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jueves, febrero 07, 2008

Gigante Lección

por Eduardo Azuri

Los que desprecian el deporte a veces no saben leer en él la lecciones que da para la vida. Finalmente, los juegos que inventa la especie humana no son sino formas de reproducir el universo en un microcosmos dónde se activan todas sus luchas, deseos, pasiones, contradicciones, defectos y virtudes.

Por ello, en el expediente de la semana hacemos un paréntesis para hablar de un deporte que, como ningún otro, se ha convertido en un fabuloso espectáculo que logra convocar —en su gran desenlace conocido como “Super Tazón”— niveles de tele audiencia superiores incluso a los que logran una final de un mundial de futbol soccer: El futbol americano.

¿Cuál es la razón de ese éxito, especialmente cuando se trata de un deporte tan complejo y aparentemente árido a la primera vista? Al parecer es que, como ningún otro, combina elementos físicos con racionales, integrando una complejidad de variables en cada acción y decisión que no vemos involucradas en otros deportes: espacio, tiempo, fuerza y selección de posibilidades. Un ajedrez psicofísico controlado por el reloj. Es literalmente un deporte donde cada uno de esos elemento cuenta pero no para restringir el juego sino para activarlo. De ahí su encanto.

El mejor ejemplo de ello fue “La Jugada” ( ya se le comienza a conocer así en el mundo del deporte ) de la que fuimos testigos los que amamos este juego el pasado domingo, cuando Eli Manning, de los Gigantes de Nueva York, en una tercera y largo, con sólo 51 segundos en el reloj, logra con coraje y valentía, combinados con sus grandes habilidades, quitarse a tres defensivos que lo tenían prácticamente derribado, para tirar un pase que fue a su vez atrapado por un prácticamente inédito D. Tyree; todo con una sobredósis de voluntad y deseo, herramientas indispensables para el éxito, que los mantuvo en el partido.

La lección fue clara y corrobora la fórmula para el triunfo en cualquier campo, esa de la que ha sido testigo la historia desde los hitos del paso de las Termópilas cuando trescientos espartanos contuvieron a cientos de miles de persas, hasta nuestros días: preparación más estrategia más trabajo en equipo.

Si, los Gigantes ganaron, como ganan muchos en la vida, por que a esos tres factores supieron agregar además coraje y voluntad. Hablando de su preparación, fue impresionante ver como analizaron cada una de las múltiples variables ofensivas de los Patriotas para neutralizarlas, un trabajo colosal que implicó tener lista una respuesta para cada alternativa presentada por el rival más dinámico de toda la historia; por ello, estos últimos ya no sabían que hacer, siempre la defensiva de los de Nueva York, leía el intento y neutralizaba.

Por otra parte, los Patriotas invictos y en la antesala de convertirse en el equipo más dominante de la historia, perdiendo también dieron una gran lección que pareciera extraerse de una película clásica de Holywood, (o de la vida misma quizá): La trampa tarde o temprano paga: El equipo fue sorprendido espiando a uno de sus rivales, los Jets de Nueva York, al principio de la temporada, lo que no sólo cuestionó ese momento sino el cómo habían obtenido sus triunfos hasta esa fecha. Después escenificaron episodios de prepotencia sobre sus rivales, que los llevo a en lugar de ser queridos a comenzar a ser, al menos por un gran sector de los aficionados de ese deporte, odiados. Al final todos esos factores parecieron revertirse en jugadores que en el fondo no estaban contentos con ellos mismos el día esperado del Super Tazón XLII. Se les veía en la mirada, desde su mariscal Brady hasta su gran receptor Moss, que les pesaba algo, más allá de la presión de este tipo de partidos, demasiado.

Y esa Gigante Lección, así con mayúsculas, la hemos observado en muchos órdenes de la vida, pero al parecer no la queremos entender: saber que el fin no justifica los medios. Recordemos a políticos de la historia reciente de nuestro país que llegaron al poder con evidencias de haber hecho trampa como los Patriotas, por más éxitos que acumularon en el camino terminaron por acabar en el exilio, el rechazo social y la pérdida de lo ganado. La historia tenderá a repetirse mientras no se aprenda esa gran lección.

Lo bueno, para los que todavía tenemos fe, es que al parecer siempre hay una fuerza superior, llámese Dios, Universo, Verbo, o cómo se quiera, que al final parece poner todo y a todos en el lugar que nos corresponde, de acuerdo a nuestros verdaderos méritos.

Primeros y diez en: eazuri@yahoo.com.mx