Delirio (3)

Regálame unas palabras antes de que el año se evapore y tu recuerdo se condense en la historia que, inexorablemente, mañana será.

Delirio (2)

Las olas y el deseo no cesan; se suceden
en la misma variación, frecuencia e intensidad.

No logro decidir con claridad:
distanciarme o aprender a nadar.


Vivir sin los encabezados (2)



Hace un par de semanas me aventuré a suscribirme por un año a un periódico de la localidad. Muchos eventos culturales me han pasado de noche y, por otra parte, a raíz del problema de desabasto de agua que estuvimos sufriendo durante muchos meses, pensé que debería estar mejor informado a través del periódico impreso, al menos de lo que sucede aquí.

A poco tiempo de tener la suscripción, he podido constatar dos cosas: primero, el periódico ha modificado el tratamiento que le da a las noticias (cosa que agradezco), los encabezados no son de nota roja todos los días. Por otra parte, para mi decepción total, he descubierto que termino leyendo el periódico a las 11:00 pm. Pero lo que me hace cuestionar mi decisión de haber pagado la suscripción anual no es sólo que termino leyendo el periódico a altas horas de la noche, sino, lo que es peor, la mayoría de las veces el periódico se queda sin lector. De los ejemplares semanales debo estar leyendo dos o tres, cuando mucho. Algunos se quedan, incluso, con la liga puesta. De las secciones del periódico, son dos las que leo principalmente. Ni siquiera la sección deportiva ojeo. En algún momento perdí el hábito. O ¿será que los contenidos no me resultan atractivos? ¿Será que el café de la mañana y el internet guardan ya una relación más estrecha en los rituales de lo cotidiano? Lo que es un hecho es que, ni el periódico impreso, ni la televisión, son mis principales proveedores de información desde hace muchos años ya.

Me quedan algo así como 10 meses para ver si algo en mi relación con el peródico se modifica, pero no parece haber señales de que vaya a ser así.


Vivir sin los encabezados (1)

Mi cálculo es aproximado, pues, en realidad, no recuerdo cuándo fue la fecha exacta. Simplemente se fue formando la costumbre y luego el hábito. Ver los noticieros es algo que no hago desde hace 8 o 9 años. A mi madre le resulta algo inaudito. Lo mío, trato de explicarle, no es algo radical. Yo puedo encender el televisor y buscar algún canal de noticias cuando se despierta en mi el interés por conocer cierta información de algún evento específico. Sin embargo, si nos apegamos a la estricta realidad,  esto llega a suceder un par de veces al año. No más.

Por ejemplo, cuando el Tsunami golpeó las costas de Japón, me enteré casi en tiempo real vía twitter, por algunos mexicanos que viven allá y algunos tuiteros extranjeros. Dejé en ese momento la laptop y me fui a encender el televisor. Recuerdo que me quedé un buen rato contemplando las imágenes, totalmente sorprendido, intentando dimensionar la magnitud de lo que estaba viendo.

La creencia de que si no se ven las noticias a través de los medios televisivos  no se está bien informado resulta anacrónica; una percepción del siglo pasado. Los medios de hoy permiten estar bien informado sobre lo que a uno le interesa y tener conocimiento de los eventos más relevantes de cada día, sin recurrir a noticias que son presentadas con fondos músicales o matices dramáticos. La decisión de qué información es relevante recae en uno mismo y no en los editores, que se ven movidos por intereses distintos (y en ocasiones cuestionables).

Finalmente, quisiera anotar, antes de cerrar este breve comentario, que, desde que llegué a la conclusión de que la TV no es para mi la mejor manera de estar bien informado, mi percepción de lo que sucede es más clara y con una menor carga emotiva. La perspectiva es distinta.

Perdón por el ejemplo, pero esto es algo parecido a limitar el consumo de harinas y azúcares refinados: es algo muy dificil de lograr (al menos para mi), pero una vez que se alcanza cierto punto, se comienza a recuperar la habilidad de percibir ciertos sabores de una manera distinta, y lo que antes pensábamos era imprescindible todos los días, de pronto ya no lo es.

Delirio (1)

Detener el tiempo justo en el instante que pasas frente a mi.
Acercarme. Ver tus ojos. Tu rostro. Tus labios.

Detener el tiempo; una ilusión momentánea,
antes de que tu figura se pierda entre la multitud.

Rafting

Indiscreción. Pláticas donde todo se desborda río abajo. El rafting del chisme (es deporte y recreación). Corre turbulento. Va en descenso. Río de alcohol.

El trabajo es en equipo. Todos se divierten. En verdad, los entretiene la exuberante naturaleza humana y su inherente imperfección.

Aparecidos

Aquí, a la gente le gusta el drama y el misterio más de lo normal. Las exageraciones de tintes trágicos parecen excitarles de extraña manera. Podríamos decir que es algo muy mexicano, pero en Mazatlán hay que agregarle dos cucharadas más de teatralidad a la mezcla.

Daniel y Salomón me contaban hace unos días lo sucedido con una chica, conocida de ellos. Las últimas ocasiones que la habían visto lucía una apariencia demacrada, hasta que un buen día, sin más, desapareció. Fue entonces que la noticia pasó de voz en voz y así se enteraron de que había muerto.

Estaba muerta. Bueno, eso decían todos, hasta que un buen día Salomón advirtió su presencia en Olas Altas, mientras ella caminaba como si nada. De hecho, se le veía un mejor semblante, más repuestita. No podían dar crédito a lo que veían, según me platicaron. "¿Qué? ¿Qué no es esa...? ¿Qué no estaba...?"

Daniel me explicó su teoría: su aspecto anterior a la "desaparición" debe de haber sido consecuencia de su adicción a las drogas. "Es probable que se haya ido a rehabilitar, pero la gente aquí ya la daba por muerta", me dijo en ese estilo despreocupado que le caracteriza. Quedé admirado al escuchar esta historia de viva voz y de fuentes tan fidedignas. No pude evitar preguntarme quién sería la primera persona que tuvo el valor y descaro de decir "ah, si, se murió". Sé que no debería de sorprenderme a estas alturas, pues, así son muchas de las historias de muertos y aparecidos que se cuentan en el puerto.

Podría agregar, por ejemplo, el misterioso caso de "el hombre del puro" quien se materializa tras bastidores en el Teatro Angela Peralta, dejando siempre como prueba de su existencia el inconfundible aroma de su habanero; la leyenda de "la niña de El Pacífico", que aparece caminando en la pérgola del viejo colegio. Y qué decir de mi amiga a la que le duele la cabeza cuando hay «malas vibras» en un lugar. "¿No sabes si alguien murió aquí? Me duele la cabeza", me dijo un día que pasamos a visitar a unas amistades. Yo permanecí en silencio, perplejo después de su comentario.

Son las historias mazatlecas con tintes de "realidad mágica" (o trágica) que se cuentan con una vehemencia y convicción que cautivan a cualquiera; leyendas que forman parte ya del imaginario colectivo de un puerto que termina por resultar seductor.




El muelle es el lugar correcto

Me tomó un largo tiempo, pero he vuelto. El Muelle es mi lugar en la red. Este es el lugar indicado para escribir mis pensamientos. El Muelle es el lugar donde puedo decir las cosas absurdas que vienen a mi mente, sin irrumpir en el timeline de nadie, sin tener que encapsular en poquísimas palabras las ideas que vienen a mi cabeza de forma espontánea. El blog es el cuaderno de bitácora, el lugar correcto para plasmar esas anécdotas, borradores, anotaciones o esos pensamientos que muchas veces parecen crípticos en Twitter o FB, pero que en realidad tienen un destinatario específico.

Pero, también, aquí no hay distractores. Cuando estás en este espacio somos tú y yo los que interactuamos. Aquí intento reencontrarme, recuperarme, serenarme, reenfocarme y, lo más importante, recuperar la capacidad de conversar. No es esta una retórica poética ni nada por el estilo. Es una realidad. La bitácora es, entre otras cosas, un ejercicio de materialización del pensamiento; un archivero donde se acomodan ideas, recuerdos, o como en mi caso, alguna que otra fantasía. Es un ejercicio que creo todos deberíamos de practicar.

Finalmente, este es el lugar que mejor me sienta. Ha pasado mucho tiempo. Al entrar aquí, sin límite de palabras, me vuelvo a sentir como en casa. Y esta afirmación no es una queja o declaración de guerra contra las redes sociales. No. Cada medio tiene su valor. Simplemente, Twitter y Facebook habían usurpado el valioso ejercicio que representa el Muelle.

Cada quien tiene su lugar. El del muelle ha quedado reinstaurado.

LA DEL ESTRIBO

Gracias Ross por tus creativas, lúdicas e inspiradoras formas de invitarme a escribir. Gracias Betty Vázquez por tus insistentes recordatorios. Gracias Miranda Hooker por aquella carta llena de luz y honestidad que me hizo verme en el espejo. A mi cómplice, Mister, por su paciencia y por insistir en reencontrarme con esta práctica. Y a Ana Torrero, porque hace un año, cuando envié un correo sobre mi tía Amina, que en paz descanse, ella me respondió con una sinceridad sorprendente «No dejes de escribir, Jorge». Me sorprendió mucho su comentario, porque no soy escritor. Yo sólo escribo —como lo describió en alguna ocasión Durgan—, unas postales.

Knowledge Is Not Wisdom

"In our search for knowledge, in our acquisitive desires, we are losing love, we are blunting the feeling for beauty, the sensitivity to cruelty; we are becoming more and more specialized and less and less integrated. Wisdom cannot be replaced by knowledge, and no amount of explanation, no accumulation of facts, will free man from suffering. Knowledge is necessary, science has its place; but if the mind and heart are suffocated by knowledge, and if the cause of suffering is explained away, life becomes vain and meaningless.Information, the knowledge of facts, though ever increasing, is by its very nature limited. Wisdom is infinite, it includes knowledge and the way of action; but we take hold of a branch and think it is the whole tree. Through the knowledge of the part, we can never realize the joy of the whole. Intellect can never lead to the whole, for it is only a segment, a part.We have separated intellect from feeling, and have developed intellect at the expense of feeling. We are like a three-legged object with one leg much longer than the others, and we have no balance. We are trained to be intellectual; our education cultivates the intellect to be sharp, cunning, acquisitive, and so it plays the most important role in our life. Intelligence is much greater than intellect, for it is the integration of reason and love; but there can be intelligence only when there is self-knowledge, the deep understanding of the total process of oneself."

J. Krishnamurti,  
The Book of Life

Charla con la pintora Elina Chauvet

Elina Chauvet necesita colectar 400 zapatos rojos. Una charla de 14 minutos para conocer el proyecto que será expuesto en Cd. Juarez. Colaborar en un proyecto que trata de llamar la atención sobre la violencia de género es tan sencillo como donar unos zapatos rojos.

Paz.

Zapatos Rojos by muelle66

14° C al mediodía

Bullicio. En la plaza, en el mero corazón del puerto, la gente camina a plena luz del sol con atuendos poco frecuentes: chamarras, bufandas, suéters. Incluso los snowbirds, como se le conoce a los canadienses y norteamericanos que pasan sus inviernos aquí, se les ve portando chamarras o sudaderas.

La explanada está llena de palomas que no se inmutan mientras uno camina a su lado. Una chica corre y le quita el sombrero a un tipo y le dice algo en son de broma. En todas las bancas hay alguien sentado buscando que los rayos del sol suban la temperatura corporal. Al cruzar una calle, quedamos bajo la sombra y Mariarosa me dice "ven, vámonos por el sol" —una frase inimaginable cuando se camina por el centro en primavera o verano—.

Todo mazatleco parece estar en la calle. Nos topamos en el camino con varios conocidos. Una señora a la que apreciamos mucho nos confiesa que viene de la playa ¿De la playa? preguntamos Mariarosa y yo sorprendidos "Si, nos reunimos a orar desde las 8:30 am". Más adelante, Feliciano nos aborda y nos saludamos con mutuo aprecio. Su chamarra de mezclilla trae un grueso forro haciendo que el abrazo suene como si estuviéramos mulliendo una almohada con la palma de la mano. Elina también se cruza en nuestro camino. Todo mundo parece estar contento. Se puede caminar por todo el centro sin terminar de entrar en calor.

El sol brilla en todo su esplendor. La gente, no sé si por ser viernes, está en las calles. El clima es de excepción. Pareciera que los mazatlecos están determinados a disfrutarlo y atesorar estos instantes, para recordarlos el próximo verano, cuando resulte una delicia rememorarlos.