servicio. Es un departamento de tres baños completos. Está ubicado en la llamada "zona vieja" de este puerto. Si uno se asoma por el balcón del segundo piso en donde estamos instalándonos, al voltear al lado derecho, al final de la calle, se puede ver que a media cuadra está el mar (la famosa zona de "Olas Altas"). Justo al frente está el Museo de las Artes, del lado izquierdo del pequeño edificio está el Museo de Antropología de la localidad. En fin. Ya tendré cámara para compartir algunas vistas.

El calor era algo de lo que estabamos conscientes, así que el clima ha estado como lo esperabamos: muy caluroso. El aire acondicionado es parte de la vida; en el auto, en casa, en la oficina, en todas partes. El calor está en estos días tan intenso que al bajarme del auto los lentes se me empañan por el cambio brusco de temperatura.

Los niños están en una escuela que tiene 75 años operando "Papá, desde mi salón se ve el mar". La verdad es que la vista es majestuosa.

No he visto a nadie más que a nuestros anfitriones. A esa pareja complice de esta locura. Estas personas que me ayudan a encontrar la dimensión de lo humano, esa extensión de aquellos pocos que hicieron posible que el brinco tuviera el impulso exacto.

Mi Negro, si lees estas lineas debes de sonreir cuando te diga que los cargadores de la mudanza fueron nada más y nada menos que los lava-autos de las Olas Altas, comandados por Don Paleto y motivados por una "caguama"... impresionantes. Cuando le dije a Don Paleto "¡cabrón estos se nos van a a morir aquí, están crudisimos, y son las 7 de la mañana!", me respondió con total desenfado, recordándome que con el "caguamón" era suficiente para mantenerlos a flote (Tuve que sentarme frente al mar por un momento para comenzar a darme cuenta de que estoy de regreso en Mazatlán).

Me despido por ahora. En verdad hay mucho que comentar (mucho), pero tengo que ver algunas cosas. Saludos a todos.

TIO JOE

Sus muelleos los estaré recibiendo temporalmente en guaymas@hotmail.com