Despertamos todos de un sobresalto. La lluvia, que nos acompañó en gran parte del recorrido, provocó algunos deslaves ligeros, y en uno de ellos, las rocas alcanzaron a golpear la carrocería, produciendo un estruendo que recorrió el autobús por debajo. Permanecí despierto y concentrado en la carretera y observando la pericia del chofer, quien conducía con mucha seguridad mientras nos sorprendía una zona de neblina en el punto más bajo del tramo conocido como "Plan de Barrancas". La sensación de peligro, en medio de las curvas, era desconcertante; la densa neblina dejaba una visibilidad escasa, de apenas unos metros, pero el chofer parecía estar familiarizado con el camino. Tan pronto como comenzamos a ascender, la neblina desapareció de un metro a otro.
Más adelante, saliendo del sinuoso tramo, el autobús se detuvo; un colega estaba con 4 llantas ponchadas, producto de su encontronazo con las piedras de un ligero deslave. Nuestro conductor le prestó algo de herramienta antes de proseguir nuestro viaje. "Ya le avisé al patrón. No te preocupes, ya me mandaron las llantas" comentaba con gratitud el colega, mientras yo atestiguaba el momento, aletargado, queriendo dormitar.
Conforme nos fuimos acercando a la Perla de Occidente, la autopista parecía estar más seca y confiable. El chofer encendió la radio. Guadalajara no podía fallar: música ochentera en la radio: "life is life", de Opus (esa canción jamás, jamás fue de mi agrado). No pude dormir de nuevo. El paisaje fue volviéndose cada vez más familiar. La vegetación y el frío en la cabina acentuaban lo evidente del cambio geográfico: estábamos llegando a Guadalajara. El horizonte comenzaba a clarear y el tráfico a aumentar. Un letrero en la salida norte señala que Guadalajara tiene una población de 2 millones doscientos y tantos mil habitantes, si mal no recuerdo (Divagué sobre ese dato... mis cálculos de toda la zona metropolitana me llevan a creer que debe rondar los 6 millones, quizá más. Zapopan es un municipio casi del doble que GDL).
Alrededor de las 7:30 a.m., hora de la capital de Jalisco, el sol se asomó imponente sobre el horizonte. Nosotros transitábamos el Periférico, rodeados de autos que se movían como abejas. No pude evitar sonreír con cierto gusto al recordar mis tiempos en medio de este caos tan "ordenado"; es como si cada conductor pudiera leer con anticipación las temerarias maniobras del desesperado que viene al lado. El velocímetro del voluminoso autobús marcaba los 75 km/h, los tres carriles ocupados. Ya metidos en la frecuencia de la ciudad, el chofer trasladó el sonido de la radio a todo el camión, mientras nos acercabamos a la estación. Un pasajero chifló molesto por el diálogo entre la conductora y el conductor del programa mañanero, quienes hablaban de forma vulgar, según ellos muy "cool", intentando describir burdamente los atributos físicos de una "actriz" mexicana. El chofer puso, de nuevo, música ochentera. Casi al llegar, observé la interminable cantidad de autobuses estacionados por todos lados, mientras estábamos por concluir la travesía.
Al bajar del camión pensé en mi amigo Miguel. Ricardo me esperaba pacientemente en su auto, afuera del módulo 7 de la estación camionera.
lunes, agosto 13, 2007
Viaje a GDL (2)
Publicado por
Tio Joe
en
11:34 PM

