"Loquitos"

Todos los días veo un loco. "Loquitos" les llaman aquí (No estoy tan seguro de que lo estén del todo, salvo algunos cuantos que no dejan lugar a dudas).

Hay una "loquita" muy famosa que recorre la zona de las Olas Altas con una ballena* en la mano. Un día la encontramos sentada dentro de la cochera, en casa de Monchis. Sin necesidad de dirigirse a ella, abandonó el lugar para re-ubicarse en otro espacio. Otro día, Mister tuvo que esquivarla mientras conducía por el Paseo Claussen (Me dice Mister, ahora mismo, que no es la primera vez que esto le pasa. Me comenta que en otra ocasión tuvo que hacer un alto total para esperar a que se quitara. Los automóviles que hacían cola no usaron el claxon. Todos saben de ella).

El sábado pasado uno de estos "loquitos" llamó mi atención, pues, insultaba de forma soez a unos norteamericanos que pacíficamente acudían a la librería que está debajo del departamento. Los improperios eran tan molestos de escuchar que me sentí con ganas de salir a increparle. La razón se mantuvo... es un "loquito". "¡Pinches gringos hijos de puta, vayan y chingen a su madre, cabrones, culeros, váyanse a la v...!" Así se iba alejando, sin dejar de gritar, incesantemente. Pobre alma. Violentando una hermosa mañana soleada. Mientras, los norteamericanos guardaban absoluto silencio.

Está "el joven", que lo encuentro frecuentemente dormido en las aceras, con la mirada ahogada en el alcohol, en posición fetal, ausente, perdido, callado, misterioso, herido de muerte. El cabello lo trae muy corto, lo que sugiere que alguien se lo empareja de vez en cuando, o bien , que se acaba de entregar recientemente a este ciclo destructivo que lo trae por la calle dando tumbos, ante la indiferencia de los que por ella transitamos. Me da pena, a veces; en otras, me inspira cierto temor. Hace dos días lo encontré más lúcido, sentado en una banqueta, encogido, retraído, pero con la mirada más clara.

También, tengo días viendo a un "recién llegado". Le digo a Mister que ese es nuevo. La barba apenas le comienza a crecer; el cabello ya da señales de estar lo suficientemente mugriento como para dar un acabado de gel barato. El bronceado revela las horas que su piel se expone al sol. El tipo no es feo. Tiene los ojos verdes y el cabello claro, casi rubio. Trae su colcha bajo el brazo. Deambula por esta zona del centro histórico. Si le pudiéramos poner un traje, con un portafolio bajo el brazo, muy bien podría pasar por un ejecutivo muy "fashion". Se detiene en las esquinas y divaga, con la mirada serena, como tratando de encontrar una excusa para dirigirse a cualquier lado. Es alto. Camina erguido. Este se ve bastante sano. En unos meses se verá como uno que bien podría bautizar como "Judas Iscariote". Flaco, de pelo muy largo, con nudos amontonados por la mugre, sin camisa, con un pantalón harapiento que ni siquiera llega a los tobillos. Anda descalzo y su piel está ya completamente tostada por el sol. Su mirada... su mirada. Este si está loco.

¿Qué historias esconden todos ellos? No son mendigos o pordioseros. No piden limosna a los transeúntes, no piden dinero "por Dios". La "loquita" de las Olas Altas, me dicen que roba su comida en un puesto de tortas que está cerca de la plazuela Machado. El del puesto ya le conoce sus mañas. No molestan a nadie, (con la excepción del antinorteamericano vociferante). Me dice Oscar —amigo, dueño de un restaurante—, que a veces se los llevan a Villa Unión. Que los sueltan allá, para pretender mantenerlos a distancia de los turistas, pero "solitos regresan. Aquí te los encuentras de nuevo".

Es el mar y las olas lo que los hace regresar. Buscan reencontrarse en el horizonte, donde en ocasiones se dufumina la linea entre el cielo y la tierra. Llegan hasta el límite, donde ya no se puede caminar, donde la arena termina y comienza el mar. Como lo hizo el "loquito" que se tragó el mar hace un par de semanas. Decía el periódico que se quedó dormido y las olas se lo llevaron, lo arrastraron mar adentro. Esa misma noche de la breve nota informativa, mientras veía el mar, pensé en que debió haberse confundido. Vio la luna llena de esos días y siguió el camino plateado que su reflejo marcaba sobre el océano nocturno. Cansado de errar, de esas últimas horas eternas sin conseguir alcohol, confundió la luz intensa con la señal que buscaba calladamente; esa señal que le indicara como volver a los días donde flotaba tranquilo en el vientre materno, en los que nada oía, tan sólo aquel murmullo incomprensible, mientras su madre, sobando su panza, le decía "ay cabrón, a ti si que no te esperaba". Todo esto antes de ver la luz aquella por primera vez.

El mar lo regresó a tierra. Ahí lo encontraron tendido. Seguramente con una casi imperceptible sonrisa; esa que sigue ausente en su grupo nutrido de solitarios colegas.

TIO JOE

Vox Populi (Volpi responde)

Con casto corazón, con ojos
puros,
te celebro, belleza,
reteniendo la sangre
para que surja y siga
la línea, tu contorno,
para
que te acuestes a mi oda
como en tierra de bosques o de espuma,
en aroma terrestre
o en música marina.

"Oda a la bella Desnuda" (Fragmento)
Pablo Neruda


Oda

ALESSANDRO VOLPI

Mudanza

Antes de la mudanza se decidió tirar aquello que ya no cumpliera cabalmente con su función. Era una oportunidad para deshacerse de cosas que están con uno más por costumbre que por funcionalidad. Y así fue.

Pocas cosas quedaron en realidad. Y lo más irónico es que la mitad de ellas venían en el camión; tan sólo hicieron el viaje para cambiar de dueño o de lugar. Es poco con lo que nos hemos quedado. Hay una parte de simbolismo en todo y otra parte de sentido común y nuevas intenciones. La oportunidad de reconstruir el espacio, congruente con la visión propia de la vida.

Quedan pocas cajas aún sin abrir, pero lo más inesperado es descubrir que con la mudanza todo ha sufrido un cambio. Nada queda sin sentir el cambio. La mesa de centro, que con la humedad se dilata, ya no cuadra con el cristal que le acompaña, las cuerdas de una guitarra eléctrica que muestran señales de oxido en tan sólo unos días, el ventilador que se ensucia con mayor rapidez, el papel que reciente el clima. Los muebles que salen sobrando en un departamento donde hay espacio para guardar las cosas.

Lo único que no ha hecho el cambio son algunas ideas bien cristalizadas. Esas que a veces defendemos y a las que nos aferramos más por costumbre que por una convicción meditada y consciente.

Hay cosas por seguir tirando. Para aprovechar mejor el espacio hay que reflexionar sobre la función de los muebles y las cosas que guardan. Hay espacios que se deben de utilizar de mejor manera. A cinco semanas, hay la oportunidad de completar la mudanza (incluso la de algunas ideas).