m66

martes, noviembre 27, 2007

El otoño

Hacía tiempo que no salía a esta hora a mover el cuerpo. Tanto así como para que los dueños de la mañana fueran apareciendo uno a uno y reafirmaran ante mis ojos los beneficios de la constancia. Allí estaban casi todos: la chica que corre desde hace dos años y que, por su forma de correr, apodamos "entre-clouds"; la mujer rubia de cabello corto que anda en su bicicleta... aparenta cierta madurez, pero sus piernas son tan perfectas que resulta complicado calcular su edad; a ella la identificamos como "smiley", pues, no le abandona ese ligero gesto en su feliz pedalear.

Recién comenzado nuestro recorrido, Mister me hizo notar el color jade de las olas poco antes de reventar. A la distancia, una mujer con un traje de baño amarillo salía del mar, tras de ella una joven espigada, muy parecida —probablemente su hija—, le seguía los pasos. Ambas tomaron sus toallas y permanecieron envueltas en ellas, mientras veían las olas y charlaban discretamente (El agua debe estar ya fría).

Más adelante, un personaje nuevo para mí: vestida con pants negros, una solitaria chica de ojos verdes y pecas en las mejillas camina aceleradamente, como si intentara pasar desapercibida debajo de una gorra negra; a pesar de su baja estatura, no se puede negar que la chica es sexy. También vi a las doñas que salen en grupo a caminar. Son tres, a veces cuatro, y esta mañana no podían faltar. Se ejercitan y charlan sin cesar, muy bien vestidas para la ocasión.

De regreso, antes de llegar a casa, una escala técnica en el Café "El faro". Allí nos encontramos a Kaíta con su café recién hecho. Sobre la banqueta conversamos un instante. Nos preguntó sobre Oaxaca, si conocíamos un buen lugar donde llegar. El nombre de Ghalius brincó en la charla, de seguro él te podría dar un norte, o Mogambo, que también ha estado por allá.

Al pasar por la tienda de abarrotes vimos que Nacho algo le explicaba a un individuo con cara de pocos amigos. Le gritamos los buenos días, interrumpiendo su charla, y él respondió con muy buen ánimo "¡Quiobo!". Me quedó la impresión, por su gesto, que le hubiera gustado que pasáramos a saludarlo con más calma. Por increíble que parezca, Joaquín ya estaba lavando su primer automóvil.

Tenía tiempo sin salir temprano a mover el cuerpo (Es tan sencillo dejarse llevar por la parafernalia del día a día). El delicioso aire fresco me dejó en claro que el otoño ha llegado tarde este año, pero al fin está aquí.