Elegía

Las olas acarician la arena con una quietud inusual; son mansas, pequeñas, discretas. Incluso su sonido es casi un susurro. El cielo está limpio. El sol brilla pleno.

Pienso en ti. Recuerdo tu voz.

La marea está baja; como si el océano entero estuviese retraído en paz, rindiendo un tributo en tu nombre.


Los notables

Los notables es un ejercicio personal. Intentaré, de vez en cuando, describir dentro de los límites de twitter (140 caracteres), instantes que han enriquecido mi vida, mi consciencia. Podrán algunos parecer triviales, pero he descubierto, conforme han trascendido el tiempo, que en su sencillez se esconde algo más. Estos son instantes ligados, siempre, con personajes que terminan siendo relevantes en la historia íntima. Ellos son notables por su aporte a la historia personal.

Aunque con Facebook todos nos hemos vuelto, de una u otra forma, "figuras públicas", la celebridad, aquí, es ruido de fondo, por lo que el crédito que otorga el apellido sale sobrando.

Nos seguimos en twitter.


San Juan

El público, compuesto mayormente por norteamericanos retirados y semiretirados, comenzó a ausentarse, después de escuchar tocar varios clásicos al cuarteto de Jazzuv, quienes ejecutaron las piezas de manera impecable, liderados por el experimentado y reconocido saxofonista chileno Raúl Gutiérrez.

Sin mayor dilación, se montaron sobre el escenario 4 músicos de los cuales no tenía referencia alguna, salvo que habían dicho ser de Guadalajara. Uno de los miembros de la banda tomó el micrófono y en un buen inglés comenzó a invitar a los güeros a que no abandonaran el patio del Museo de Arte en Mazatlán. Algunos prestaron atención; los más rutinarios siguieron su camino a casa, seguramente porque, como yo, no tenían la más remota idea de qué era lo que seguía.

Minutos después, sin decir "agua va", comenzaron a tocar, una vez que habían terminado de hacer los ajustes necesarios a su equipo e instrumentos. De inmediato una gringa bastante curtidita comenzó a menear el esqueleto, al igual que varios de sus compatriotas. La conexión había sido instantánea. La música, y el sonido limpio de la trompeta, habían seducido rápidamente a la concurrencia que, afortunadamente, seguía aún presente. Raúl Gutiérrez pasó frente a mi con una bebida en la mano, mientras le hacía una seña de aprobación a Alonso Blanco, el pianista, si mal no recuerdo. Esa banda sobre el escenario era, sin duda, muy buena. Mi mujer me dijo, a los segundos de haber comenzado la música, "oye, qué padre tocan".

Me busqué un lugar al frente. Tomé mi camarita y tomé unas instantáneas. Un señor mayor, sentado a mi lado, permanecía con los brazos cruzados escuchando la música. De repente volteó y me preguntó "¿cómo se llama este grupo? Son muy buenos". No tengo idea, le contesté. Busqué en la batería alguna referencia y lo único que ahí decía era "Vic Firth". Épale!, pensé, ese, definitivamente, no era el nombre de la banda. En eso estábamos cuando el carismático líder del cuarteto nos hizo el gran favor: "Somos San Juan Project". Al final no pude resistir y me acerqué a felicitarlos. Habían cerrado con broche de oro el evento de inauguración del segundo "Festival de Jazz Chilo Morán". Ya en corto pude comprobar que el carisma que mostraban en escena era congruente con la personalidad debajo de ese mismo escenario.



Una hora después, acudí al Modular Café Bar, en la zona del Centro Histórico. Mi amiga pintora, Elina Chauvet, festejaba su cumpleaños. Una música fusión, con fuertes tintes de Acid Jazz inundaba el cachondo espacio. Le pregunté a Rita qué era lo que estábamos escuchando, fue a la cabina y regresó con la funda de un CD autografiado. "Es el disco de San Juan Project. Esta muy padre, ¿verdad?". No puede más que lamentarme la pésima cobranza de esta semana. La agrupación estará tocando durante 3 días aquí en el Puerto. Se van a mezclar con la ciudad, en lugares conocidos, donde se les puede escuchar muy en corto (St. Martins, La Mona). Ojalá los mazatlecos logren descubrir a San Juan y a las demás agrupaciones de jazzistas que, durante cuatro días, inundarán la atmósfera del Puerto con las ondas sonoras de la música sincopada.

Escucha a San Juan Project en Myspace:
http://www.myspace.com/thesanjuanproject

Síguelos en Facebook:
San Juan Project

El closet del M66 (2)

Esta es la segunda entrega desde el closet del M66. En esta ocasión un correo breve de Alessandro es el pretexto perfecto para este podcast; una carta donde hace algunas reflexiones, a raíz del triunfo del PVV en Holanda, y recuerda el éxito y las consecuencias absurdas de la canción "Pata pata", de Miriam Makeba. La felicidad produce miedo en muchos, aún.

Ciao, Volpi !

(Pícale Play)








El closet del M66 (1)

Tratando de romper el silencio en el Muelle me valgo del audio y de una vieja canción para charlar un par de minutos. Pícale "play".
Gracias a Sergio, como siempre, por hacer posible el audio en el M66.











Overkill
(Men at Work)

I can't get to sleep
I think about the implications
Of diving in too deep
And possibly the complications

Especially at night
I worry over situations
I know will be alright
Perhaps its just my imagination

Day after day it reappears
Night after night my heartbeat, shows the fear
Ghosts appear and fade away

Alone between the sheets
Only brings exasperation
It's time to walk the streets
Smell the desperation

At least there's pretty lights
And though there's little variation
It nullifies the night
From overkill

Day after day it reappears
Night after night my heartbeat, shows the fear
Ghosts appear and fade away
(Come back another day)

I can't get to sleep
I think about the implications
Of diving in too deep
And possibly the complications

Especially at night
I worry over situations
I know will be alright
It's just overkill

Day after day it reappears
Night after night my heartbeat, shows the fear
Ghosts appear and fade away

La temporada imperfecta

A mis cómplices en esta afición:
Mariarosa, Pepe, Eduardo y Deivit.


Si estás leyendo esto y el futbol americano no es, en lo absoluto, de tu agrado, quizá sea un buen momento para abandonar el muelle, por esta ocasión. Me propongo en este post comentar algo sobre esta temporada y, lo que es peor, todo es especulativo. Advertidos están.

Este fin de semana quedarán definidos los dos equipos que habrán de pasar al superbowl. De los cuatro equipos que quedan, los Jets son el único que, en apariencia, no tiene los números para ser considerado gran favorito. Pero, dejando de lados el número de victorias y derrotas en la temporada regular, hay un ingrediente que despierta todo mi interés en el enfrentamiento entre Colts y Jets. Los Jets están en los playoffs porque en la semana 15 los Colts decidieron sentar en la banca a sus jugadores titulares, argumentando la pavada de que los estaban “cuidando” para los playoffs (algo que nos decepcionó por completo a muchos de los que seguimos de cerca al equipo de Payton Manning). No se puede encarar este deporte con esa mentalidad. Un jugador se puede lesionar en cualquier partido. —El único superbowl que los Colts han ganado, lo ganaron en la temporada donde los titulares jugaron todos sus partidos—. No hay un argumento deportivo que valga para justificar lo que hicieron. Los argumentos sólo parecen tener sentido cuando se entra en el terreno de la especulación sobre los salarios millonarios y lo que implica que un jugador con ese sueldo pueda salir lastimado. La realidad es que tenían en sus manos la posibilidad de eliminar a la mejor defensiva de la liga y ellos estaban pensando en estar “descansados” para… bueno, para encarar de nuevo a la mejor defensiva de la liga, pero bajo una mayor presión.

Qué ironía: para poder llegar al famoso “superdomingo”, los Colts tienen que vencer al equipo que calificó gracias al regalo de navidad que ellos mismos les dieron, cuando renunciaron a la posibilidad de intentar la temporada perfecta.

Sería de una ironía celestial que los Jets les propinaran una derrota este fin de semana, aunque las probabilidades no sean muy altas, en realidad. Sin embargo, el simple hecho de ver el partido, sabiendo que existe esta posibilidad, le da una dimensión distinta. Imagínense que el haber despreciado la hazaña histórica, que tenían prácticamente en sus manos, no les valga para nada. Sería vergonzoso, realmente… pero eso sí, la lección sobre los riesgos de tomar decisiones timoratas tendría, quizá, casi las mismas proporciones históricas de una temporada perfecta.

Si tienes a uno de los mejores equipos de la historia bajo tu mando, pónlo a jugar, porque, ahora ya lo sabemos, todos los partidos son importantes.

Suerte, Colts.

El ruido de los tangones

Nunca supe, quizá porque nunca pregunté, cómo se llamaban esos tubos que se yerguen como un par de mástiles metálicos, en los barcos camaroneros, justo detrás de la cabina, uno a cada lado de la embarcación. Tarde vine a saber, gracias a una búsqueda en google, que se les conoce como “tangones”.

Recuerdo que, cuando la veda estaba impuesta, se anclaban frente a la casa de mis padres un pequeño grupo de estos barcos, uno al lado del otro, amarrados entre sí. Unos largos cabos se tendían hasta la orilla, amarrados a tierra, debajo del malecón. De estos cabos se valían los pescadores para trasladarse del barco a tierra y viceversa; se subían a una panga y tomados del cabo se desplazaban sobre el agua.

La inminencia de una tormenta se podía intuir cuando, desde mi recámara, escuchaba el choque de los tangones, mientras el mar comenzaba a encresparse y hacía que los barcos se mecieran fuera de ritmo, a merced del viento.

En una ocasión, entrada la noche, un ciclón estuvo a punto de romper el escudo montañoso que protege la cerrada bahía. Las ráfagas de viento y el oleaje eran tan fuertes que los pescadores se vieron obligados a encender los motores de las embarcaciones y evitar así encallar frente a nuestra casa.

Todo esto lo presenciábamos en plena obscuridad, sin energía eléctrica, frente a un ventanal enorme que hay en la casa. Mi padre permanecía sereno, atento a la dirección del viento, sentado en un sillón, con una linterna en una de sus manos. En algún momento, el cansancio fue mayor que mi temor y me fui a dormir, confiado en que mi padre velaba armas.

Por la mañana, el ruido de los tangones había desaparecido por completo. Los barcos camaroneros flotaban quietos sobre la bahía, como si nada hubiera pasado.