Pasajeros

En la fría estación de autobuses permanezco de pie junto a mis dos maletas y una caja. Son casi las 6:00 a.m. y el sol no se muestra aún, aunque poco a poco el cielo clarea. Observo el ir y venir de las personas en el andén. Todos parecen saber a dónde se dirigen. Yo, mientras, me quito el reloj y ajusto el tiempo de acuerdo al uso horario. En las bancas, algunas personas permanecen sentadas en silencio, otras charlan; unas por aquí, otras por allá, esperando partir y quitar la pausa a sus crónicas. Una chica de semblante despreocupado permanece sentada junto a su maleta. La observo y me pregunto cuál será su destino o su historia. Nuestras miradas se cruzan por un momento. Trato de ser discreto y sigo pajareando. De vez en cuando me detengo a observarla de nuevo. De pronto, el Negro llega por mí. Nos damos un abrazo. Nos encaminamos hacia el estacionamiento. Antes de cruzar la puerta de salida, volteamos a ver a la mujer que le he comentado. Los dos la observamos por un breve instante, antes de decirle a mi Negro: personas hermosas que nunca más volveremos a ver en nuestras vidas.