Breve apunte sobre la experiencia del cine (1)

Contadas son las ocasiones en las que he ido al cine aquí en Mazatlán. La experiencia no me resulta tan disfrutable como lo era en Guadalajara. Los cines aquí son decorosos, pero mi gusto en cuanto a la calidad del sonido va más allá de lo que aquí se oferta. Pero aunque pueda resignarme sin mucha dificultad a estos detalles técnicos, la realidad es que no soporto esa costumbre tan arraigada que tiene la gente de hablar en plena función. Esto no es exclusividad del puerto (hasta la fecha, Ernie sigue siendo referencia), pero la verdad es que este pésimo hábito se practica aquí muy por arriba de la media nacional.

Hace alrededor de dos meses tuve la oportunidad de conocer una cadena nueva de cines en la ciudad de Culiacán, capital de este estado. Me invitaron a ver El extraño caso de Benjamin Buttons. Para mi total sorpresa, estas salas superan en comodiad y calidad a las que dejé de ver hace tres años en Guadalajara. Total: no sé si fue por lo cansado que estaba de haber trabajado aquel día, o si la impecable calidad de la imagen y sonido de la sala me tenían embelesado, que me permití disfrutar la película sin prestar mucha atención a los comentarios cinematográficos del mentecato que estaba sentado a 3 lugares de mí, quien intermitentemente hacía observaciones de lo más inútil a su estoica novia.

No rezongé, no protesté, después de todo, la idea de hacerlo me pareció aún más estúpida, sabiendo que estaba en tierra ajena; en el mismísimo llamado "Cali mexicano", donde los hechos violentos que allí se han vivido alimentan un sin fin de historias y anécdotas. Mi intolerancia se vio equilibrada por un poco de sentido común y —como ya lo comenté—, la calidad de la sala, sumada a la deliciosa compañía de mis finos anfitriones, hicieron que aquel pequeño inconveniente fuera más llevadero.

"¿Por qué blogueo?"

Hace días, a través de Generación Y, di con un escrito de Andrew Sullivan que me encantó. Encontré un pequeño estímulo para tratar de escribir de nuevo. Para el que siga a estas alturas sin comprender lo que es una bitácora o blog, es la oportunidad de verlo desde la perspectiva amena de alguien muy experimentado. Para aquellos que hacemos este ejercicio de exponernos, hay experiencias que resultan muy familiares. Un escrito que vale la pena leer en su versión original, o en la versión traducida al español. Muy recomendable.