Una ciudad sin árboles

Mientras escucho la sosegada melancolía de la canción Re: Stacks, a mi celular llega un mensaje de Andy (Le tomé una instántanea a la pequeña pantalla para compartirla con ustedes).

Es 18 de diciembre y, por primera vez en toda mi vida, para estas fechas, no hemos comprado árbol de navidad. Lo más tarde que habíamos llegado a hacerlo fue un 7 de Diciembre, si mal no recuerdo.

Me pongo a escribir este post. El clima se ha tornado, por fin, un poquitito invernal el día de hoy. Delicioso. Mientras ordeno mis ideas, otro mensaje llega, sugiriendo que ayude a pensar. Llamo al celular. Después de repasar los lugares de costumbre, les digo que no hay problema si no encuentran árbol. Me dicen que cruce los dedos, tan sólo queda un lugar más. Les digo que si no hay nada, aquí los espero, que no hay problema, en verdad. Andy y Mister están de acuerdo. El asunto del árbol nos tiene a todos sin preocupación; algo impensable en el pasado.

Vuelvo a la canción de Bon Iver: es nostálgica, pero me ha puesto de buen ánimo. Viene bien con este clima. Aligera la atmósfera. Me ha reconectado al muelle... y hay mucho que contar. Mañana les digo si había un árbol en la última estación (Me pregunto... ¿podré improvisar uno?).

cel

Historias de Peter

Para los que conocemos a Anonymous sabemos que la anécdota que nos cuenta a continuación es perfectamente creíble. Decidí extraerla de los muelleos en "Masoquismo Infantil", no vaya a ser que pase desapercibida.

Bendita infancia la nuestra. Demasiado buena y alucinante, tanto así, que tal vez debido a ella, a estas alturas de mi vida, paso a ser candidato perfecto para ejemplificar el llamado Sindrome de Peter Pan. Anécdotas e historias muchas, muchísimas. Por espacio va sólo una:

Influenciado, tal vez por algún programa de televisión, decidí que la planta baja de la casa de mis padres era el fondo del mar. Así que, desde el día que tuve tan brillante ocurrencia, era un calvario para mi el bajar a comer (o a desayunar, o a cenar). ¿Se entiende no? Digo, está difícil tragar mientras se contiene la respiración. Así que ahí me tenian, el loco, tomando aire, bajando las escaleras, sentándome a la mesa, unas cucharadas, unas mordidas y, en segundos, vuelta otra vez a la superficie a tomar más aire (me tenía sin cuidado el proceso de descompresión). El jueguito, que no tanto, duro bastante tiempo, hasta que curiosa y paulatinamente, se me hizo costumbre comer arriba.

Con la llegada de la pelicula "Tiburón"... ya mejor no les cuento.

Anonymous

Conversaciones telefónicas

Charlábamos fluidamente cuando ese tema, que últimamente siempre brinca en nuestras pláticas, salió a colación de la forma más inesperada. Mi padre dijo:

— Nadie debería morir sin antes haber agotado su capacidad de dar amor.

Masoquismo infantil

La cabecera de la litera en la que dormía cuando era pequeño estaba colocada frente a una ventana que daba al patio central de la casa de mis padres. En algunas ocasiones, cuando los vientos del invierno soplaban con fuerza, mi imaginación coqueteaba estúpidamente con las sombras que se producían en el oscuro patio en cuyo centro había un árbol que cubría casi todo el espacio. Envuelto en la colcha y escudando la cara con la almohada, poco a poco mis ojos se asomaban y exploraban las siluetas, hasta que lograba decodificar las formas de todo lo que afuera había. Me producía un miedo espeluznante.

Lo peor fue la noche que decidí bajarme de la cama y acercarme a la ventana lo más posible, hasta casi tocarla con la nariz, mientras en mi imaginación me preguntaba qué haría si un rostro brincara de la nada frente al cristal.

Nat

Hay rachas extrañas en la vida. Este verano me parece que podría definirlo como tal; un verano raro, singular. Mientras por una parte nuevos círculos se abren, por otra, algunos se cierran de forma inesperada. Hay muchas situaciones, coincidencias, reflexiones, emociones que no caben en estas líneas.

Pero nada en este extraño verano me había tomado tan desprevenido como saber que Nat McBride, Nathaniel McBride ("del Clan Bride", como diría él mismo) haya pasado a mejor vida, víctima de cáncer, según lo que Cecy y Lexy me informaron el día de hoy.—34, 35 años debe haber tenido Nat—.

Lo recuerdo en el verano del 96, en Guadalajara. Un verdadero inglés, flemático, callado, reservado; nos sorprendió en el bar "La Escalera", con aquel inesperado brindis de despedida. Nos dijo que algo se llevaba de México y pensaba ponerlo en práctica allá, en Inglaterra. Algo tan simple como estar más cerca de los suyos. Algunos de los que aquí leen lo deben de recordar con sus singulares rastas rubias.

Su esposa y sus dos pequeños hijos le sobreviven. Ellos son los encargados de preservar el nombre, de extender en el tiempo la presencia del Clan Bride.

Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;

Though lovers be lost love shall not;

And death shall have no dominion.

Dylan Thomas

Tres charlas (3)

Château Chauvet

A principios de este año, la esposa de Monsieur Chauvet nos tendió una trampa.

— Son tus papás — le dijo a Andy — No salgas, déjame invitarlos a pasar. Nomás no salgas.

Mister y yo mordimos el anzuelo y entramos a saludar. Supuestamente recogeríamos a Andy y regresaríamos al departamento. Fue una buena estrategia de Madame Chauvet para presentarnos a su grupo de amigos. Eran ya pasadas las 8:00 pm y estaban reunidos en una pequeña terraza, rodeados de un agradable jardín, sentados muy cómodamente en una mesa redonda, tomando cerveza algunos y vino tinto otros. Una lap conectada a un potente equipo de sonido tocaba música de fondo; trova cubana (no me vuelve loco, pero las piezas eran buenas, debo reconocerlo). Nos presentaron con todos; gente muy agradable, amena, inteligente, despreocupada. A pesar de mis tímidas habilidades para socializar, me sentí como en mi casa. Rápido comenzamos a charlar y nos quedamos un largo rato.

Ya sentados a la mesa y ambientados, aproveché la oportunidad para decirle a uno de los invitados, José, que recordaba conocerlo de otra ocasión.

—Yo a tí te conozco. Nos conocimos en enero del año pasado, afuera de la cantina de Moss Eisley. Tu eres amigo de Mr. Buck
— ¡Ah, sí, sí, cómo no! ¿Cómo está Mr. Buck? ¿cómo le ha ido?

Continuamos la charla, nos pusimos al tanto de nuestras historias, y posteriormente comenzamos a platicar sobre lo que yo veo como una característica particular de este puerto y que, en esa cantina, donde todo espécimen del universo tiene un embajador, se reproduce en pequeña escala.

Aquí la mirada tiene que ser más aguda, les comentaba; aquí no se puede juzgar a una persona por su apariencia; hay que tener una sensibilidad más desarrollada; los estereotipos, en este lugar, no son de fiar. Los que allí estaban coincidieron en esto. Salieron a la luz anécdotas variopintas, muy interesantes, divertidas, sobre ese fenómeno tan peculiar. Recuerdo en especial la lección que en este sentido aprendió un empresario local quien, según contaron, guiado por los estereotipos, rechazó la amable oferta hecha por un "aparente" hippie para asociarse y quien, a la postre, construiría una cadena internacional de restaurantes muy exitosa.

En algún punto de esta charla puse de ejemplo aquella noche en Moss Eisley, cuando José y yo nos habíamos encontrado por primera vez : en la mesa los clásicos estereotipos no concordaban. Conforme los fui mencionando —dos pintores, un periodista, un hombre con inversiones en varias bolsas de valores del mundo (no era yo, ciertamente) y un tipo nefasto—, José fue recordándolos a todos, menos al nefasto. Procedí a describirlo rápidamente y, para no extenderme demasiado en algo tan intrascendente, terminé diciendo "no sé, era un tipo que irradiaba muy mala vibra".

— Si, si, cómo no, ya se a quién te refieres— dijo. Lo que diría a continuación me golpeó fuerte, no me lo esperaba, sin embargo, no me pareció tan difícil de creer. Lo dijo mientras yo acomodaba velozmente las piezas en mi cabeza —Si, si. El tenía un negocio en un pueblo aquí cerca. Por supuesto que "mala vibra"— comentó tranquilamente —es el que mató a su esposa el año pasado, el día de las madres.

Tardé unos minutos en digerir su comentario mientras la charla prosiguió su flujo natural; pregunté si lo habían detenido, y alguien comentó que, acosado por el remordimiento, se había entregado a las autoridades. Nadie ahondó en el tema y la atmósfera se mantuvo relajada —ciertamente, el hecho fatídico había ocurrido meses atrás, casi un año—, sin embargo, en mí permaneció una extraña sensación que, afortunadamente, poco a poco se fue diluyendo, conforme transcurrió la velada. Pensé en el instinto, en lo enigmático que puede llegar a ser este puerto; pensé en escribir un post.

Tres charlas (2)

A la sombra del Zalate

Doblé la esquina para dirigirme a mi auto, cuando sobre la calle, justo frente a la casa del Sr. Haig, me topé de frente con otro de mis vecinos, un norteamericano de buena presencia, bien parecido, de unos 52 años, cabello gris y ojos azules. Lo había visto en numerosas ocasiones pero nunca había cruzado palabra con él, hasta aquel día.

—Qué tal, ¿cómo estas?— fue la pregunta menos sensible que podía haberle hecho, pero fue lo primero que se me ocurrió decir. — Pues, mal. ¿Si supiste que mataron a mi novia?—, me dijo sin mayor preámbulo y en un buen español, poco usual entre los norteamericanos que acá viven. Yo me quedé tieso e hice un ligero gesto de afirmación con la cabeza, apretando los labios, sin saber qué hacer. De forma un tanto instintiva le di una ligera palmada en un hombro. El comenzó a hablar y a contarme todo sin que yo abriera la boca. Estaba desahogándose. El Sr. Haig me había contado días antes sobre la terrible tragedia ocurrida en mayo 10, pero nunca me imaginé que conocería los pormenores de voz de uno de los protagonistas y menos allí parados sobre la calle, debajo del enorme árbol que da sombra a nuestro departamento.

El la había llevado a su casa y más tarde se enteró de lo sucedido por voz de una vecina, quien escuchó las detonaciones. Al parecer un individuo estaba dentro de la casa y le disparó a quemarropa, después de haber discutido con ella. Tristemente, los hijos estaban allí. La vecina la encontró con vida y llamó a la ambulancia. Mientras se dirigían al hospital, su novia repetía una y otra vez el nombre del asesino a su vecina, quien trataba de confortarla y le decía que no se preocupara. Yo escuchaba atónito el relato. El trataba de poner sus ideas en orden y con desesperación se lamentaba no haber hecho esto o aquello. Me platicó que la policía ya buscaba al individuo y que no lo podían localizar aún. En eso estábamos cuando una llamada a su celular dio fin a nuestro circunstancial encuentro. La llamada era de sus padres, desde un estado en el extremo norte de nuestro vecino país. El les decía que se encontraba bien, mientras se enfilaba rumbo a su departamento y yo seguí rumbo a mi auto.

El Sr. Haig, con su frío estilo, ya me había comentado su sentir: nuestro vecino había asumido muchos riesgos al entablar una relación con una mujer tantos años menor que él. Ella tenía veintitantos, apenas, y toda la información apuntaba a lo obvio: un crimen pasional, su ex. Decían que era un tipo celoso. Todo mundo me preguntó en esos días si no la recordaba a ella, pero la verdad es que para ciertas cosas soy muy despistado. Recuerdo a una joven morena sentada frente al departamento aqui cercano, pero el recuerdo es demasiado vago y nebuloso.

De todo esto hace ya un año. Lo he recordado hace días, cuando pasé caminando frente al departamento del vecino y lo sorpendí sentado en una banca, viendo el suelo, con la mirada perdida en sus pensamientos. Lo saludé y el respondió levantando la mano, a la vez que emitió un discreto y monotono "hola".

Tres charlas (1)

La Cantina de Moss Eisley

En esa cantina cobran 10 pesos por cerveza, así que mi primo y yo pasamos a tomarnos una. El lugar, ubicado en la zona del Centro Histórico, estaba repleto. Ya adentro, nos dirigíamos a la barra, desplazándonos lentamente entre el tumulto, cuando reconocí a un conocido pintor quien nos invitó a sentarnos en la mesa donde departía con otras personas. Nos saludamos todos en medio del bullicio. Nos hablábamos a los gritos. Casi todos parecían conocer a mi primo (Mr Buck). Mi primo pasó varios veranos de su juventud aquí en el puerto, por lo que muchos protagonistas de la vida nocturna de aquella época lo recuerdan con gusto.

Después de un par de cervezas, Mr. Buck se levantó al baño, mientras yo me familiarizaba con los personajes en la mesa: un bohemio con deseos de poeta pero que dedica sus horas a escribir sobre política en un periódico local; un arquitecto que en realidad es pintor; y por supuesto, mi conocido el pintor... que es pintor.

Cuando Mr. Buck regresó del baño, llegó acompañado por un tipo que vino a sentarse a mi lado derecho. Sus movimientos erráticos delataban el estado de embriaguez en el que se encontraba. Flaco, con un pantalón de mezclilla ceñido al cuerpo, cabello relamido, entrado ya en sus cincuentas, el tipo poseía la apariencia del trasnochado que aún se siente de 18. Comenzó platicándome que él conocía a mi primo desde su juventud; yo trataba de seguir la conversación con otros en la mesa, pero cada 2 minutos se me acercaba, como si intentara ser discreto, y me gritaba al oído —"¡tu primo se parece a Deer Hunter! ¿Te acuerdas de ese personaje de DeNiro?"— Yo meneaba la cabeza negando saber de qué diablos estaba hablando. Esto se repitió intermitentemente durante el rato que estuvimos allí. Aunque yo trataba de no alimentar la charla, él comenzó a hablar de sus "aventuras" con algunas mujeres de la alta sociedad porteña —algo muy desagradable, por cierto—; el tipo era, a todas luces, un mitómano de grandes proporciones; trataba de impresionarme con sus supuestos amoríos; de ahí pasó a insinuar de forma descarada que conseguir sustancias ilegales no era problema para él. Me platicó de forma vaga de un negocio que tenía en un pueblo aquí cerca, si mal no recuerdo. Todo se trataba de impresionar.

Para fortuna mía el local cierra relativamente temprano por lo que nos vimos "invitados" a abandonar el lugar (Esta cantina me recuerda a la de Moss Eisley). Ya afuera, en la esquina, todavía más amistades reconocieron a Mr. Buck y le saludaron. El fanfarrón seguía de cerca las acciones. Cuando nos estábamos poniendo de acuerdo para ver quién se iba con quién, yo en mi interior rogaba que el tipo tomara una ruta distinta. Por azares del destino mis deseos fueron concedidos y éste se fue con otro grupo de personas, mientras Mr. Buck me daba a mi un aventón.

Un par de semanas después, saliendo de un banco en Olas Altas, me pareció verlo. Me detuve y lo observé; lo reconocí, sí era él. Vestía con el mismo mal gusto de aquella noche, sólo que ahora se acentuaba con las botas que traía puestas. Encendió un cigarrillo mientras caminaba en dirección contraria. No hice esfuerzo alguno por saludarle. Ciertamente aquella noche el tipo andaba ahogado, pero en plena luz del día me seguía produciendo esa misma sensación de "mala vibra", una reacción instintiva de rechazo. No lo volví a ver jamás.

Flashback (3)

Tenía 15 años y ansiaba tener mi primera experiencia sexual. Un pariente de mi padre se ofreció a ayudarme en la nada fácil encomienda. Como buen cirujano soltero, amante de la fiesta y el trago, este carismático personaje de mi ciudad natal conocía con detalle algunos secretos entre el gremio. Había una enfermera, me dijo, rubia, de buen cuerpo, con la que había platicado y a la cual había convencido de mostrarme los secretos de Afrodita. Me platicó algunos detalles sobre los gustos de ella que sólo sirvieron para alimentar más mi imaginación y, por supuesto, los nervios.

—Vamos para que se conozcan, ya se pondrán de acuerdo—, me dijo.

Y así, una noche, me llevó hasta la puerta de su casa. En el porche no había ninguna luz encendida; la deficiente iluminación provenía de la calle; no era lo suficiente como para percibir detalles; ¿el color de sus ojos? nunca lo supe. Era blanca, rubia —o al menos eso parecía—, imposible distinguir si usaba algún tinte. Lo del cuerpazo... eso era discutible. Mis estereotipos estaban totalmente distorsionados por Playboy. La perfección de mis fantasías se vio confrontada por una realidad distinta, vestida de uniforme blanco, si, pero con algunos inesperados kilos de más.

Con la habilidad de un experimentado hombre de mundo, el pariente hizo que todo pareciera tan normal, y así nos presentamos para, al cabo de un par de minutos, despedirnos. Creo que en aquella breve conversación abrí más los ojos que la boca. Nunca atravesamos el umbral de su casa. La mesa quedó puesta y la degustación pospuesta para siempre.

Flashback (2)

Tenía 14 años y ansiaba tener mi primera experiencia sexual. Estaba recargado sobre el pequeño muro de una jardinera, paseando mi mirada entre la gente que se encontraba alrededor de la alberca, cuando mis ojos se toparon con una mujer que se encontraba recostada en un camastro. Mi fantasía comenzó a volar por las alturas mientras daba rienda suelta a mi imaginación, hasta que lo nervios se comenzaron a apoderar de mi tímido ser. Resultó que la chica, mayor que yo, estaba observándome y me hacía un gesto, invitándome a que me aproximara. Los titubeos y la inacción se apoderaron de mi. Después de un momento, ella tomó la iniciativa, se puso de pie y se dirigió hacia mi. Permanecí petrificado por unos instantes, sin saber qué hacer. Todo pareció suceder muy rápido. Al acercarse, me dijo que estaba en una de las casas ubicadas ahí cerca, en el campo de golf, que si gustaba acompañarla un rato. De manera torpe e infantil huí apresuradamente, después de balbucear algún pretexto estúpido.

La mujer ahí se quedó. Durante un par de días seguí recordando aquel momento, debatiéndome en medio de una mezcla de sentimientos encontrados. Me lamentaba no haber sabido cómo reaccionar cuando la vi aproximarse desde aquel camastro. Recuerdo que quedé atónito, sin poder ocultar mi desconcierto. Su caminar era, sin duda, consecuencia de una polio infantil.

Sin título

Untitled

Volpi nos envía este embarque; algo de su trabajo reciente. Una imagen, le comentaba en un intercambio de correos, con todo el sello BF.

"Me gusta cómo pintó la luz y el juego de líneas; da un efecto circular".

Aquella región obscura

El post anterior amerita una reflexión más extensa. Por hoy intentaré ser breve: ese escrito ha sido una pista; como descubrir que la pieza del rompecabezas que tenemos en las manos tiene un ligero destello de claridad en uno de sus bordes, casi imperceptible, pero suficiente para darnos el trazo que se necesita y encontrar otros fragmentos. Lo que se creía un monstruo de la infancia se desdibuja, mientras cada fragmento va cayendo en su lugar. De pronto, la región más obscura comienza a perder su impresión de vacío insondable, mientras el indicio de algo con dimensiones más humanas comienza a insinuarse frente a los ojos.

La Muerte

Por Alti

Dentro de pocos meses cumplo 77 años de edad y aun cuando en la rama maternal todos rebasaron los 80 y algunos hasta los 90 años, esto no quiere decir que yo vaya a correr la misma suerte. Y no es cuestión de morbo, más bien creo que es una manera de irse convenciendo de lo inevitable. Después de todo, el deseo de una muerte pacífica debe ser universal.

Me ha llamado la atención las maneras tan distintas en que otras personas tratan el tema, desde Thanatopsis de William Cullen Bryant (1794-1878), hasta la plegaria del joven soldado revolucionario, I Have a Rendezvous with Death de Alan Seeger ( "Tengo cita con la muerte/y fiel a mi palabra seré/a esa cita no fallaré" ) y pasando por lo tétrico de Edgar Allan Poe —Ulalume, Annabel Lee— podemos apreciar la diversidad de enfoques que los humanos damos a un mismo tema.

Aquí, en el estado de Sonora, tuvimos también un excelente poeta quien enfocó el tema desde distintos ángulos, uno de los cuales me gustaría compartir con ustedes.

MI VOLUNTAD
Por Saturnino Campoy

Queridos hijos: cuando yo sucumba,
no quiero que además de mi pobreza

tengáis como una herencia la tristeza

que os pudiera causar verme en la tumba;


Pensad que si el cuerpo se derrumba
,
para el alma inmortal sin duda empieza
una vida mejor: Naturaleza
no debe ser la nada en ultratumba;


Si bajan pues a ella mis despojos,

no os deis a llorar, que aun hechos ceniza

enjugarán el llanto en vuestros ojos


con el céfiro tenue de la brisa;

mejor que aflore en vuestros labios rojos,

para decirme adiós, ¡una sonrisa!



Propósitos de año nuevo

Por Ghalius

Conocido por ser un incansable pata de perro, Ghalius se propuso este año conocer mejor su propio terruño. En este post, nuestro guía turístico oficial nos comparte brevemente su más reciente hallazgo: Coamiles, en su natal Nayarit.

Este año, al igual que los pasados veinte, no hice ningún tipo de propósito de año nuevo. Sin embargo, ya entrado el año, decidí que uno bueno sería el darme un poco de tiempo para hacer lo que más me gusta hacer: andar de "pata de perro". Curiosamente, a pesar de andar siempre de saltimbanqui, de aquí para allá, mi propósito fue conocer un poco más de mi tierra, Nayarit. Las referencias rápidas son sus playas, sus manglares y algo de su gastronomía, sin embargo, ni enterado estaba de lo que acabo de descubrir a tan sólo 15 minutos de mi rancho:

14 Km. separan a Santiago de Coamiles, un poblado ubicado entre los límites de Santiago Ixcuintla con el vecino municipio de Tuxpan. Para tener una breve aventura, con una pequeña dosis de Indiana Jones y sin la presencia del turismo masivo, vale la pena conocer este pequeño cerro.

Resulta impresionante llegar a una zona de cultivo, bordeada por una pequeña línea de terracería, y darse cuenta que el crujir que se escucha a cada paso proviene de "tepalcates" —esas curiosas piezas rotas de barro, restos de alfarería que ves en todos los contornos curvos de cualquier olla de barro— y, justo cuando levantas la vista, te encuentras con enormes rocas monolíticas que te quitan el aliento. En lo alto, claramente se ve el primer grabado, conocido localmente como "la bicicleta".

Mi sorpresa fue mayor cuando mi estimado amigo Noé me informo que son 168 las rocas que se tienen registradas con todo tipo de Petroglifos. Serpientes, Iguanas, figuras humanoides (aliens), mariposas, jaguares, calaveras y demás.

El INAH ya ha puesto a un par de arqueólogos a desenterrar un juego de pelota y lo que queda, después del masivo saqueo de figuras que se dio en la década de los 70's.

Doce imágenes logré captar en el breve lapso de tiempo en que merodeé por la zona, a falta de más tiempo, ya que solo habíamos ido a "ubicar" el área. Aquí les comparto algunas.

Bicicleta
La Bicicleta. Petroglífos ubicados en Coamiles, Nayarit.

Alien
El Alien. Fotos: Ghalius.

Mariachi Nayarita

Mariachi Nayarita
Foto: Ghalius. Marzo 2008.

De puerto en puerto (Fragmento)

En el mar, cuando miras a los cuatro puntos cardinales y no ves más que olas y agua, puedes ser el hombre más solitario del planeta, pero también puedes ser el dueño de tu propio universo.

Ahí esta Dios.

RAMIRO C.

El ocaso de los Dioses

por Eduardo Azuri

Todo y todos tenemos un ciclo. La finitud es una de las características más angustiantes y reales de la condición humana. Muchas corrientes del pensamiento antiguo y algunas del contemporáneo, con una visión más optimista o integral, señalan que en realidad nada comienza ni termina, sino que todo se renueva sin cesar, como un río en el que el agua es fluído y, al mismo tiempo, permanencia: eternidad y continuidad.

No obstante, los seres humanos nos aferramos al permanecer y, ante la consciencia de nuestra temporalidad, buscamos a toda costa trascender a través de la inmortalidad. Deseamos ser recordados, dejar huella en ese inventario de sucesos hilvanados por el tiempo y la reflexión al que hemos denominado La Historia.

El extraordinario novelista checo Milán Kundera ha tratado el tema con maestría en su obra “La Inmortalidad”, en la que nos muestra cómo gran parte de las acciones humanas, más que buscar apoyar o beneficiar una causa, buscan el permanecer, salir de la angustia de la finitud. Sin embargo, si reflexionamos un poco, veremos que los antiguos no estaban tan equivocados en su idea de los ciclos y en despreciar el aferrarse a lo temporal. Finalmente, por más que logremos dejar huella en el almanaque histórico, ¿qué es en si toda la civilización humana, en el gran marco de la historia del universo con sus miles de millones de años de evolución?... un suspiro, un instante, una chispa que se enciende y se apaga como una cerilla en la oscuridad. Sólo un momento en ese enorme río del cosmos que no deja de fluir.

Si, aunque suena duro y cruel, algún día hemos de desaparecer y con nosotros se irá lo mejor de nuestra cultura y civilización; desde Homero hasta Borges, desde Platón hasta Teilhard de Chardin, desde Pitágoras hasta Mozart, desde Alejandro Magno hasta Mahatma Gandhi. Todo se borrará junto con nuestro universo que tarde o temprano implotará, en la visión pesimista, o bien, en la visión optimista de los ciclos, todo será reeditado en otro universo. (Quizá nosotros seamos la nueva versión de otros ciclos y universos que ya produjeron lo más maravilloso y lo más abominable del espíritu).

Toda esta reflexión viene a caso porque en pleno siglo XXI estamos asistiendo al final de ciclos de personajes que por su poderosa presencia llegaron a darnos la sensación de ser eternos, inagotables en la historia. Uno de ellos murió hace unos años, Juan Pablo II, el gran líder que impregno al mundo de su carisma y capacidad política para generar el diálogo, aunque no reformó la institución que presidió, al grado que ahora parece retroceder. El otro, Fidel Castro, acaba de anunciar su retiro del poder en Cuba, acción que no encuentra equivalencia al retiro de ningún otro líder político del mundo en los últimos 100 o quizá 200 años, por lo que representó en términos de influencia y presencia en el planeta, de inspiración para millones de jóvenes, de franco rechazo y repulsión para otros, dentro y fuera de su país.

Hoy, la gran pregunta que habrá de hacerse frente a su adiós, que no es más que un aviso de que sabe que morirá pronto, es si frente a la realidad de lo efímero que es, ya no la vida, la historia misma con sus épocas y eras, valió la pena aferrarse tanto tiempo al poder al grado de llegar a la soberbia extrema de que sólo la incapacidad física o el franco advenimiento de la muerte lo alejaron de el. ¿Hubiera sido menos en la historia un Fidel que desde hace veinte o treinta años dejará a su país en manos de otros, del mismo pueblo decidiendo su destino? Más allá de sus logros indiscutibles en materia de cultura y educación, deporte y salud ¿Era necesario permanecer tanto tiempo en un cargo a costa del hambre, la represión de libertades y tanto sufrimiento de los cubanos?

No es fácil responder a esas preguntas, cualquier respuesta absoluta corre el riesgo de ser tendenciosa, o quizá parcial. Aún así nos atrevemos a soltar la hipótesis de que la gran obra de Fidel que puso en práctica ideales de justicia e igualdad, demostrando además que no hay ser en el mundo, sea pequeño, pobre o marginal, que no pueda oponerse a los excesos de los poderes centrales del mundo, estaba realizada desde hace varios años.

Su ciclo, me parece, se acabo hace tiempo. Quizá por no entenderlo, como muchos no lo hacemos, interferimos la aparición de nuevos ciclos en la marcha de la evolución del universo. Lo frenamos y al hacerlo impedimos que florezca el nuevo tiempo, los nuevos cosmos, la nueva realidad.

Adquiere entonces, frente a la realidad de nuestra finitud y lo absurdo de aferrarnos a una inmortalidad que quizá no lo sea, gran peso el verso de Renato Leduc hecho bolero: Sabia virtud el conocer el tiempo…

Comentarios y chispazos del espíritu en: eazuri@yahoo.com.mx

Fidel renuncia

Siempre quise conocer la Cuba de Fidel. No voy a entrar en explicaciones del por qué, además, los vientos del cambio no me van a esperar más.

Me encuentro en este momento con la siguiente nota: Mensaje del Comandante en Jefe.

Una nota histórica, con el estilo retórico de Fidel (Que quede constancia de la hora... los medios mexicanos no han dado cuenta de ello). Qué interesante rumbo está tomando la política internacional en este año.

Luego hablamos. Ya me voy a dormir.

El Demócrata Sinaloense

Por Alberto Tirado Collard

Don Alberto nos comparte una breve anécdota que ilustra como nada pareciera haber cambiado en más de 70 años, mientras la nota roja colorea los medios de comunicación todos los días en México.

El interminable alud de noticias negativas en el que nos sumergen diariamente los medios de difusión —asesinatos, secuestros, desaparecidos, tiroteos entre narcos en plena luz del día, el hallazgo de arsenales con las armas más sofisticadas, etc...— es un innegable argumento de lo mal que se encuentra nuestro país en cuestiones de justicia. Lo más hiriente es el hecho de que casi la totalidad de estos reportes terminan con la frase no hubo detenidos. Esto me recordó una anécdota que me narró mi padre hace muchos años:

Durante la década de los 30´s, especialmente a principios, los ánimos políticos en el estado de Sinaloa estaban tan caldeados que los participantes pretendían resolver sus diferencias a balazos. Dos ejemplos de lo serio de la situación fueron: el asesinato del entonces gobernador del estado a manos de "El Gitano", en el Hotel Belmar, en Mazatlán; y, por otra parte, el asesinato del popular Alfonso "Poncho" Tirado —a quien muchos querían para gobernador—, perpetrado por Leizaola, en el Hotel Rosales en Culiacán.

Llegó a tal grado la indignación ciudadana que el periódico El Demócrata Sinaloense, decano de la prensa de su estado, dedicó en primera plana una esquela titulada "El Muerto de Hoy".

A lo mejor ayudaría a los reporteros de actualidad iniciar sus reportajes con una columna similar.


Vista del viejo Mazatlán, en la zona de Olas Altas. En la postal aparece señalada la ubicación del Hotel Belmar (arriba, al centro). Aunque el hotel aún existe, poco queda de la arquitectura original en su fachada. Foto tomada de galeriamazatlan.com

Limpiar un CD o DVD con... plátano

Me topé con este video el día de hoy (via blog.com). Me pareció interesante, ya que tengo un par de películas que me están dando guerra al igual que algunos viejos CDs de música. En blog.com comentan que sí funciona (lo probaron con discos de PS2). Tendré que comprobarlo por mi mismo. Mister acaba de comprar un racimo... espero que no le moleste el uso que pretendo darle. ¿Será? (no me hago responsable).


Gigante Lección

por Eduardo Azuri

Los que desprecian el deporte a veces no saben leer en él la lecciones que da para la vida. Finalmente, los juegos que inventa la especie humana no son sino formas de reproducir el universo en un microcosmos dónde se activan todas sus luchas, deseos, pasiones, contradicciones, defectos y virtudes.

Por ello, en el expediente de la semana hacemos un paréntesis para hablar de un deporte que, como ningún otro, se ha convertido en un fabuloso espectáculo que logra convocar —en su gran desenlace conocido como “Super Tazón”— niveles de tele audiencia superiores incluso a los que logran una final de un mundial de futbol soccer: El futbol americano.

¿Cuál es la razón de ese éxito, especialmente cuando se trata de un deporte tan complejo y aparentemente árido a la primera vista? Al parecer es que, como ningún otro, combina elementos físicos con racionales, integrando una complejidad de variables en cada acción y decisión que no vemos involucradas en otros deportes: espacio, tiempo, fuerza y selección de posibilidades. Un ajedrez psicofísico controlado por el reloj. Es literalmente un deporte donde cada uno de esos elemento cuenta pero no para restringir el juego sino para activarlo. De ahí su encanto.

El mejor ejemplo de ello fue “La Jugada” ( ya se le comienza a conocer así en el mundo del deporte ) de la que fuimos testigos los que amamos este juego el pasado domingo, cuando Eli Manning, de los Gigantes de Nueva York, en una tercera y largo, con sólo 51 segundos en el reloj, logra con coraje y valentía, combinados con sus grandes habilidades, quitarse a tres defensivos que lo tenían prácticamente derribado, para tirar un pase que fue a su vez atrapado por un prácticamente inédito D. Tyree; todo con una sobredósis de voluntad y deseo, herramientas indispensables para el éxito, que los mantuvo en el partido.

La lección fue clara y corrobora la fórmula para el triunfo en cualquier campo, esa de la que ha sido testigo la historia desde los hitos del paso de las Termópilas cuando trescientos espartanos contuvieron a cientos de miles de persas, hasta nuestros días: preparación más estrategia más trabajo en equipo.

Si, los Gigantes ganaron, como ganan muchos en la vida, por que a esos tres factores supieron agregar además coraje y voluntad. Hablando de su preparación, fue impresionante ver como analizaron cada una de las múltiples variables ofensivas de los Patriotas para neutralizarlas, un trabajo colosal que implicó tener lista una respuesta para cada alternativa presentada por el rival más dinámico de toda la historia; por ello, estos últimos ya no sabían que hacer, siempre la defensiva de los de Nueva York, leía el intento y neutralizaba.

Por otra parte, los Patriotas invictos y en la antesala de convertirse en el equipo más dominante de la historia, perdiendo también dieron una gran lección que pareciera extraerse de una película clásica de Holywood, (o de la vida misma quizá): La trampa tarde o temprano paga: El equipo fue sorprendido espiando a uno de sus rivales, los Jets de Nueva York, al principio de la temporada, lo que no sólo cuestionó ese momento sino el cómo habían obtenido sus triunfos hasta esa fecha. Después escenificaron episodios de prepotencia sobre sus rivales, que los llevo a en lugar de ser queridos a comenzar a ser, al menos por un gran sector de los aficionados de ese deporte, odiados. Al final todos esos factores parecieron revertirse en jugadores que en el fondo no estaban contentos con ellos mismos el día esperado del Super Tazón XLII. Se les veía en la mirada, desde su mariscal Brady hasta su gran receptor Moss, que les pesaba algo, más allá de la presión de este tipo de partidos, demasiado.

Y esa Gigante Lección, así con mayúsculas, la hemos observado en muchos órdenes de la vida, pero al parecer no la queremos entender: saber que el fin no justifica los medios. Recordemos a políticos de la historia reciente de nuestro país que llegaron al poder con evidencias de haber hecho trampa como los Patriotas, por más éxitos que acumularon en el camino terminaron por acabar en el exilio, el rechazo social y la pérdida de lo ganado. La historia tenderá a repetirse mientras no se aprenda esa gran lección.

Lo bueno, para los que todavía tenemos fe, es que al parecer siempre hay una fuerza superior, llámese Dios, Universo, Verbo, o cómo se quiera, que al final parece poner todo y a todos en el lugar que nos corresponde, de acuerdo a nuestros verdaderos méritos.

Primeros y diez en: eazuri@yahoo.com.mx

Mariposas en el cielo

Le comentaba hoy a Dan que acá le decimos Papalote al "cometa", mientras compartía el set de fotos del fin de año. En él aparecen varios personajes del muelle y por supuesto, Ghalius, responsable de este nuevo interés que ha surgido en mi por hacerme de un papalote (La palabra papalote viene del nahuatl Papalotl, que significa Mariposa).

Cuando Ghalius, via telefónica, me confesó que quería venir al puerto a descansar el fin del año y volar papalotes, no daba crédito. Quiero descansar y volar mis juguetes, me dijo. Y así fue, días de verdadera desconexión.

Con más de 10 modelos distintos, empacados de forma muy práctica para transportarlos con facilidad a cualquier lado, fue que nos ubicamos en distintos puntos de la ciudad. Mis favoritos, por diseño, fueron los cubos y la estrella; los dragones probaron ser los más divertidos y dinámicos.

Dentro de un inusual invierno mazatleco (hoy la temperatura bajó cerca de los 5 grados) pasamos días memorables viendo hacia arriba, coloreando el cielo mazatleco.

Saludos a Dan, allá en Argentina (ya ni sus luces se ven por este muelle).

Neblina

Es común que en enero y febrero aparezcan densos bancos de niebla aqui en el puerto. Por momentos la niebla llega a ser tan espesa que la visibilidad se acorta a tan sólo unos metros. No se me ocurre otra forma de describir la sensación que me invade al estar rodeado de esa blancura mas que la de una noche blanca.

Este 6 de enero apareció esa neblina de forma intermitente durante gran parte del día. Mister salió por la mañana a tomar unas instantáneas y regresó para invitarme a ser testigo y completar el set de fotos. Unas tasas térmicas en la mano, con café recién hecho, la cámara en la otra y listo.

El vínculo es al slideshow. Le agregé pie de foto a algunas tomas. Si le dan click a la imagen, el texto aparece sobre la misma.

Saludo a todos.