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domingo, agosto 19, 2007

Confesiones

Me da un poco de pena decirlo, pero la verdad es que, de niño, estaba convencido de que ese sonido que escuchaba por las noches, al salir a la terraza, en casa de mis padres, provenía de la bóveda celeste.

En repetidas ocasiones volteé a ver aquel nítido cielo nocturno, pensando que el ruido de los grillos no era otra cosa que el extraño tintineo de las estrellas.