Flashback (3)

Tenía 15 años y ansiaba tener mi primera experiencia sexual. Un pariente de mi padre se ofreció a ayudarme en la nada fácil encomienda. Como buen cirujano soltero, amante de la fiesta y el trago, este carismático personaje de mi ciudad natal conocía con detalle algunos secretos entre el gremio. Había una enfermera, me dijo, rubia, de buen cuerpo, con la que había platicado y a la cual había convencido de mostrarme los secretos de Afrodita. Me platicó algunos detalles sobre los gustos de ella que sólo sirvieron para alimentar más mi imaginación y, por supuesto, los nervios.

—Vamos para que se conozcan, ya se pondrán de acuerdo—, me dijo.

Y así, una noche, me llevó hasta la puerta de su casa. En el porche no había ninguna luz encendida; la deficiente iluminación provenía de la calle; no era lo suficiente como para percibir detalles; ¿el color de sus ojos? nunca lo supe. Era blanca, rubia —o al menos eso parecía—, imposible distinguir si usaba algún tinte. Lo del cuerpazo... eso era discutible. Mis estereotipos estaban totalmente distorsionados por Playboy. La perfección de mis fantasías se vio confrontada por una realidad distinta, vestida de uniforme blanco, si, pero con algunos inesperados kilos de más.

Con la habilidad de un experimentado hombre de mundo, el pariente hizo que todo pareciera tan normal, y así nos presentamos para, al cabo de un par de minutos, despedirnos. Creo que en aquella breve conversación abrí más los ojos que la boca. Nunca atravesamos el umbral de su casa. La mesa quedó puesta y la degustación pospuesta para siempre.

Flashback (2)

Tenía 14 años y ansiaba tener mi primera experiencia sexual. Estaba recargado sobre el pequeño muro de una jardinera, paseando mi mirada entre la gente que se encontraba alrededor de la alberca, cuando mis ojos se toparon con una mujer que se encontraba recostada en un camastro. Mi fantasía comenzó a volar por las alturas mientras daba rienda suelta a mi imaginación, hasta que lo nervios se comenzaron a apoderar de mi tímido ser. Resultó que la chica, mayor que yo, estaba observándome y me hacía un gesto, invitándome a que me aproximara. Los titubeos y la inacción se apoderaron de mi. Después de un momento, ella tomó la iniciativa, se puso de pie y se dirigió hacia mi. Permanecí petrificado por unos instantes, sin saber qué hacer. Todo pareció suceder muy rápido. Al acercarse, me dijo que estaba en una de las casas ubicadas ahí cerca, en el campo de golf, que si gustaba acompañarla un rato. De manera torpe e infantil huí apresuradamente, después de balbucear algún pretexto estúpido.

La mujer ahí se quedó. Durante un par de días seguí recordando aquel momento, debatiéndome en medio de una mezcla de sentimientos encontrados. Me lamentaba no haber sabido cómo reaccionar cuando la vi aproximarse desde aquel camastro. Recuerdo que quedé atónito, sin poder ocultar mi desconcierto. Su caminar era, sin duda, consecuencia de una polio infantil.

Sin título

Untitled

Volpi nos envía este embarque; algo de su trabajo reciente. Una imagen, le comentaba en un intercambio de correos, con todo el sello BF.

"Me gusta cómo pintó la luz y el juego de líneas; da un efecto circular".