¿Cuántas veces he trabajado sin anticipo? No sé con exactitud cuántas, pero si sé que lo he hecho en múltiples ocasiones.
El anticipo ofrece la posibilidad de trabajar con cierta tranquilidad y claridad mental. La misma palabra en su definición lo dice: anticipar es hacer que algo suceda antes del tiempo señalado o esperable, o antes que otra cosa. Ese anticipo genera las condiciones básicas para desarrollar el trabajo en tiempo y forma; para que se resuelva en el lapso esperado o, incluso, antes.
Tengo muy vivo el recuerdo de una reunión de trabajo en unas oficinas lujosas en la ciudad de Guadalajara, hace muchos años atrás, donde fui testigo de una negociación poco usual sobre anticipos.
Estaban comenzando a comercializar lo que el día de hoy es un reconocido fraccionamiento de clase media alta. Sentados en una mesa ovalada se encontraban el director comercial del fraccionamiento, un reconocido acuarelista de Guadalajara junto con otros personajes del área administrativa y, por supuesto, yo. Se abordaron los temas de algunas publicaciones en prensa y revistas, así como el de seis acuarelas que habrían de pintarse para ser usadas en la campaña de lanzamiento, basadas estas en el proyecto arquitectónico y, por supuesto, en una buena dosis de imaginación por parte del acuarelista, ya que no existía nada, aún, fuera de los planos. El director comercial, muy entusiasmado por contar con los servicios del artista, le cuestionó amablemente sobre sus honorarios.
— ¿A cuánto van a ascender tus honorarios?
— 40 millones— respondió el acuarelista con mucha tranquilidad, abriéndose un breve espacio de silencio. El director estaba sentado, relajado, meditando antes de seguir haciendo preguntas (quisiera recordar que en el año de 1992 aún no se le restaban los tres ceros a la moneda, cosa que sucedería hasta el 93).
— ¿Y cuánto necesitas de anticipo?
— Yo necesito un 50% de anticipo. El artista necesita trabajar tranquilo— respondió de nuevo con una serenidad que bien podría esperarse de un maestro tibetano. Yo permanecía atento, siguiendo el diálogo como si fuera un peloteo de matchpoint.
— OK.... OK ¿Nos vas a dar recibos de honorarios?
— No, yo no manejo nada de eso— aclaró circunspecto el acuarelista. De nuevo hubo un breve instante de silencio, antes de que el directivo se dirigiera a la chica de administración que nos acompañaba en la mesa.
— Bien. A ver cómo le hacemos para registrar ese dinero. Prepárenle su anticipo— dijo, dando por terminado el asunto— Muy bien. Mañana puedes pasar por tu cheque.
Yo me quedé en silencio, sorprendido. Había presenciado una poco usual lección sobre anticipos y creatividad; sobre temperamentos y las ventajas de gozar de cierto grado de reconocimiento público.
A la distancia he valorado más esta anécdota. No se puede rendir al 100% cuando las cosas más básicas, escenciales, no están cubiertas. Hay que anticipar esas condiciones que merman la creatividad. Hay que hacer a un lado esa timidez que nos subyuga cuando una negociación comienza con "pues, no tengo mucho dinero ahorita, pero necesito que me hagas algo y es un tanto urgente".
Está otra anécdota fantástica de mi querido Volpi: el cliente, con una empresa sólida económicamente en aquel entonces, le sugería con cinismo que bajara su precio, a lo que Volpi contestó, en ese estilo livornés que le caracteriza: No. Tú te quedas igual de rico y yo igual de pobre.
Buena forma de anticiparse a un mal trato.
Octubre 29, 2006.
jueves, agosto 02, 2007
Anticipar
Publicado por
Tio Joe
en
10:38 PM

