Ese pequeño pedazo del "todo"

Hay temas que la mayoría de los seres humanos eludimos de forma magistral: la muerte, nuestros verdaderos deseos sexuales y, por supuesto, nuestra realidad económica. Son temas íntimos.

Hablar de dinero, por lo general, resulta controversial, y para algunos, incluso, hasta de mal gusto. Saber que Gauguin o Van Gogh no disfrutaron lo que su obra produjo me parece de una amarga irónia. Conozco algunos pintores vivos que creo merecen mejor suerte. Pensar que estos individuos o cualquier ser humano no pueda desarrollar su potencial al máximo me parece penoso –Iba a decir "injusto" cuando recordé a Ouspenski: «¿por qué habría de tener el hombre lo que no desea?» –

Al programa de radio me habla cada semana un pintor: su esposa, por motivos religiosos, no le permite pintar en su casa. En la última llamada salió a relucir que era cargador en una compañía atunera de aquí del puerto. Me sorprendí (De pronto, me parece que las finanzas personales traslapan su esfera económica y penetran inadvertidamente la esfera psicológica). Pero mejor aterrizo. Pongo los pies sobre la tierra y te comento por qué he estado pensando en ésto (No es sólo porque es lunes).

Fue en noviembre, hace 3 años, que me reencontré con un primo. Aquel día recibí una llamada de un teléfono móvil; una voz enigmática, con un aparente acento extranjero me dijo que mi primo estaba en la ciudad de Guadalajara y que ese mismo día por la tarde daba una charla sobre finanzas personales. Esa tarde lo fui a escuchar; tenía años sin verlo (esa misma tarde nació una amistad entrañable con la chica del "acento extranjero", que resultó ser una mexicana de lo más sexy).

A raíz de aquel reencuentro —y de aquella charla—, me involucré en algunos de sus proyectos, tuve la oportunidad de acompañarlo en varias de sus conferencias y de compartir con él tiempo valioso en sus viajes por Guadalajara, Pto. Vallarta, León y Mazatlán. Así me pude dar cuenta que este era el mismo primo que recordaba; el dinero no lo había cambiado; seguía teniendo las mismas virtudes y, por supuesto, los mismos defectos. También, me di cuenta que en el tema financiero, mientras él se dedicó a acumular un capital importante, los demás nos dedicamos a ignorarlo en mayor o menor grado todos estos años.

Como la gran mayoría de los que me conocen lo saben, mi primo abrió una cuenta aquí en México (el vive en California) para poder demostrar a los mexicanos con los que hace equipo, que sí se puede hacer crecer el dinero a través de los instrumentos de bolsa que se manejan aquí en el país.

Fue en una de las conferencias en la ciudad de León, Guanajuato, donde me pude dar cuenta con toda claridad que la mayoría de los asesores de las casas de bolsa en México no saben a ciencia cierta cómo sacar el mejor provecho del dinero con los fondos de inversión. Hablar de la bolsa de valores y de la "renta variable", inevitablemente, lleva a que la gente reaccione con la frase "alto riesgo". El primo me dijo que él le hacía la siguiente pregunta al asesor financiero, antes de abrir una cuenta: ¿Cuánto has hecho crecer tu dinero en los últimos 5 años? Mi primo es muy directo (a mucha gente en México, eso no nos cae en gracia).

Pero no estoy aquí para dar lecciones de finanzas. No. La mía ha sido una historia de finanzas desordenadas. En fin, de alguna utilidad me ha sido ser testigo de lo que ha sucedido con el proyecto financiero en cuestión y de ahí que quisiera compartir un par de observaciones.

Los fondos de inversión son instrumentos que deben de utilizarse sólo si se tiene una visión de largo plazo. De las poquísimas cosas a largo plazo en las que el mexicano invierte son los seguros para becas.

La otra observación es algo que me quedó muy claro cuando un ejecutivo de Lloyd con el que charlábamos divagaba reflexivo, después de una de las conferencias: "En la bolsa, la diferencia entre ganar o perder, radica en ese momento, en ese preciso instante en el que uno decide retirar el dinero". Así es. En el cuarto del hotel en León, revisamos los estados de cuenta de septiembre de 2001. Mientras los expertos financieros le decían a mi primo que lo que estaba haciendo era una locura, él simplemente aplicó lo que había aprendido. Es impresionante ver esas gráficas después de septiembre. Si, el dinero se fue en picada. Si, claro, no lo sacó de la bolsa. Los nervios no son buenos consejeros.

De mis amigos, los pocos que gentilmente aceptaron mi invitación para escuchar a mi primo (¡fueron dos!), irónicamente, han sido de los que al día de hoy han crecido más en los últimos 3 años. Gente trabajadora.

En cuanto a la cuenta que abrió mi primo en Diciembre de 1999 con 10 mil pesos, lo único que puedo decir es lo siguiente: habiendo meses en los que le ha metido 1,500 pesos, otros meses 750, muchos meses —si, muchos— en los que no le ha metido un solo centavo y tomando en cuenta que solamente en una ocasión le inyectó una cantidad mayor ( 7 mil pesos que le sobraron por ahí); dejando en claro todo esto es que puedo comentarles que, al día de hoy, según me afirmó vía telefónica, su cuenta muestra un saldo de 924 mil pesos este mes.

"Así como se compra un automóvil, así se puede usted comprar un millón", le decía a la gente incrédula en sus conferencias. A 7 años de haber abierto la cuenta, está a punto de demostrar con hechos que, sin nada de esfuerzo, él está comprando un millón, sólo para que su grupo de trabajo no le pueda decir que no tienen forma de hacer crecer el dinero que están ya ganando.

Cuando me comentó sobre su estado de cuenta, me preguntó, con su estilo inquisitivo tan característico, "George, ¿y tu qué has hecho en los últimos 3 años?". No pude evitar acordarme de la chusca frase atribuída a George Bernard Shaw: "Un hombre instruido es un ocioso que mata el tiempo estudiando".
Lo único que quiero, me ha dicho en repetidas ocasiones mi primo, es no darle dolores de cabeza a mis hijos cuando esté viejo. Ese es el motor de sus finanzas. Una aspiración muy válida, a la cual me suscribo con más deseo que con un plan concreto.

El juego de la vida incluye al dinero. Debemos desmitificarlo. El dinero no lo es todo, pero nada lo es.

Citas

En el muelle no aparecen citas textuales con frecuencia, pero hay ocasiones en las que bien se justifican. En medio del silencio y de la ausencia, de la pasividad, por fortuna, se puede uno colgar del pensamiento de otro ser humano.
"Cualquier conflicto se configura no desde el caos sino como un desafío al orden conocido..."

" [...] no hay mejor especialista en la tortura que el autorturador ni tampoco peor enemigo de la lucidez que nuestro firme sentido de la marcha, no hay mayor oscuridad que la ofuscación propia. Todo problema aparece emparejado con su solución. Saber cómo hallarla representa el problema verdadero; y el verdadero problema reside en el lugar donde se cree definitivamente afianzado el yo. El otro, sin embargo, que nos observa desde afuera, liberado de nuestra fijación, puede operar como la clave de nuestra libertad, la llave de nuestro bienestar y nuestro lujo. El otro es la solución".

Vicente Verdú
El Lujo del Otro


Sin título

No se qué me sucede en noviembre. Las letras se escurren entre los dedos, huyen en desbandada dejando vacío el espacio que imaginé como un párrafo. En estos días mis ideas flotan en una atmósfera lejana, sin poder caer en el campo de gravitación de un muelle que luce vacío con el paso de los días. Por ahora nada pareciera tener un sentido relevante.

Así, temprano esta mañana, he visto a una mujer de gran temperamento lucir con desfachatez su ser, en comando de su tiempo, de su espacio, de su cuerpo. Su fascinante autonomía, su vitalidad evidente y el reflejo de su figura frente a un gran espejo, me han dejado pensando: qué bella expresión del ser, reconocer el estilo y las características de una arquitectura propia, única e irrepetible.

Finalmente, pensé: en templos tan soberbios no debería haber cabida para los infieles.