In Memóriam

A mis compañeros navegantes de los mares, infinitos y finitos, unos sin los otros son imposibles, les comparto éstos, los dos últimos escritos de mi padre, en los que volcaba toda su esencia, nostalgia y conocimiento que le apasionaba, el que está emparentado de raíz y de ser con la tierra del oriente, granero espiritual del mundo, germen y polen de la civilización.

Leerlo me conmueve por lo que compartí y dejé de compartir sobre esas pasiones que también en mi habitan. Me invaden una mezcla infinita de sentimientos: emoción, dolor, ausencia, y también amor por él y lo que el amaba.

Ojalá este muelle me sirva como primer punto de referencia para ir a su encuentro, sea cuando tenga que ser...

Zuripanto


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Amigos

Somos libaneses, algunos emigrados y otros descendientes de valientes pléyades que surcaron todos los mares y labraron todos los continentes. Nos reunimos ocasionalmente bajo esta premisa, “somos libaneses”.

Allá, en una tierra de excepcional belleza y de personas de corazón limpio, existen grupos que están acabando con un país que no pudo ser destruido a través de los siglos por nadie. Ningún conquistador, ningún imperio, a pesar de ambiciones pudo acabar con nuestra tierra. Sin embargo, los de adentro, la están destruyendo, algunas veces por luchas políticas y muchas otras veces por diferencias religiosas y de credo extremo.

Me siento culpable, debido a que la emigración disminuyó la población de un determinado credo pacifista, permitiendo así el crecimiento de otros credos extremistas y fundamentalistas.
Leyendo a León Felipe Ruiz Camino, y parodiándolo me permito decir:

Libanés del éxodo de ayer
Libanés del éxodo de hoy
Te habrás salvado como hombre
Pero no como libanés.

Desde este cielo, bajo otra nube, me abrazo con amor a mi tierra, al saber que he abierto en ella heridas que no puedo cerrar, al dejarla sola, como el campesino que abandona el surco y deja lejos el arado.

Ante mi impotencia, solamente emito este quejido. Esta queja que es un grito que sale del propio dolor al saberme voz cautiva en otra tierra y bajo otro cielo.

Mi lamento es un desahogo ante la gente de mi propia sangre, de mis hermanos. Si así no lo hiciera, la soledad se volvería intolerable.

Issam Azuri Yapor - enero 2007


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El cristianismo inicial

La palabra “cristiano” se utilizó por primera vez en Antioquía, Siria, hoy día Antakya, y era la tercera ciudad en importancia del imperio romano. En primer lugar estaba Roma y en segundo Alejandría. De esa manera se designó en aquel lugar a la “gente de Cristo”, los Christianoi. Era una comunidad mixta de judíos nativos y gentiles nativos. El pueblo ya no hablaba arameo ni hebreo, sino el griego vulgar (koiné). Aquel movimiento prácticamente rural inicial se había convertido en un fenómeno urbano. Estamos hablando del primer siglo.

La palabra católico, que deriva del griego Katholikos, que es lo relacionado con el todo, con lo general, no se encuentra en ningún lugar de la Biblia. La expresión Iglesia Católica, la utilizó por primera vez Ignacio, obispo de Antioquía, en una epístola a la comunidad de Esmirna. La palabra católica simplemente significaba la totalidad de la iglesia, para que no se entendiera como solo la iglesia local.

Sin detenerme a analizar la manera de cómo surgen las jerarquías y las cinco cabezas de la Iglesia, señalo que en menos de un siglo, la iglesia perseguida se convirtió en iglesia perseguidora. Cuando surgió, para las comunidades, ella era la hereje y ahora ella perseguía a los herejes aún entre sus miembros. La Iglesia estatal romana ya no recordaba a sus raíces judías. La iglesia ahora reclamaba exclusividad sobre la biblia hebraica. La crucifixión de Jesús se atribuía a los judíos y su diáspora se consideraba justo castigo de Dios. Ahora los cristianos mataban cristianos. La religión se había vuelto estado e imperio y todo aquel que tenía diferencias en sus puntos de vista sobre la fe era un hereje.

La iglesia antes, había iniciado su vida como una historia de clases modestas desprovistas del más mínimo poder político o económico. Había una especial simpatía por los pobres, por los oprimidos, a semejanza del ejemplo de Jesús.

El cristianismo impregnaba de modo creciente todas las instituciones políticas, las convicciones religiosas, las enseñanzas filosóficas y en general el arte y la cultura.

Por sus orígenes hebreos, la verdad del cristianismo no podía ser vista ni teorizada. Debía ser siempre ser realizada y practicada. El concepto inicial de cristiano de verdad no era originalmente contemplativo y teórico, que sería el concepto griego sino operativo y práctico.
Cuando se heleniza el cristianismo, los argumentos de la fe ya no se centraban en solo ser discípulo de Cristo de modo práctico sino se tornó en mucho más en la aceptación de una enseñanza revelada. Se tenía que analizar esta aceptación en relación de Dios y Jesucristo y de Dios con el mundo. Surgió entonces la nueva cristología que forzó a través del Logos a situar a al Jesús histórico en segundo plano a favor de una doctrina y a favor del dogma eclesiástico de la encarnación de Dios. Todo el asunto comenzó a girar en controversias sobre la correcta verdad de la fe. La ortodoxa verdad.

De inmediato se volvieron numerosas las herejías cristológicas y consecuentemente la obligación de advertir toda desviación de la verdad, la de la Iglesia católica y universal.
El sencillo evangelio, los mandamientos y ritos se enfrentaron a la discusión espiritual que buscaba la gnosis es decir el conocimiento. Y se desbandó la sencillez en complicaciones, tales como buscar el origen del mal en el mundo y del divino soplo de vida que había descendido hasta el cuerpo humano. Se teorizaba sobre el maligno mundo de la materia y como retornar al divino mundo de la luz.

Lo canónico ya no contaba tanto, aunque se defendiera. Había que adoptar el sistema religioso sincrético existente propio del estado. En este sistema todo y todos tenían un lugar designado.
La defensa contra lo anterior fue establecida en tres normas reguladoras, que pretendían y pretenden hasta el presente la identificación de la iglesia católica en oposición a los movimientos heréticos o cismáticos.

La primera regla fue la creación de un credo resumido en el que se señalaba lo que debía creerse.

La segunda fue establecer un canon de escritura para el nuevo testamento basado en la biblia hebraica con textos reconocidos por la iglesia y que se permitirían en la liturgia.
La tercera fue la creación de cargos de Epikopos (obispos). De un simple encargo económico se convertía en ministerio de enseñanza..

La estructura creada, lamentablemente dejó fuera e imposibilitó la emancipación de la mujer, hasta hoy. Se había olvidado que ambos, hombres y mujeres habían sido creados en igual status, a imagen y semejanza de Dios.

Issam Azuri- enero 2007