John y los vientos

El día ha estado nublado. La temperatura se supone que es de 29° C. Yo tengo mis serias dudas. La diminuta leyenda debajo del indicador de la temperatura dice "se siente como 32° C". Yo siento como si fueran 38. No sé cual sea el porcentaje de humedad, pero quizá esta sea una de las razones de esta atmósfera sofocante. Ayer y hoy han sido los días que más calor he sentido este verano. La chica del café internet, Paulina, se muestra inquieta por la temperatura. "No me gusta este clima. A ver si no pega", nos dice con la mirada perdida, mientras ve hacia afuera, donde el hermoso olivo negro permanece con todas y cada una de sus hojas inmóviles.

La ciudad toma sus precauciones ante la inminente cercanía del huracán "John". Una de las empresas con la que trabajo tiene en este momento una reunión de contingencia, para tomar las medidas precautorias ante cualquier posible eventualidad, según me lo acaba de informar el director de mercadotecnia.

Nosotros pareciéramos estar tomando más precauciones que los demás, pero la verdad es que estamos preparando una nueva mudanza. De nuevo empacando cosas. Este departamento me gusta mucho. Se siente raro dejarlo. A Nacho no le cayó en gracia la noticia, a Paulina tampoco. Lo que más me sorprendió fue la cara de lamento de nuestra distinguida casera. El desplazamiento será a unas cuantas cuadras de aquí mismo, también a una cuadra del malecón, en Olas Altas. La vista no es la misma, la atmósfera tampoco es igual. Este sitio es de privilegio. Sólo un milagro nos mantendría aquí. Pero la oportunidad es muy buena. Un buen espacio, un poco más pequeño, por casi la mitad de lo que pagamos hasta hoy. Haremos el cambio de forma escalonada. No hay prisa por ahora. Mientras, todos seguimos de reojo la lenta y señorial marcha de "John", quien se pasea bordeando la silueta de esta tierra mexicana, dejando en claro quién tiene el verdadero poder aquí.

Stencil Graffiti (2)

Si escucho el término "cultura pop", lo que viene más rápido a la mente se asocia con estereotipos, por lo general negativos, que aluden a la expansión de una cultura de consumo masivo. Si escucho hablar del rey del pop puedo pensar en Elvis, o Michael Jackson, pero, en realidad, la cultura popular es mucho más compleja de lo que marcan los estereotipos (y estamos inmersos en ella).

Aunque algunas de las imágenes del graffiti no logran trascender su aspecto estético, otras logran construir un argumento más allá de la composición. No estoy muy seguro de que los autores se sienten a conceptualizar a fondo, pero lo que es un hecho es que sus imágenes estimulan la divagación.

Asociar el concepto de izquierda con cultura pop no es común; pensar en el rey del pop no lleva a pensar en Hugo Chávez. El status de celebridad alcanzado por estos personajes no se asocia directamente con la parafernalia mediática que se vincula a la cultura pop. Lo que es cierto es que se valen de ella, como cualquiera de sus antagonistas.

Graffiti 1

Graffiti 2

Stencil Graffiti (1)

No se puede caminar despierto por el centro histórico de Mazatlán sin notar la presencia del graffiti. Estas expresiones urbanas irrumpen en medio del ir y venir cotidiano. Más allá de la propuesta contracultural y las similitudes que pueda haber con Warhol, algunos de estos dibujos invitan con extrema sencillez a mover la conciencia.

Caminando bastante contrariado, hace algunas semanas atrás, me encontré con uno de estos stencil graffiti. Me detuve. Éste no estaba sobre un muro; estaba sobre la acera. Me pregunté quién habría sido el autor de semejante puntada. Después de observarlo un instante, continué mi trayecto, pensando realmente en cómo quería caminar aquel día, transitando así de un caminar contrariado a un caminar reflexivo.

En la soledad de la madrugada, los autores de este arte urbano salen a plasmar estas imágenes impregnadas de ese espíritu rebelde que caracteriza el oficio del arte. Este graffiti que observé sobre la acera ha ido desvaneciéndose, pero me acabo de percatar que el autor se encarga de seguir dejando su huella en otros puntos de la zona, haciéndolo con sigilo, seguramente en lo que debe ser, por las noches, un caminar clandestino.

Caminar

Judith y el placer de charlar

El día de hoy me sucedió algo de lo más inesperado. Por la mañana, todavía con mis pijamas puestas, me avisaron que Judith me esperaba afuera. Cuando salí a saludarla me dijo: vengo por ti para ir a la radio. Quiero entrevistarte. Quedé mudo —¿Es verdad esto?—, le respondí unos segundos después. ¡Si, claro! Azorado, fui a cambiarme. Una de las ventajas de vivir en una ciudad como esta es que el calzado puede ser de lo más informal. Judith, ¿te importa si voy en chanclas?. No´mbre, así vente.

Durante una hora Judith y yo charlamos sobre temas variopintos en la radio. Me reí mucho. Judith tiene un carisma inmenso, aunque me da la impresión de que ella no está del todo consciente de ello. Sentarse y hablar con ella, frente a un micrófono abierto, es algo que resulta disfrutable e inolvidable. Ha entrevistado a personajes de lo más diverso, y de alguna forma, como en el caso de Rius, uno termina por agradecer la forma en la que aborda los temas.

Al final del programa le recordé una frase de mi amigo Ernie: realmente trascendemos a través de lo cotidiano. El día de hoy no lo recordaremos por el retiro de Israel del sur de Líbano, o las declaraciones peregrinas de nuestros políticos; lo recordaremos por la charla que tú y yo hemos tenido en la radio, con el micrófono abierto.

Bicho cuarentón feliz

Nuestro Zuripanto, desde Xalapa, escribe para el Muelle


Ahora que alcanzo los 40tas, comparto con mis cómplices del muelle 66, —en este año especialmente significativo en que los seises se vuelven ciclo de vida que se sintetiza en el disfrute de lo obtenido y madurado—, este soneto de Jaime Dávalos que un amigo, Julio Mangiameli, emisario de las voces de universo, me compartió sin darse cuenta que, por su significado descriptivo de mi ser a estas alturas del partido, me hacía el más grande de los regalos jamás recibido en onomástico.

De mínimas heridas lastimado
me voy muriendo a ratos tan ligero
que me siento lejano y extranjero
del que ayer fuera alegre y confiado

Tengo un niño en el alma rezagado
no quiero endurecerme y no lo quiero
mi ser, mi sangre, mi tener sombrero,
sino ser un cantor enamorado

Quiero permanecer en la tristeza
y en la angustia de andar como los bichos
perdido en el mundo de la leña

Llevar como novia mi pobreza
y morirme del gusto y el capricho
de ser un trovador que canta y sueña.

Jaime Dávalos

Y gracias a ese poema, que me hizo reflexionar tanto en los últimos días, hoy me vuelvo a sentir cercano de aquel que fuera alegre y confiado, y mi niño rezagado emerge de nuevo tan ligero, que ando feliz, locamente feliz, como los bichos que saben que cuando han acumulado lo que tenían que vivir todo lo que venga es un regalo de cantos y de sueños, y que la muerte puede venir cuando se le antoje por su santo capricho, al fin y al cabo ya no hay más expectativas (como cuando se cumplían 20 o 30, que si las tenía) que el disfrute que proporciona cada instante.

Eso es lo hermoso de tener 40, el cuerpo y el alma dejan de tener deudas…

ZURIPANTO