John y los vientos

El día ha estado nublado. La temperatura se supone que es de 29° C. Yo tengo mis serias dudas. La diminuta leyenda debajo del indicador de la temperatura dice "se siente como 32° C". Yo siento como si fueran 38. No sé cual sea el porcentaje de humedad, pero quizá esta sea una de las razones de esta atmósfera sofocante. Ayer y hoy han sido los días que más calor he sentido este verano. La chica del café internet, Paulina, se muestra inquieta por la temperatura. "No me gusta este clima. A ver si no pega", nos dice con la mirada perdida, mientras ve hacia afuera, donde el hermoso olivo negro permanece con todas y cada una de sus hojas inmóviles.

La ciudad toma sus precauciones ante la inminente cercanía del huracán "John". Una de las empresas con la que trabajo tiene en este momento una reunión de contingencia, para tomar las medidas precautorias ante cualquier posible eventualidad, según me lo acaba de informar el director de mercadotecnia.

Nosotros pareciéramos estar tomando más precauciones que los demás, pero la verdad es que estamos preparando una nueva mudanza. De nuevo empacando cosas. Este departamento me gusta mucho. Se siente raro dejarlo. A Nacho no le cayó en gracia la noticia, a Paulina tampoco. Lo que más me sorprendió fue la cara de lamento de nuestra distinguida casera. El desplazamiento será a unas cuantas cuadras de aquí mismo, también a una cuadra del malecón, en Olas Altas. La vista no es la misma, la atmósfera tampoco es igual. Este sitio es de privilegio. Sólo un milagro nos mantendría aquí. Pero la oportunidad es muy buena. Un buen espacio, un poco más pequeño, por casi la mitad de lo que pagamos hasta hoy. Haremos el cambio de forma escalonada. No hay prisa por ahora. Mientras, todos seguimos de reojo la lenta y señorial marcha de "John", quien se pasea bordeando la silueta de esta tierra mexicana, dejando en claro quién tiene el verdadero poder aquí.

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