Folio 3, Libro 1, Página 1.
El título de nuestro expediente de esta semana además de hacer paráfrasis a su título, hace homenaje a la genial novela de Rafael Bernal: “El Complot Mongol”, una de las obras más importantes, irónicas y penetrantes del género policiaco que se hayan escrito en lengua hispana.
Escrita en los años sesenta, pareciera que su autor, con aguda y profética visión, anticipara gran parte de los acontecimientos políticos del México moderno: Magnicidios, redes de tráficos de influencias, colapsos de sistemas de inteligencia atrapados en sus propias madejas de intereses y ahora la influencia China que parece extenderse y penetrar lo mismo estructuras políticas que económicas.
“Pinches chinos” expresa el protagonista de la obra, Filiberto García, matón-detective a sueldo que, no obstante, presta servicio a causas nacionales. Expresión que pudiera ser la de cualquier mexicano en estos momentos en el país: Lo decimos desde cuando compramos un cesto que creíamos lo habían elaborado artesanos de Oaxaca, hasta cuando desarmamos nuestro celular para ponerle pila nueva, y nos llevamos siempre el invariable chasco del rótulo o etiqueta de: “Hecho en China” ¡Chin! Si, todo, todo parece estar hecho en China. Mafalda tenía razón en temerles además de no incluirles en sus simpatías.
Es evidente, China se expande por la política nacional, por el comercio, quizá hasta por la mafia, (pregúntenle a Ye Go y sus dolarucos) se expande y parece que nadie, ni nada le detendrá. Como ejemplos podemos citar la realidad de que ya controlan a través de una de sus empresas gran parte de la operación portuaria del país, especialmente en Manzanillo, Ensenada, Lázaro Cárdenas y Veracruz; además de cabildear para que el congreso cree una nueva ley que les quite cualquier restricción ( Milenio, 16 de julio de 2007 ) además de la nueva invasión que harán de ropa y calzado ahora que desaparecerán las cuotas compensatorias que la Organización Mundial del Comercio les impuso para resguardar nuestra amenazada industria zapatera u textil. Si, China crece, aquí y en todo el mundo, las cifras son contundentes: hace dos años su PIB pasó al de Inglaterra para convertirse en la cuarta economía del mundo, este año desplazarán a Alemania del tercer lugar, en diez, de seguir con su ritmo de crecimiento del 10% anual, pasarán a Japón. Surge la pregunta ¿Y a Estados Unidos? ¿Le quitará el título de primera potencia económica del planeta? ¿En cuánto tiempo?
Aunque se dan diversos pronósticos, la posibilidad de que China rebase a los Estados Unidos, al menos en 50 o 100 años, se ve difícil. Por una sencilla y a la vez compleja razón que tiene que ver con la conducción de la globalización misma que, en gran medida, es llevada de forma directa e indirecta por el gigante económico de Norteamérica.
Lo primero que habría que apuntar es que los Estados Unidos son el país del mundo que, haciendo siempre una mejor lectura del futuro, se han convertido más rápido en una economía de cuarta generación. Es decir, la riqueza de este país, a diferencia de China y las economías emergentes como la nuestra, no depende de cuanto producen y exportan al mundo, sino de los ingresos que reciben por venta y explotación de derechos y propiedad industrial e intelectual. Los Estados Unidos poseen el 70% de las patentes del planeta, que lo mismo incluyen nuevos modelos de automóviles, que marcas registradas, (esas que nos comemos, bebemos o fumamos todos los días) que películas, programas de televisión, videojuegos, programas de computadora…en fin la lista es interminable, como parece a veces el poder del gigante. Derivada de esta realidad es que más del 65% de su PIB, proviene de la venta de derechos al resto del mundo, incluyendo a los chinos y chinas. Porcentaje que sigue creciendo.
Estados Unidos, es de facto el país que más se ha adentrado y comprendido que en la sociedad del conocimiento que se ha comenzado a construir a nivel mundial, quien concentre este y lo distribuya en forma de derechos, no de productos acumulará la mayor riqueza planetaria. Le pongo un ejemplo cotidiano amigo lector: ¿Sabe usted que porcentaje del boleto de la película, por lo general producida en Hollywood, que usted paga en una sala mexicana va los estudios que la produjeron y cedieron los derechos? Respuesta: entre el 50% y el 60%, con esos ingresos para que ponerse a hacer chucherías chafas a lo chino. (Aunque no sólo hagan eso ).
Además, el fenómeno de expansión vía derechos produce un efecto más poderoso que la simple venta de bienes de segunda y tercera generación (léase productos y servicios) como lo hace China: genera la construcción de un imaginario simbólico que se adueña del planeta. Es decir, de la construcción de una cultura global que entra en los marcos aspiracionales de los individuos del mundo, lo que permite expandir mercados y mantener incluso hegemonías… hasta los chinos suspiran por un McDonalds, en cambio los ciudadanos estadounidenses pueden vivir sin cine, libros y comida China (al fin y al cabo hasta el Shop Suey se inventó en San Francisco).
Cabe la pregunta, regresando a nuestra realidad que parece ahora invadida por los Chinos. ¿Y México? ¿Qué camino debe tomar para impulsar su desarrollo?, ¿Cómo jugar en la economía mundial entre Chinos y, por llamarles en nuestros términos, Gringos que a mediano plazo la controlarán?
En el siguiente expediente, haciéndole un poco al Filiberto García, aventuraremos algunas posibilidades, esperando no vernos envueltos en un “Complot” ahora que están tan de moda.
Recomendación: Lean el Complot Mongol. Extraordinaria obra, no valorada lo suficiente, por alejada de lo europeo y cercana a nuestro lenguaje y cultura que solemos despreciar.
ZURIPANTO ( Próxima aparición de sus aventuras…)
*Bernal Rafael, “El Complot Mongol”, Editorial Joaquín Mortiz. México DF. 2003
miércoles, julio 25, 2007
El complot Chino
Publicado por
Tio Joe
en
10:46 PM
Etiquetas: Expediente 21

