Cartas de Don Issam

Carta del Ing. Issam Azuri Yapor, Libanés de origen, a su amigo Antonio Trabulsi, quien también lleva sangre del país de los cedros en las venas.

Las hienas llegaron del sur, con rostros desfigurados, como perros hambrientos se lanzaron sobre los inocentes. Y el festín infame comenzó, teniendo los belfos babeantes.

Ratas de alcantarilla, pus apestosa de su propia historia, que nunca van a poder cerrar. Frutos de talmudes infames, de thoras escritas con su mismo odio. Pero ¿de qué están hechos? ¿de qué oscuro lodo fueron creados? Ya lo diría Charles Corm: son producto de unos catecismos de chacales y lobos. ¿A estos se les llama vecinos? ¿a estos chimpancés gesticulantes del averno? Se desenmascararon solos. La sospecha eterna de la falsedad de su mosaiquismo se hizo realidad. Ahora es una verdad a la vista. Los cobardes se auto justifican. Aunque tuvieran un mínimo de razón. Aunque los asistiera el mínimo derecho de sentirse atacados. Nada justifica el cobarde, rastrero y desalmado ataque masivo a sus vecinos pacíficos, a los niños, a los hospitales, a los caminos de acceso por los cuales la población civil pudiera recibir ayuda.
Ya lo han demostrado a través de toda su historia, comenzando por crucificar, inmisericordes, a un inocente.

Aunque Hezbollah fuera el grupo más reprochable del mundo, ellos fueron peores. Jamás se acercaron al gobierno para entablar una plática. A bombardear se ha dicho.

Ojalá que su dios (no Dios) los perdone. Que su jehová celoso, sanguinario, localista, enojón, tiemble por ellos.

Issam Azuri
Julio 2006

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Te ruego hermano Antonio que me perdones este desahogo. Todo fue escrito sin detenerme. Ante mi propia impotencia, estoy haciendo lo único en que he podido ayudar. A través del Instituto - - - - - - - - - - - - - - - - - - y en ausencia del cónsul Gresati que estaba en Líbano arrinconado, obtuve el permiso de traer a algunos libaneses en calidad de refugiados. Estoy tramitando la salida de cerca de siete personas, - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - .

El cónsul Gresati llegó del Líbano junto con un grupo que salió por tierra del Líbano a Turquía y de ahí a Frankfurt.

Un abrazo de tu hermano que sabe que nada y menos unos judíos van a acabar con un pueblo milenario superior en todo a ellos. Sobretodo en la paz.

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La siguiente es una reflexión de Eduardo Azuri Miranda, hijo de Issam:


Papá:

Tu carta es vehemente y mueve muchas reflexiones. Me hace ver hasta qué punto una religión puede envenenar el alma y el corazón. Desgraciadamente, en gran medida, el judaísmo es la religión prototípica del odio y la segregación sectaria, aunque el resto de las religiones occidentales, cristianismo e islamismo, no son muy diferentes y en su nombre se han cometido terribles atrocidades.

Hoy me queda claro, también, que a pesar de esta barbarie, de esos simios que la ejecutan, debemos diferenciar a los gobiernos perversos de sus ciudadanos, que si bien no todos, muchos rechazan esos procederes. Sigo creyendo que, aunque sean los menos, existen judíos justos y pacifistas que han logrado no contaminar su espíritu con ese evangelio de chacales al que te refieres, con la palabra perversa de ese dios, (coincido en escribirlo así con minúsculas), vengativo, justiciero y revanchista, que se sitúa en las antípodas del Jesús que amamos.

Y pensando en Jesús, mis sentimientos se entrecruzan, porque quizá, él volvería a exclamar ante esta muestra, nuevamente, de abuso de poder y crueldad, en nombre de una "patria amenazada por los terroristas" (a él también se le vio como sedicioso y peligroso para el poder reinante):

Perdónalos padre, no saben lo que hacen.

Y, quizá, la frase aplique bien a los soldados que reciben instrucciones, o a los que cegados por la religión matan y destruyen.

Pero a los gobiernos, a esos que lanzan a sus pueblos y a sus jóvenes, sabiendo muy bien lo que hacen, a matar o destruir ( sea Bush o el premier Israelí ) con fines que van más allá de lo religiosos, para proteger mezquinos intereses económicos y políticos, para esos no creo que haya perdón de Dios o de Jesucristo. Son los mercaderes que El expulsó del templo, son los que ofenden y envilecen este santuario sagrado que es la humanidad, produciendo más odio y venganza entre los pueblos en lugar de concordia y paz.

Son a los que Jesús, valiente, llamó: hipócritas, fariseos, raza de víboras.

Para ellos todo el deshonor, la vergüenza y la indignación; para ellos, sólo la esperanza de que, como tu lo haz escrito, ni su dios los perdone...

Un abrazo desde acá, comprendiendo todo tu dolor e indignación, y con la esperanza de que podamos ayudar a quienes en este momento sufren injustamente.

Eduardo


Nuestro agradecimiento a Don Issam Azuri y a su hijo José Eduardo (nuestro Zuripanto) por compartir abiertamente estas cartas.

Un viejo lobo de mar

A lo lejos sólo pude ver que era un hombre mayor. Poco pelo y todo cano. Una gran barriga se delineaba como llanta de caucho debajo de su lycra negra, mientras permanecía sentado sobre su tabla de surf. La nublada mañana, para alegría de los surfistas, trajo un fuerte oleaje, producido por la cercanía de la tormenta "Emilia".

En el instante justo, el viejo y voluminoso individuo se recostó sobre la tabla y braceó. Su brazada no era vigorosa, pero logró treparse sobre la ola, con más maña que fuerza. Lo observé, esperando que se parara sobre la tabla. Nunca lo hizo. Permaneció tendido sobre ella, mientras hacía el recorrido, como si la tabla fuese un boogie board. Se deslizó, mientras la ola rompía, confundiéndose entre la espuma. Giró, en cierto punto, con un par de brazadas; remó contra corriente. Regresó, de nuevo, a sentarse sobre la tabla, en espera de otro momento más.

Kyrios

Siempre que conversamos, invariablemente, en algún punto de la charla, se confirma esa extraña vinculación con el absurdo: “¡ya extrañaba decir tantas pendejadas!”.

Así son nuestros encuentros esporádicos: una práctica necesaria de la dispersión. La necesidad del absurdo como hilo conductor de una conversación que, plagada de risas, bromas y albures, ayudan a dejar la solemnidad y la seriedad guardadas en donde debieran estar más frecuentemente. “Un poco de sabiduría y un poco de estupidez”…

Pero no todo en él me produce risa. También, he visto con perplejidad como se desdobla en ocasiones, cuando se encuentra frente a un desconocido. Entiendo que ese muro falso que levanta no es nada más que un muro de contención en donde se protege de las apariencias. Y no resulta tan extraño cuando uno recuerda que su vida esta rodeada de apariencia: maquillaje, luces, sombras, el escurridizo concepto de la belleza como un requisito indispensable del ser. El día que Giuseppe lo conoció no pudo evitar —con esa franqueza que caracteriza a Giuseppe— decirle de buenas a primeras: “Oye, qué mamón eres”. El muro se había levantado.

Pero, el que logra asomarse detrás del muro, descubre el por qué, después de tantos años, el hilo de la amistad no se ha roto. Sus divagaciones sobre el vínculo entre el color y la personalidad siempre me parecieron interesantes; sus confidencias sobre la cercanía con el SIDA y las penas vividas con sus amigos en San Francisco; el stigma superado y, sobre todo, su secreta autocrítica sobre el vacío detrás de la apariencia; el disfraz de la supuesta felicidad y la frenética búsqueda de aceptación detrás de las prendas de marca.

Ayer por la mañana, temprano, me llamó vía telefónica. No me encontró porque estaba en la azotea reconociendo mi entorno. “Dile que le llamo en una media hora”, le dijo a MR.

El teléfono sonó. Contesté.

— ¿Bueno?
— Ya me dijeron que estabas en la azotea.
— (risas) ¡Kyrios!
— Hay quienes tienden a subir, y hay quienes suben a tender.

Carcajadas estruendosas. Así inició nuestra conversación. Charlamos, reímos, le dije que había comprobado que realmente es bueno con la tijera y que, después de mucho buscar a alguien con su estilo, había terminado por recurrir al corte con máquina, parejo, muy corto, sin complicaciones. “Una vez que me conocen, no me pueden olvidar”. Risas, más risas. Hicimos votos por vernos pronto en persona, después de saber que va a abrir un spa en Guadalajara. Colgamos.

Pensé en su talento. Le ha cortado el cabello a muchas figuras reconocidas de la farándula mexicana, pero rehuye con gran efectividad a su propio éxito. Mientras su colega de años ya está instalado entre "las estrellas", él sigue ocultando, detrás de aquellos lentes obscuros, la lucha entre “la diva” y la sencillez del extraordinario ser humano que habita en su ser; la lucha entre el poderoso impulso sexual y la búsqueda real del amor.

No todo es sexo, no todo es dinero, no todo es apariencia, no todo se puede planear, no todo son risas… pero qué bien cae un poco de absurdo, en medio de tanta lógica. Sé que no lees el muelle, pero de cualquier manera: Gracias, Kyrios.

Lluvia en la costa

El sábado pasé a saludar a Don Nacho. No estaba en la tienda. Su sobrino me dijo que estaba en la pensión, con Joaquín, en el local contiguo. Me asomé al interior del edificio y, allí, debajo de la lona que cubre a los autos, estaban sentados Nacho, Joaquín, el Güero, el "Peje" y uno de los chavos que ayudan a lavar autos en la pensión; todos alrededor de un banco sobre el que había un plato. Me vieron, y la invitación de Nacho fue inmediata: "¡Ven, pásale, tómate una cerveza!". En lo que me dirigía hacia ellos, me sirvió en un vaso desechable una buena cantidad de Corona. El plato tenía salchichas con un poco de picante como botana.

La tarde estaba nublada. Comenzaba a llover. Don Nacho contaba anécdotas del México que ya no existe; el Güero compartía su visión de las cosas: "antes había más glamour"; el "Peje", que en su juventud fue mesero, contó la anécdota del amante extraordinariamente bien parecido que murió víctima de los celos, cuando el marido de su querida se apersonó y, frente a todos los presentes en el bar, sació su rabia, cegando la vida del apuesto individuo de un certero plomazo. "Era un galanazo, tenía mucho pegue, pero se metió con una casada" decía en un tono de resignación.

Don Nacho compartió algunas de sus faenas. Charlamos y bebimos cerveza, mientras la lluvia refrescaba la atmósfera del puerto. El atardecer se diluía con el arribo de la noche. Joaquín se reía de las bromas y los albures que salpicaban la charla cada vez que, con un palo, escurría el agua que se acumulaba sobre la lona, producto de la constante lluvia.

Hablamos de política. Todas las corrientes estaban representadas. "Yo antes era priísta" nos confesó uno de ellos; "Si voté" confesó Don Nacho, "qué bueno, Nacho", le dije. El Peje escuchó la charla sin aspavientos. Nacho servía más cerveza. El vaso nunca estuvo vacío. "Así son las mejores reuniones; cuando no se planean", repetía Nacho esporádicamente. "Te va a regañar tu vieja", le decía el Güero al "Peje" que, de vez en cuando, veía su reloj.

Llegó el tema de la vida, de las mujeres, de las parrandas, las borracheras, la vida en el campo y, por supuesto, los narcotraficantes —un tema ineludible en estas tierras—. "Gomeros, antes se les llamaba gomeros" recordó Don Nacho, dándonos una explicación completa. El ayudante de Joaquín nos reveló que él salió de una mortal adicción a las drogas. "Si no me hubiera casado, ya estaría muerto" nos confesó, sin ninguna inhibición. Minutos después se fue, ya bien tomado, en una bicicleta que le vendí a Joaquín, muy barata, por cierto. "¡Vete a tu casa, derechito a tu casa, con tu mujer. No hay necesidad de más!" le gritaba el Güero con voz paternal, mientras el joven salía pedaleando hacia la calle, asintiendo con la cabeza. La luz de los faroles se reflejaba en la superficie mojada del asfalto. El cielo aún dejaba caer una suave llovizna.

Minutos después, todos hicimos lo mismo: aplacamos la euforia y decidimos partir a casa. "Yo te llevo" le dijo Joaquín a Nacho, mientras iba a sacar su VW de la pensión. La esposa de Joaquín apareció oportunamente para acompañar a su marido en la encomienda.

Elecciones

Reviso la lista de mis propias inconsistencias. Me pierdo por horas en lo inútil de mis recuentos personales. Remarco mi propio absurdo sobre un papel que asemeja la carta a San Nicolás que nunca escribí. Espero ver resultados preliminares sobre elecciones que no he tomado. No puedo reconocerme en esta fragmentación. Recuerdo de mi infancia la confusión en aquella casa de los espejos (la solución tan sencilla que tomó el niño que fui).

El ruido de fondo permanece.

Me exijo el recuento de cada una de mis secretas preferencias. Sigo sin comprender por qué esta realidad no responde a mis anhelos más profundos. Algo no coincide entre mi debe ser y mi ser. Podremos sumar juntos los votos que con devoción he hecho sin recibir gracia alguna. Difícilmente podremos sumar los silencios.

El ruido de fondo permanece.

Me toca presidir sobre mis propios actos. El único fraude está en mi incongruencia. Llegó la hora de gobernar mis impulsos y legislar sobre mi desidia. Mi verdadera pobreza ha radicado en mi incapacidad de imaginar.

TIO JOE