Lo último que Mister y yo supimos era que haría un viaje a Hungría... o ¿era a Checoslovaquia?. No recuerdo con exactitud. Por largos períodos perdíamos todo contacto (como ahora). Así ha sido siempre. Pasado un buen tiempo, una llamada telefónica ponía fin a esos paréntesis.
Esta tarde me enteré que aquel viaje la llevó a Nápoles. No se ni cómo ni bajo qué circunstancias, pero conociendo su esencia un tanto hippie, nada me sorprende (Ahora que lo pienso, no recuerdo haberle conocido un empleo) El asunto es que estando allí, cerca del Vesubio, conoció a alguien. Al parecer, le pidió un aventón a un pueblo ubicado más al sur y juntos emprendieron el viaje que culminó en matrimonio.
"Es bien parecido el italiano" me dijo el Zuripanto del otro lado de la línea, mientras conversábamos. No salía de mi sorpresa, mientras me contaba alguno que otro detalle: que el novio, feliz, la paseó por todo el pueblo el día de su boda, pues, al parecer pensaba que nunca habría de casarse; que ella se rehusaba a cargar un ramo de flores —debe de haber pensado que eso la hacía lucir cursi o superflua— pero los italianos la convencieron.
Guardando siempre una postura contracultural, a esta mujer impredecible, irreverente, ocurrente, hilarante, jamás la escuché hablar en serio del matrimonio, y ahora resulta que tiene en quién volcar ese instinto sobreprotector que le ganó el mote de "ma-mony".
Mamony está casada y vive al sur de Italia, en un pequeño pueblo. "Es un paraíso" me comenta Z, mientras me dice que buscará la forma de enviarme una foto que tiene de los novios.
No hay duda: no se sabe cómo ni cuando, pero para todo roto hay un descosido. Es cosa de no anclarse y dejar que la vida lo sorprenda a uno.
¡Mamony está casada! ... no salgo de la sorpresa.
viernes, octubre 19, 2007
Para todo roto...
Publicado por
Tio Joe
en
1:33 AM

