Por Alti
Dentro de pocos meses cumplo 77 años de edad y aun cuando en la rama maternal todos rebasaron los 80 y algunos hasta los 90 años, esto no quiere decir que yo vaya a correr la misma suerte. Y no es cuestión de morbo, más bien creo que es una manera de irse convenciendo de lo inevitable. Después de todo, el deseo de una muerte pacífica debe ser universal.
Me ha llamado la atención las maneras tan distintas en que otras personas tratan el tema, desde Thanatopsis de William Cullen Bryant (1794-1878), hasta la plegaria del joven soldado revolucionario, I Have a Rendezvous with Death de Alan Seeger ( "Tengo cita con la muerte/y fiel a mi palabra seré/a esa cita no fallaré" ) y pasando por lo tétrico de Edgar Allan Poe —Ulalume, Annabel Lee— podemos apreciar la diversidad de enfoques que los humanos damos a un mismo tema.
Aquí, en el estado de Sonora, tuvimos también un excelente poeta quien enfocó el tema desde distintos ángulos, uno de los cuales me gustaría compartir con ustedes.
MI VOLUNTAD
Por Saturnino Campoy
Queridos hijos: cuando yo sucumba,
no quiero que además de mi pobreza
tengáis como una herencia la tristeza
que os pudiera causar verme en la tumba;
Pensad que si el cuerpo se derrumba,
para el alma inmortal sin duda empieza
una vida mejor: Naturaleza
no debe ser la nada en ultratumba;
Si bajan pues a ella mis despojos,
no os deis a llorar, que aun hechos ceniza
enjugarán el llanto en vuestros ojos
con el céfiro tenue de la brisa;
mejor que aflore en vuestros labios rojos,
para decirme adiós, ¡una sonrisa!

