El post anterior amerita una reflexión más extensa. Por hoy intentaré ser breve: ese escrito ha sido una pista; como descubrir que la pieza del rompecabezas que tenemos en las manos tiene un ligero destello de claridad en uno de sus bordes, casi imperceptible, pero suficiente para darnos el trazo que se necesita y encontrar otros fragmentos. Lo que se creía un monstruo de la infancia se desdibuja, mientras cada fragmento va cayendo en su lugar. De pronto, la región más obscura comienza a perder su impresión de vacío insondable, mientras el indicio de algo con dimensiones más humanas comienza a insinuarse frente a los ojos.

