agosto 13, 2006

Bicho cuarentón feliz

Nuestro Zuripanto, desde Xalapa, escribe para el Muelle


Ahora que alcanzo los 40tas, comparto con mis cómplices del muelle 66, —en este año especialmente significativo en que los seises se vuelven ciclo de vida que se sintetiza en el disfrute de lo obtenido y madurado—, este soneto de Jaime Dávalos que un amigo, Julio Mangiameli, emisario de las voces de universo, me compartió sin darse cuenta que, por su significado descriptivo de mi ser a estas alturas del partido, me hacía el más grande de los regalos jamás recibido en onomástico.

De mínimas heridas lastimado
me voy muriendo a ratos tan ligero
que me siento lejano y extranjero
del que ayer fuera alegre y confiado

Tengo un niño en el alma rezagado
no quiero endurecerme y no lo quiero
mi ser, mi sangre, mi tener sombrero,
sino ser un cantor enamorado

Quiero permanecer en la tristeza
y en la angustia de andar como los bichos
perdido en el mundo de la leña

Llevar como novia mi pobreza
y morirme del gusto y el capricho
de ser un trovador que canta y sueña.

Jaime Dávalos

Y gracias a ese poema, que me hizo reflexionar tanto en los últimos días, hoy me vuelvo a sentir cercano de aquel que fuera alegre y confiado, y mi niño rezagado emerge de nuevo tan ligero, que ando feliz, locamente feliz, como los bichos que saben que cuando han acumulado lo que tenían que vivir todo lo que venga es un regalo de cantos y de sueños, y que la muerte puede venir cuando se le antoje por su santo capricho, al fin y al cabo ya no hay más expectativas (como cuando se cumplían 20 o 30, que si las tenía) que el disfrute que proporciona cada instante.

Eso es lo hermoso de tener 40, el cuerpo y el alma dejan de tener deudas…

ZURIPANTO

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